La Universidad de Valladolid, la pública, prepara docentes para obtener el certificado que habilita para dar las clases de religión

QUIEN FORMA A LOS ADOCTRINADORES DEL SISTEMA EDUCATIVO PÚBLICO

La Universidadde Valladolid, la pública, prepara docentes para la DECA

 La DECA(Declaración Eclesiástica de Competencia Académica),que otorga la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, es el primer requisito indispensable para ser profesores de religión católica en cualquiera de los niveles educativos no universitarios. También la utilizan de forma generalizada los Centros Religiosos Concertados como filtro para la contratación de todo su profesorado.

 Para el ejercicio efectivo de la docencia de religión católica en los Centros Públicos de Infantil y Primaria -lo que la iglesia denomina Enseñanza Religiosa Escolar (ERE)- son necesarias, además,  la DEI (Declaración Eclesiástica de Idoneidad) otorgada por el Obispo de la Diócesis donde se pretenda impartir clase, y la Propuestadel Obispo a la Administración Educativa de la persona que considere con competencia e idoneidad.

   La Facultad de Educación de la Universidadde Valladolid oferta la formación necesariapara la obtención de la DECA, dos asignaturas (El Mensaje Cristiano, en Educación Infantil, y Religión Cultura y Valores en Educación Primaria) como optativas de los Planes de Estudios de los maestros y maestras, y otras dos (Iglesia, Sacramentos y Moral, y Pedagogía y Didáctica de la Religión en la Escuela), fuera del Plan de estudios, a través del Centro Buendía, una extensión de la Uva dedicada a la “difusión de la cultura en todas sus manifestaciones, a la formación continua, y a la extensión universitaria”.

 Digamos que la Universidad Pública se encarga de la formación académica (DECA), y después el obispo de turno, basándose en consideraciones de carácter religioso y moral como la “pertenencia activa a la comunidad eclesial, el conocimiento de la recta doctrina y el testimonio de vida cristiana”, confirma con la “misión canónica” y propone como profesor o profesora de un determinado centro a la persona que considere oportuno. Otro ejemplo, y hay muchos, del increíble –e inadmisible- nivel de subordinación existente en  las instituciones públicas respecto a lo religioso. Un obstáculo más en el camino hacia una escuela laica.

 Tal como recoge el Manifiesto por una Universidad Pública y Laica, que promueve el Observatorio del Laicismo, está claro que para que esta institución –la Universidad- responda plenamente a su carácter público, “necesita un importante impulso laicista que la desvincule de lastres derivados del pasado nacionalcatólico y de nuevos peligros asociados a otras formas de confesionalismo”. En ese sentido debería cerrar los espacios de culto (capillas) y dejar de promover la celebración de misas –este año el curso académico universitario en Castilla y León se inauguró con una en la Catedral de Palencia-, procesiones o funerales confesionales, retirar los símbolos religiososde los espacios públicos, revisar la relación de patronos de Facultades y Escuelas, vinculados en la actualidad a la tradición católica,…

 Y, deninguna manera, puede amparar estudios que alientan a un tipo particular deconvicciones personales, ni ser el primer cómplice de un proceso presidido por laarbitrariedad, claramentediscriminatorio en términos laborales para el alumnado descarriado -que lo tiene crudo para ser contratado por la patronal confesional que monopoliza la educación privada en España-, y un agravio comparativo para el profesorado interino, que –mientras los catequistas se aseguran de forma directa un trabajo estable- se ve obligado a superar cada dos años un proceso selectivo para poder trabajar en precario bajo la amenaza continua del desempleo. Una institución pública no puede ser cómplice de una aberración semejante.

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