La Universidad Complutense homenajea a la próxima beata Guadalupe Ortiz de Landázuri

La Facultad de Químicas de la Universidad Complutense de Madrid(UCM) rindió el miércoles homenaje a la química madrileña Guadalupe Ortiz de Landázuri, que será beatificada el próximo 18 de mayo en Madrid.

La radicalidad de su respuesta a la vocación, su compromiso universitario, la conciliación entre trabajo y familia, la ilusión profesional, el compromiso con la verdad y la dedicación a los demás todo lo que tenía, fueron las notas de la química nacida en Malasaña, según los participantes en el homenaje.

Participaron el decano de la Facultad de Químicas de la UCM, Francisco Ortega, el vicedecano de Ordenación Académica y Posgrado, Luis Sánchez, el capellán, José María Sierra, el vicepostulador de la causa de beatificación, José Carlos Martín de la Hoz, y la periodista Cristina Abad, autora del libro “La libertad de amar”, sobre la vida de Ortiz de Landázuri.

Francisco Ortega recordó que Guadalupe subirá a los altares tras pasar por las aulas de la Complutense. “Es una noticia de una colega, es muy importante para la Facultad y para todas las personas que son creyentes”, consideró el vicedecano Luis Sánchez, que destacó “la ilusión de Guadalupe por la docencia universitaria”.

En homenaje a su ilustre antigua alumna, la Facultad abrió una exposición sobre su vida, que incluye documentación académica y varios trabajos de investigación, entre los que destaca su tesis doctoral, con la que obtuvo una patente y un premio Juan de la Cierva.

Ortiz de Landázuri se matriculó en Químicas en 1933, cuando sólo un 8,8% de los estudiantes universitarios eran mujeres, y comenzó los estudios de Doctorado en el curso 1947/48, cuando las mujeres que accedían al tercer ciclo no llegaban al 13%.

Cristina Abad señaló que “Guadalupe se encuentra entre los santos de la puerta de al lado”, en expresión del Papa Francisco, “con virtudes, fallos y esfuerzo que son un estímulo, porque no es una persona inalcanzable”.

En 1944 Guadalupe Ortiz de Landázuri se incorporó al Opus Dei, y a partir de ese año compatibilizó su profesión con las tareas que el fundador de la institución le encomendó, entre ellas comenzar en México el trabajo evangelizador. Regresó a Madrid a finales de los años 50 por problemas de salud, y se dedicó de nuevo a la enseñanza de la química en centros como el instituto Ramiro de Maeztu o la Escuela de Maestría Industrial, a la vez que concluía su tesis doctoral.

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