La travesía por el desierto de la Iglesia Católica en Turquía

Donde estuvo el Edén ahora hay purgatorio, el feudo de varios de los apóstoles ha devenido en erial. Tarso, la ciudad natal de San Pablo tiene hoy 350.000 habitantes pero la presencia cristiana se reduce a tres religiosas italianas encargadas de acoger a los peregrinos que llegan a una iglesia que ya no es iglesia sino museo.

Turquía fue cuna de las primeras comunidades cristianas y según la tradición San Juan y a la Virgen María pisaron estas tierras, que apenas hace cien años acogían a varios millones de creyentes. En la actualidad, sin embargo, la Iglesia Católica latina cuenta con sólo 25.000 fieles en Turquía, lo que representa el 0,03% de la población.

”Los católicos locales han ido emigrando poco a poco, ahora son africanos y filipinos los que van a nuestras iglesias”, reconoce Louis Pelâtre, Nuncio apostólico en Turquía, donde el número de bautizos no llega a los 500 por año y la presencia del clero se reduce a 64 sacerdotes y 95 religiosas, repartidos una Diócesis (Esmirna, 1.350 fieles) y dos Vicariatos (Estambul y Anatolia, con 15.000 y 4.500 fieles respectivamente).

Nuestro mayor problema es que no tenemos un status jurídico que reconozca nuestros derechos. Es un reconocimiento de facto pero no de juri, porque saben que estamos aquí y cuentan con nosotros. Yo diría que las relaciones son útiles pero insuficientes”, nos el Nuncio Católico latino, ya que en Turquía también existe la Iglesia Católica Armenia, con 3.650 fieles, la Caldea con 6.000 y la siriaca con 2.000.

Hace apenas un mes el Consejo de Europa volvió a recomendar a Turquía que otorgue personalidad jurídica a las Comunidades religiosas. ”Al no estar reconocidos no podemos registrar nuestras propiedades, ni siquiera tener una cuenta bancaria. Es algo así como ”os toleramos” pero no os damos derechos”, afirma el Nuncio apostólico en Estambul.

El Primer Ministro Erdogan suele felicitar las fiestas religiosas a la comunidad cristiana, la pasada navidad recordó que ”la nación turca ha sido uno de los mejores ejemplos de coexistencia pacífica durante siglos” y ratificó su intención de ”potenciar la Alianza de Civilizaciones en un mundo donde la violencia y el odio cada vez se extiende más”.

A lo largo de su gobierno, Erdogan ha levantado numerosas reestricciones a la libertad religiosa para satisfacer a la UE, sin embargo, pequeñas comunidades como los alevíes, católicos, judíos, protestanes y ortodoxos afrontan todavía múltiples barreras burocráticas que impiden en la práctica dicha libertad.

La realidad es que los Cristianos somos libres para predicar y organizarmos, aunque es cierto que tenemos que lidiar con problemas burocráticos para adquirir nuevas propiedades o recuperar las que teníamos. Pero a la Iglesia le cuesta llenar incluso las iglesias que ahora posee”, reconoce Thomas Michel, teólogo de la Georgetown University y Secretario para el diálogo interreligioso en Roma.

”Yo creo que las Iglesias recogidas en el Tratado de Lausanne (la Armenia y la Ortodoxa Griega) permanecerán como las únicas oficialmente reconocidas, pero no creo que nos influya mucho ya que tenemos las mismas libertades que las oficialmente reconocidas”, asegura Thomas Michel, para quien la situación ha mejorado desde la llegada del AKP al gobierno.

”Por ejemplo yo solicité un visado de trabajo normal y me lo concedieron, antes dependía de si estabas o no en la lista negra” y explica que ”las restricciones a las minorías religiosas datan de los gobiernos seculares kemalistas”.

Constitucionalmente Turquía es un país laico pero la mayoría de la población es musulmana; la fuerza del AKP es que han salido del pueblo. Es normal que el AKP quiera cambiar algunas leyes, ¿o es que vamos a estar siglos y siglos con Ataturk (fundador de la República)?”, sentencia el Nuncio apostólico, remarcando que ”actualmente nuestro problema no es el islamismo sino la laicidad”.

Teóricamente la UE no se basa en un criterio religioso, pero en la práctica vemos que la religión juega un rol importante”, valora el señor Pelâtre, para quien ”el diálogo es positivo, pero hay que saber para qué dialogamos. A pesar de que queremos entendernos son religiones muy diferentes y tenemos muchos siglos de oposición”. 

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