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La tentación

Parece como si los poderosos se estuvieran inmunizando entre ellos mientras rezan por el populacho

Este ‘vacunódromo’ de cargos públicos y alrededores en que se ha convertido España en este mes de enero nos ha dejado un episodio memorable. El obispo de Mallorca recibió como regalo de Reyes Magos la primera dosis de la vacuna. ¿Por qué? Porque se ama a sí mismo sobre todas las cosas. Se metió en la conga de inyectados de una residencia de sacerdotes jubilados a pesar de que ni vive ahí, ni es sanitario, ni trabaja allí. Solo por la genialidad de sus explicaciones se ha ganado la segunda dosis. Sebastià Taltavull, que aprovecha sus apariciones públicas para defender “la austeridad, la renuncia y el cumplimiento de las recomendaciones sanitarias”, se vio de pronto incluido en la relación de personas a vacunar. ¡Qué suerte! Ha explicado que vive cerca de la residencia, que tiene contacto con los sacerdotes, que fue “un acto de bondad hacia los demás” y que es de riesgo, porque cumple ahora 73 años. La misma edad que tantos otros, que se encuentran con el pequeño inconveniente de no haber llegado a obispos de Mallorca.

Lo que más me ha gustado, no obstante, es la parte en la que este humilde pecador dice que lo que le animó a apuntarse a la fiesta del pinchazo fue el hecho de que el papa Francisco está a favor de la vacuna. Aplausos. Taltavull ha pedido perdón, pero que no le envuelvan la inmunidad en papel de regalo, que se la lleva puesta. El obispo no ha sido el primero, y parece que no será el último, en caer en la tentación. Y eso que se supone que él está entrenado para no sucumbir ante cosas tan mundanas como mentir o saltarse una cola. En los últimos días, han aparecido otras dos concejalas, un centenar de funcionarios vacunados irregularmente en Granada u otras tantas personas en Pontevedra. Es como si los poderosos se estuvieran inmunizando entre ellos, mientras rezan por el populacho. Entre eso, y la denuncia de la Unión Europea de que algún laboratorio estaría revendiendo nuestras vacunas a un mejor postor, parece que estemos ante una invitación continua para que los ciudadanos cojan atajos y se busquen la vida. Y oye, tonto el último.

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