La superstición y el miedo: Los nuevos tetrafármacos

Las pseudociencias actuales pueden agruparse en cuatro bloques, relacionados con cuatro miedos: la muerte, la enfermedad, el destino y los dioses; que de alguna manera se corresponden con los cuatro miedos básicos que el filósofo Epicuro consideró que atenazaban al hombre y lo hacían infeliz.

Hoy día las nuevas pseudociencias todavía se aprovechan de esos miedos atávicos y de su pervivencia en nuestra cultura para obtener sus beneficios. Se trata de analizar primero por qué subsisten todavía dichos temores en nuestros días y, segundo, cómo se aprovechan las actuales falsas ciencias de ellos.

El antiguo tetrafármaco
Hace casi 2300 años el filósofo griego Epicuro (341-270 a.n.e.) consideró que cuatro eran los grandes temores básicos que constreñían al hombre: el miedo a la muerte, a la enfermedad, al destino y a los dioses. Y ya que su filosofía consistía en alcanzar la felicidad (ataraxia) logrando un estado de tranquilidad corporal (aponía, ausencia de dolor) y espiritual (librarse de las turbaciones y perturbaciones internas, esto es, de los miedos), nos ofreció cuatro maneras de contrarrestar esos supuestos temores básicos, conocidas desde entonces como las reglas del tetrafármaco (los cuatro remedios para el espíritu). Estas eran:

1) El miedo a la muerte: no hay que temer a la muerte porque cuando tú estás ella no está y, cuando ella está, ya no estás tú. Por lo tanto, es ridículo temerla ya que nunca os vais a encontrar.

2) El miedo a la enfermedad: Toda enfermedad puede ser leve o grave. Si es leve te curarás, entonces por qué preocuparte. Y si es grave te morirás, pero como no hay que temer a la muerte (1ª regla), entonces para qué preocuparse.

3) El miedo al destino: Mucha gente le tiene miedo al destino en la creencia de que todo nuestro recorrido vital está ya de alguna manera prefijado (este era el caso de los estoicos, una escuela helenística rival de la epicúrea). Pero el destino es algo que no es completamente independiente de nosotros, sino algo en lo que podemos influir sin quedarnos parados a esperar. Pero tampoco es completamente dependiente de nuestra influencia, pues siempre hay cosas que se nos escapan, que no podemos controlar del todo. Esto tampoco nos debe hacer estar continuamente angustiados sobre lo que podemos o debemos hacer para prefigurarlo.

4) El miedo a los dioses. Epicuro no niega la existencia de los dioses, pero los sitúa en los intermunda (esto es, en los espacios entre los diferentes mundos existentes en el universo). Ahí están y ahí viven eternamente sin ocuparse ni preocuparse de los hombres, razón por la cual de nada sirve adularlos ni agraviarlos.

Con estas sencillas reglas pretendía Epicuro alcanzar en él y en sus acólitos del Jardín (la escuela que fundó) el estado de tranquilidad que tanto ansiaba y que, a su juicio, era el objetivo principal del hombre y por ende de la filosofía.

Pero a pesar de estos simples remedios filosóficos, muchos de los cuales fueron seguidos —o al menos lo intentaron— por escuelas posteriores, la cuestión es que el común de los mortales seguimos, de una u otra manera, atrapados por los temores. Hoy día estos miedos básicos siguen tan presentes o más que entonces, pese al progreso científico racional. Pero los remedios actuales al miedo, más que de índole filosófica o moral, son de índole más espiritual y comercial; tales son los casos del espiritismo o poltergeist (muerte), de las medicinas alternativas (enfermedad), de la astrología o cartomancia (destino) y de la religión o ufología (dioses).

Trataremos del porqué de la pervivencia de estos miedos y de los nuevos tetrafármacos propuestos por las pseudociencias.

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Autor: Emilio Jorge González Nanciares
Profesor de Filosofía en Enseñanzas Medias

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