La «sharia» gana terreno en Pakistán

Los talibanes dejan su posición a 100 kilómetros de Islamabad a cambio de implantar la ley islámica en la zona – EE UU exige al país que actúe contra el integrismo

Los talibanes empezaron a retirarse ayer de Buner. Su silenciosa conquista de ese distrito paquistaní había puesto contra las cuerdas al Gobierno de Islamabad tanto por la presión de Estados Unidos como de su propia opinión pública. La sospecha de una nueva concesión a los extremistas hace temer que su repliegue no sea tanto un triunfo del creciente consenso nacional en su contra como de un compromiso político. Parece mucha casualidad que, justo cuando iniciaban su salida, las autoridades de la Provincia Fronteriza del Noroeste (NWFP por sus siglas inglesas) prometieran la aplicación "sin retraso" de la ley islámica en Buner.

"Están retirándose de Buner", anunció en Peshawar, la capital de la NWFP, Mian Iftikhar Husain, ministro de Información del Gobierno provincial. La noticia fue confirmada por el portavoz talibán, Muslim Khan, quien dijo que todos los combatientes se habrían retirado hoy. "Nuestro líder ha ordenado su salida inmediata de Buner", manifestó en referencia al maulana Fazlulá. Khan negó que la decisión fuera fruto de la presión del Gobierno o de un pacto.

Sin embargo, la orden se produjo después de que Fazlulá se reuniera con el representante del Gobierno en el distrito de Malakand, Mohamed Javed. El detalle resulta significativo porque Javed está encargado de supervisar la zona de aplicación del acuerdo alcanzado en febrero entre las autoridades y los talibanes para poner fin a dos años de enfrentamientos en el valle de Swat a cambio de instaurar la ley islámica (sharia). Varios analistas paquistaníes han acusado a Javed de connivencia con los talibanes y testigos citados por la prensa local aseguran que trató de convencer a los habitantes de Buner para que no se opusieran al avance de los extremistas.

Hace dos semanas, el presidente Asif Alí Zardari firmó la ley que introduce la sharia en Swat. Con su avance sobre Buner, los talibanes han querido recordar que el pacto cubre los seis distritos de lo que hasta el año 2000 fuera la división de Malakand (Chitral, Dir, Swat, Buner, Shangla y el actual Malakand), feudos que sólo se incorporaron en 1969 a lo que entonces era Pakistán Occidental. "Los talibanes nos han asegurado que van a dejar de patrullar en la región de Malakand", declaró Javed a la agencia France Presse. "También han prometido no volver a intervenir en los asuntos del Gobierno".

Los extremistas ya hicieron la misma promesa tras la promulgación de la ley islámica. Sin embargo, no sólo no han entregado las armas como establecía el acuerdo sino que han proclamado en alto su intención de extender la sharia a todo el país.

A pesar de las declaraciones de firmeza que ayer pronunciaron tanto el primer ministro, Yusef Raza Gilani, como del jefe del Ejército, el general Ashfaq Pervez Kayani, el Gobierno apenas ha desplegado unos centenares de fuerzas paramilitares en Buner. Además, grupos de talibanes han empezado a dejarse ver en varios distritos vecinos, según testimonios de sus habitantes. De ahí que las autoridades no hayan logrado acallar los temores de que no están haciendo lo suficiente para acabar con la amenaza extremista.

La creciente influencia talibán en el norte de Pakistán junto a la pérdida de control del Gobierno de Islamabad en la zona han hecho saltar todas las alarmas en Occidente sobre la estabilidad de la nación, la única de población musulmana en poder del arma atómica. Las autoridades paquistaníes deben tomar medidas para "neutralizar la amenaza" talibán, dijo ayer el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, en la base de Camp Lejeune (Carolina del Norte), donde acudió para despedir a un grupo de marines rumbo a Afganistán. Gates explicó que muchos dirigentes paquistaníes son conscientes de la amenaza talibán, pero añadió que con eso no era suficiente. "Deben actuar", insistió Gates.

"La estabilidad y duración del Gobierno democrático de Pakistán es fundamental para los esfuerzos de la coalición en Afganistán y también central para nuestro futuro entendimiento con el Gobierno de Islamabad", manifestó Gates. "Queremos apoyarlos. Queremos ayudarlos de la manera que podamos. Pero es importante que reconozcan las amenazas a las que se enfrentan", puntualizó el jefe de la Defensa.

La gravedad de la situación es de tal calado que, según fuentes de la Casa Blanca, el enviado especial para la región, Richard Holbrooke, manda varios informes varias veces al día detallando el desarrollo de los acontecimientos a la secretaria de Estado. En estos días, el Congreso se prepara para introducir una ley que aporte a Pakistán 7.500 millones de dólares (unos 5.600 millones de euros) en ayuda civil durante los próximos cinco años. Hay quien se pregunta si hay que dar más dinero a Pakistán, un país que ya ha recibido 11.000 millones de ayuda con fines militares desde 2001.

Desde Afganistán, el jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, almirante Mike Mullen, se declaró "extremadamente preocupado" por el hecho de que los talibanes estén cada día más cerca de Islamabad. "Estamos cerca del punto de inflexión" en el cual Pakistán podría ser tomado por los extremistas.

Ante las críticas de EE UU, el máximo diplomático paquistaní en Reino Unido ha reaccionado con dureza a la estrategia de Washington para Afganistán y Pakistán y ha defendido la bendición de su país hacia la imposición de la ley islámica en el noroeste del país. Wajid Shamsul Hasan sostiene que el plan del presidente Barack Obama para luchar contra la insurgencia afgana -que incluye al vecino Pakistán- es "la estrategia equivocada". "Pakistán es un país semidesarrollado y Afganistán no está desarrollado en absoluto. Nunca ha vivido bajo el dominio de la ley (…) No se puede asociar ambos países", dijo Hasan. Y añadió: "Nunca permitiríamos que territorio paquistaní cayera en manos de nadie".

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