La ‘sharía’ financiera se abre paso en Europa

Reino Unido, Alemania y Francia abren sus mercados a las entidades basadas en la ley islámica

El mapa financiero global ha desarrollado en los últimos años nuevos modelos poco conocidos para la gente de a pie, pero que irrumpen con fuerza en los mercados occidentales, sobre todo en Europa. Uno de esos negocios son los servicios y entidades para la comunidad musulmana regidos por la sharía (ley islámica), que crece con fuerza en la UE procedente de un nutrido número de países en conflicto. El primer ministro británico David Cameron lo vio claro en 2013 y apostó por convertir a Londres en el principal centro financiero occidental de las llamadas finanzas islámicas. La jugada permitió a la City atraer una liquidez crítica para su supervivencia, que había quedado mermada por la crisis en Europa.

Francia y Alemania también han comenzado a apretar el paso para hacerse con ese mercado. Los funcionarios de Berlín que trabajan a marchas forzadas tramitando solicitudes de asilo y ayudas sociales a los refugiados ya se saben de memoria los números identificativos de los bancos islámicos con sede en Oriente Próximo. También de los que se han trasladado a Europa para estar más cerca de sus clientes como el banco turco-kuwaití Kuveyt Türk, que obtuvo recientemente una licencia de la autoridad financiera alemana para abrir su primera oficina en Fráncfort. El banco tiene en la mira a los cinco millones de musulmanes que viven en Alemania.

El sistema financiero propiamente islámico moderno solo tiene 40 años escasos de vida. Todo se inició en 1975 con el Banco Comercial de Dubai. «Es parte de un ideal que se gestó en los países del Golfo y otros del este, como Malasia y Pakistán, en un momento de la Guerra Fría», explica Olivia Orozco, coordinadora de Formación, Economía y Negocios de Casa Árabe de Madrid. La lucha entre el capitalismo y el socialismo hizo que los países árabes buscaran un modelo intermedio que les permitiera una independencia plena. «Como ideología se teoriza antes. En los años 60 ya se habían desarrollado iniciativas similares previas en Malasia y Egipto pero a pequeña escala». El auge del petróleo en los 70 fue el momento clave para la inversión de capital en estas iniciativas halal (que siguen el rito islámico). Las finanzas islámicas buscan cumplir con la sharía que no solo rige el aspecto financiero sino todos los aspectos de la vida en general. Dentro de la sharía se considera inmoral pagar o recibir intereses. En cuatro decenios, el número de instituciones financieras islámicas ha pasado de 1 en 1975 a 300, en más de 75 países. El FMI calcula que sus activos totales en el mundo superan los 250.000 millones de dólares y que crecen a un 15%.

Aplicación testimonial

A pesar de que los países del golfo Pérsico practiquen una doctrina que destaca por su rigor en la aplicación de la ley islámica, su uso de la banca es casi testimonial. La excepción es Arabia Saudí, el único país en que se supera por poco el 50%, según datos de la auditora EY. Le sigue Kuwait (45%), Bahrein (29%), Qatar (25%), Emiratos Árabes y Malasia (ambos con el 21%). Estos porcentajes denotan que el dinero continúa siendo dinero y que la ética religiosa no siempre prevalece. Esto se debe, entre otros factores, a la orientación hacia una banca de inversión y grandes operaciones, más que a la banca comercial o minorista, y al reducido nivel de bancarización de estos países, con la excepción del Golfo, como resultado del escaso desarrollo de sus sistemas bancarios y su excesiva concentración en pocas instituciones financieras.

La influencia de las finanzas islámicas es mucho más escasa en el Magreb. En Marruecos, hasta 2014 no se abrió el primer banco islámico oficial, dentro del creciente interés que los inversores del Golfo están mostrando en el país. Pese a que ya se desarrollan movimientos financieros islámicos a pequeña escala, la influencia es nula. Según Najia Lofti, presidenta del Centro de Estudios e Investigación en Economía y Finanzas Islámicas con sede en Barcelona, «si no ha habido bancos islámicos en Marruecos no ha sido por la falta de interés de la gente, sino por la fuerte influencia dellobby que tiene la banca tradicional».

Aún así, «hay musulmanes que no ven mal trabajar con bancos convencionales y otros que incluso también desconfían de los bancos islámicos», sentencia Orozco. Según ella muchos países árabes, sobre todo en el Magreb, han prohibido el uso del término islámico para este tipo de finanzas y lo sustituyen por halal. «Esto se debe a la apropiación del término islámico, un ejemplo es que el Corán prohíbe la usura, pero la interpretación de la usura siempre es cuestionable».

Desde España la apuesta hacia la economía halal es otra. Los productos de alimentación o el turismo basados en la sharía—habitaciones de hotel orientadas a La Meca o menús sin rastro de cerdo— tienen mucho más tirón que los financieros, ya que Madrid aún no puede competir a esta escala con la City de Londres. «El Reino Unido ha jugado una baza importante con el capital del Golfo y va a ser difícil arrebatarle ese mercado», expone Orozco.

Por ahora, ni la comunidad musulmana de España ha pedido productos islámicos ni los grandes bancos han apostado por ofrecerlos. «Hay que tener en cuenta que la mayoría de musulmanes residentes en España son magrebíes y en el norte de África esta economía solo se ha desarrollado un 1%», argumenta Orozco. Otro obstáculo con el que se encuentra este negocio es el desconocimiento, tanto del propio concepto de banca islámica como de su funcionamiento. Sobre todo, confunde la ausencia de intereses. «Te hace pensar que se trata de un banco que te sale gratis», explica Orozco, «pero no significa que los bancos no cobren a cambio de unos servicios, ya que siguen siendo bancos y siguen teniendo ánimo de lucro».

No hay grandes iniciativas, pero sí se han desarrollado proyectos a pequeña escala. Es el caso de CoopHalal, una cooperativa que con sus propios recursos tiene como objetivo financiar operaciones con retorno social aplicando los principios de equidad, participación y propiedad. Por ahora no han financiado ninguna iniciativa, pero están trabajando en una licencia de taxi. Cuentan con el apoyo de diferentes municipios como el de Barcelona, Santa Coloma de Gramenet, Terrassa o Mataró.

A pesar de los obstáculos, los ejemplos de Reino Unido, Francia o Alemania apuntan a que también en España es previsible una mayor apertura hacia las finanzas islámicas. «El Banco de España está teniendo relaciones con el Islamic Service World y parece que se interesa por el tema. Aún así, falta una mayor apuesta por parte de los financieros y los políticos».

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