La servidumbre católica de la niña heredera

‘La novedad en el besamanos ha sido la presencia de las infantas… y la iniciación de la mayor en el angulamiento vertebral ante los faldones episcopales’

Con motivo de la apertura de las Cortes Generales de la XII Legislatura, los Reyes de España celebraron el consabido y rancio «besamanos». Decenas de representantes democráticos pasaron por él; con frecuencia, se inclinaban como buenos súbditos ante unos Reyes más tiesos que un garrote. Tiesos hasta que llegó él, el príncipe celestial, el arzobispo Renzo Fratini, nuncio apostólico del Vaticano en España. Entonces quien dobló el espinazo en una suerte de «besamanos inverso» fue el Rey, y lo mismo hizo la Reina, que se vea bien quiénes sirven a quiénes. ¿No es toda una muestra de burla a esa Constitución que proclama la aconfesionalidad del Estado, y de menosprecio a los representantes públicos que precedían y seguían al cardenal?, y, por tanto, ¿no es un agravio a todos los ciudadanos españoles? Se pregunta uno, en su inocencia, cómo es posible que los Reyes, ante las mucetas episcopales, sean incapaces de mantener un mínimo de dignidad democrática.

La coronilla de la Corona

Desgraciadamente, el agravio ya no nos sorprende, pues estos signos de servidumbre de la Corona a la Iglesia no son novedad. Tanto para este rey como para el anterior, es ya un tic doblar la cerviz en cuanto se les planta delante de obispo para arriba. (La abdicación de Juan Carlos I coincidió con que la castigada cadera ya no le permitía arquear el espinazo lo suficiente: ¿casualidad?). Por muy largo que sea el Rey, todos los obispos le ven la coronilla a la Corona, dejando claro que será muy alto, pero no tanto como «el Altísimo».

Y no olvidemos que, a pesar de quitar alguna misa, la primera visita internacional de Felipe VI fue para rendir pleitesía al papa en el Vaticano, y que modificó el escudo real dejando en todo lo alto no una pupa de su Atleti, sino con lo que le hicieron pupa a Jesucristo, y que no para de hacerse Hermano Mayor de más y más cofradías (¿la Reina será la «Cuñada Mayor»?), y que hace cada año hace tales votos al apóstol Santiago que este, abochornado, le da la espalda (he visto fotos).

Aquí una infanta, aquí una virgen

Todo esto ya lo sabemos. La novedad en el reciente besamanos ha sido la presencia de las hijas de los Reyes… y la iniciación de la mayor en el angulamiento vertebral ante los faldones episcopales. Esa imagen de la niña de once años (a la que llaman, espero que equivocadamente, «la heredera de la Corona») me ha provocado inmediata repugnancia y hasta compasión, pues muestra hasta qué punto está siendo adoctrinada, no solo en el catolicismo, sino al servicio de los intereses de la Monarquía, que por lo que se ve no coinciden con los de España. Probablemente la (y le) presenten pronto a la Virgen de Covadonga, poniendo a prueba su salud mental (la de la niña). En realidad, lo peor es que, no obstante sus chirriantes particularidades cortesanas, el suyo es solo un caso entre los millones de niños y niñas españoles que están siendo abusados mentalmente con ridículas leyendas de ultratumba incluso en la escuela. Concretamente, en las clases, permitidas y apoyadas por el Estado, de «Magia religiosa» (bueno, quizás la asignatura no se llame exactamente así).Sorprendentemente, la hija menor (de nueve años) de los Reyes no se inclinó ante el solideo púrpura. ¿Rebelión, lucidez precoz? Ay, me temo que es que no le insistieron lo suficiente, porque ella va detrás de su hermana en la línea sucesoria y pinta menos, pero ya lo arreglarán, para su desgracia y nuestra vergüenza ajena, la próxima vez.

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