La santa roba-niños

Según ha testificado ante el juzgado una madre, Sor María, le robó su hijo con la amenaza de denunciarla como pecadora (lo que entonces era condenarla a gravísimas penas), mientras que, como ha declarado también ante el juez el adoptante, la monja le entregó la creatura mintiéndole, diciendo que provenía de una mujer sin recursos.

                          Sor María dice ante la prensa que le repugna separar a un hijo de su madre, pero se niega a declarar ante el juez para aclarar lo sucedido.  La explicación de esta directa contradicción es tan sencilla como terrible. Porque le repugna, sí, excepto para castigar a una pecadora y  proporcionar a su hijo una educación cristiana. Sor María se considera sin duda una mártir, a la que un juez y una sociedad paganizada no pueden comprender, encerrándose en un desdeñoso silencio, apoyada como está por otros tan fanáticos como ella, que la veneran como una santa.
                         Hay gente buena y gente mala; pero hay formas religiosas que llevan a que gente que se cree buena llegue a perpetrar verdaderos crímenes, sacrificios humanos. Aquí hay una línea marcada en un libro sagrado que lleva, desde un Abraham que, creyéndose inspirado por Dios, estaba dispuesto a matar a su propio hijo, hasta los genocidios que el “pueblo elegido” ha realizado hasta el día de hoy cuando ha podido, incluida su vertiente cristiana, con sus cruzadas, al grito de “¡Dios lo quiere!”. En España, su fanatismo inhumano todavía mantiene enterrados en las cunetas a las víctimas de su odio, y a no pocos hijos, separados de sus madres.

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