La Religión no pasa de la ESO

La asignatura pierde 16.361 estudiantes en la transición de Primaria a Secundaria. El curso arranca con un descenso de 163 matriculados en Asturias, donde sólo la mitad del alumnado estudia dicha materia

La asignatura de Religión católica no acaba de superar su eterno examen: el paso de Primaria a Secundaria. Y, con los datos de matriculación prácticamente cerrados, el curso escolar arranca en Asturias con 163 estudiantes de la asignatura menos que el año pasado.
El dato confirma los temores de la curia asturiana sobre el alejamiento progresivo de la Iglesia de un importante sector de la sociedad, una desconexión que tiene su claro reflejo en las aulas de una región donde, el año pasado, sólo la mitad de los 141.843 alumnos del sistema educativo cursaban la materia.
La debacle se produce, invariablemente, en el paso de Primaria a Secundaria, donde los estudiantes pueden optar por la materia voluntaria y aconfesional 'Historia y Cultura de las Religiones' y donde las notas de las enseñanzas de Religión católica no computan en los procesos de selección académica a los que concurran los expedientes.
Es en ese momento cuando la asignatura pasa de 22.964 estudiantes a 6.603, según revelan los últimos datos de la Consejería de Educación y Universidades. Es decir: 16.361 estudiantes perdidos en la transición de un ciclo a otro.
Según reflejan esas mismas estadísticas, los estudiantes que eligieron la asignatura de Religión católica en Asturias suman durante el periodo 2011/2012 un total de 71.196, de los que 42.091 se encuentran matriculados en la red pública y el resto, más de la mitad, hasta 29.105, en la concertada. O lo que es lo mismo: representan el 45% de los 129.242 alumnos matriculados en las enseñanzas no universitarias a falta de completar los datos de la matriculación de FP.
Y mientras que esta cifra se mantiene más o menos estable en la red concertada por la obligatoriedad de la materia (el año pasado se matricularon en estos centros 29.118 alumnos frente a los 29.105 de este), el bajón se deja notar con fuerza en la pública, donde los 42.241 alumnos del curso 2010/2011 se convirtieron en los 42.091 actuales. O lo que es lo mismo: 150 menos en un año.
La mayor parte de ellos están matriculados en Infantil (11.356) y Primaria (22.964), de forma que el desplome se produce al llegar a Secundaria (con 6.603 estudiantes matriculados) y se acentúa en Bachillerato (con sólo 1.168 alumnos que optan por la materia este curso en toda Asturias).
La situación se agrava, por tanto, después de que el curso pasado volviese a arrojar una foto fija desalentadora para la Iglesia asturiana: en 2010-2011, los 71.359 alumnos que optaron por Religión representaron sólo la mitad de las aulas asturianas, con 141.843 estudiantes.
La situación no pillaba desprevenida a la curia, ya que las cifras correspondientes a 2009/2010 revelaron que 76.409 alumnos de centros públicos, concertados y privados (el 70% del total) eligieron la asignatura, lo que suponía dos puntos menos que la media nacional y un descenso sostenido durante los últimos años. Y en los centros públicos la tasa de alumnos que escoge la materia se redujo en diez puntos en los últimos cinco cursos: del 68% que la cursaban en el periodo 2004/2005 al 58% que suponían los matriculados en el 2009/2010.
Pero Asturias no es una excepción en el mapa peninsular, donde la demanda de Religión en la educación básica ha caído en medio millón largo de alumnos en un decenio: 158.483 en Primaria y 344.668 en ESO, según se deduce de las estadísticas ministeriales, que desvelan también que la demanda de la materia es menos de la mitad en Educación Secundaria Obligatoria en los centros públicos que en los privados y concertados.
La Conferencia Episcopal ya se ha pronunciado al respecto, al igual que el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. La LOE, denuncian los obispos, supone «nuevas trabas» para optar en igualdad de oportunidades por la enseñanza de la Religión católica. Entre ellas, «la configuración de la asignatura como si fuera una materia marginal y un peso añadido a la carga curricular». Los docentes, por su parte, han acudido al Defensor del Pueblo hasta en tres ocasiones. De momento, sin ningún éxito.
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