La religión a examen

“¿De dónde procede esta “condición religiosa” de nuestra especie, que logra que tantos seres humanos consideren el fervor a una figura ultraterrena, a libros supuestamente sacrosantos y a territorios pretendidamente benditos más importantes que su propio bienestar personal, que el respeto a la vida humana y a la libertad ajenas e incluso, en algunos casos, que el imperativo biológico de engendrar descendencia?”.

¿Es la religión la principal causa de los mayores actos de violencia que se han cometidos en la historia de la humanidad?  Dando un rápido vistazo al periodo comprendido solamente desde la Cruzadas cristianas y los crímenes de la Inquisición hasta los bárbaros atentados del fundamentalismo islámico ocurridos en París el 13 de noviembre pasado, no puede dudarse de que es esta, al menos,  una interrogante legítima de plantear.

Ya hace décadas, el pensador Arthur Koestler nos ilustraba acerca de que las tendencias integrativas de los seres humanos son incomparablemente más peligrosas que sus tendencias autoafirmativas, es decir, que la devoción y el afán de trascendencia provocan muchísimos más crímenes que los impulsos egoístas.

Y no hay fenómeno que aliente mayor urgencia autotrascendente en las personas que la adhesión a una creencia religiosa.  La devoción a una fe, a textos y lugares considerados “sagrados”,  ha conducido, siglo tras siglo, a que innumerables individuos maten y mueran en nombre de Dios, anteponiendo la lealtad en su credo a cualquier compromiso con la democracia, la paz, la justicia terrenal y la verdad.

Por ello, actualmente la religión se ha vuelto asunto central de interés y preocupación para académicos, políticos y científicos. ¿De dónde procede esta “condición religiosa” de nuestra especie, que logra que tantos seres humanos consideren el fervor a una figura ultraterrena, a libros supuestamente sacrosantos y a territorios pretendidamente benditos más importantes que su propio bienestar personal, que el respeto a la vidahumana y a la libertad ajenas e incluso, en algunos casos, que el imperativo biológico de engendrar descendencia?

El filósofo Daniel Dennett piensa que ya es hora de romper el hechizo que impide realizar una investigación científica franca y sin barreras sobre la religión como fenómeno natural (Romper el hechizo. La religión como fenómeno natural, Katz Editores, Buenos Aires, 2007).

Reconoce que tal intento despertará resistencia: poner la religión bajo el microscopio acarrea el riesgo de romper un hechizo quizás mucho mayor, el vital y enriquecedor encantamiento de la religión misma.  Pero es tiempo de educar, más que de convertir o evangelizar.

Y esto parte por comprender que la religión es algo natural por contraposición a “sobrenatural”: es un fenómeno humano compuesto de eventos, organismos, objetos, estructuras, patrones, etcétera, todos los cuales obedecen a las leyes de la física o de la biología y, por tanto, no involucran milagros.  En tanto fenómeno de este tipo, la religión puede   – y debe –  estar sujeta a un profundo y exhaustivo examen científico.

Las páginas del libro que estamos mostrando aquí  son un primer proyecto de desbrozar un camino en este sentido.  Saliendo al paso de eventuales argumentaciones en contra – protectoras de la religión como asunto intocable o retóricamente acusadoras de reduccionismo científico -,  Dennett aboga por arrojar luz desde la razón sobre todas las manifestaciones religiosas (credos, costumbres, prohibiciones y rituales) y sus consecuencias, positivas y negativas.

Nuestro autor examina, entre varios otros tópicos, las raíces del dogma; la creencia en Dios; el supuesto vínculo entre moralidad y fe, y los pro y contra de enseñar religión a los niños.  Y propone políticas de acción acordes con una sociedad abierta.

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