La que lió Baltasar Santos, exalcalde de Navalcarnero que gastó 10 millones en 150 cruces de granito

Es algo difícil de explicar. Por qué un pueblo como Navalcarnero, al suroeste de Madrid y sin vínculos aparentes con Galicia, está jalonado de cruceiros como si fuera Betanzos (A Coruña). Esta construcción, típica de esa comunidad, es un capricho exótico en este municipio madrileño de 26.364 habitantes. La mayoría de los vecinos no entiende por qué el Ayuntamiento se gastó 10 millones de euros en 150 de estas cruces de granito usadas, tradicionalmente, para señalar cruces de caminos. No ven la necesidad de convertir Navalcarnero en eso. Sobre todo, teniendo en cuenta su deuda: más de 200 millones de euros. Su estupefacción es mayor cuando se les menta el caso de las cuevas de esta localidad: “¡La que ha liado Baltasar!”.

Se refieren a Baltasar Santos, alcalde del PP durante dos décadas completas: de 1995 a 2015. Y el responsable de uno de los mayores desastres arquitectónicos de este municipio, según muchos de sus lugareños: las cuevas del Concejo, que recorren el subsuelo de la plaza de Segovia y que costaron 30 millones de euros. Construidas ilegalmente entre 2004 y 2011, no han parado de sufrir inundaciones y derrumbes; el último hace unos días, sin víctimas.

Las obras de esta red de galerías, de más de dos kilómetros de extensión y tres niveles de profundidad, se realizaron sin ningún tipo de proyecto, licencias o estudio geológico. La Intervención General del Estado concluyó en febrero del año pasado que Santos había cometido un “fraude de ley” por las irregularidades de este proyecto.

“Una chapuza que además nos incrementó la deuda”, resumen algunos vecinos en un corrillo. La explicación, acaso, de que su alcalde se hundiera también aquí en los pasados comicios municipales. Tras 20 años gobernando, los populares cedieron la alcaldía en junio al PSOE. En las elecciones generales, sin embargo, volvieron a ser la fuerza más votada con 4.542 votos.

En mayo, Santos concurrió, eso sí, con otras siglas después ser expulsado por su partido al estar imputado en tres causas; una de ellas ligada a la construcción de esas cuevas. Se presentó con Unión Reformista Ciudadana (URCi), una formación independiente que logró 1.031 apoyos y dos ediles. Muy lejos de los socialistas, respaldados por 3.315 vecinos. Lo cual se tradujo en seis concejales. Y un nuevo regidor: José Luis Adell. El PP, mientras, obtuvo 2.601 papeletas y cinco ediles. En 2011, Santos había sacado 12 concejales. En octubre, renunció a su acta de concejal.

El nuevo alcalde heredó una situación calamitosa: con una deuda de 4.400 euros por habitante. Los presupuestos prorrogados desde 2008. Y cortes de luz por impagos. Con las consecuencias que cabe imaginar. “A nosotros se nos fue la luz en la biblioteca; estábamos estudiando y de repente nos quedamos a oscuras”, recuerda Juan Jiménez, un estudiante de ADE de 28 años. Unas calles más abajo, cerca del Consistorio, Estrella González calcula: “La deuda de este pueblo la terminarán de pagar mis nietos. A mí la broma me ha salido cara: de pagar 500 de IBI, a 800. Y todo esto por la locura del anterior alcalde por el granito. ¿A cuento de qué viene poner tantas cruces? ¡Si es que además no había dinero!”.

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