La pseudohistoria de la persecución a los cristianos

¿Sabías que la historia de la persecución a cristianos y su martirio son en gran medida un invento? Los martirologios (tratados o listas de mártires y otros testigos heroicos de la fe cristiana) son muchos y muy variados, acumulando decenas y cientos de testimonios de muerte por la fe. El martirio es una institución muy cara al cristianismo, puesto que asegura la santidad sin otros requisitos (en todo otro caso, certificar la santidad de una persona requiere realizar la pantomima de inventar y luego corroborar oficialmente al menos dos milagros producidos por la intercensión del candidato).

No se le escapa a ningún cristiano más o menos culto que muchas historias de santos y mártires tienen demasiados detalles para ser creíbles. Sin embargo, es considerado habitualmente cierto que los cristianos sufrieron una continua persecución por sus creencias desde que empezaron a hacerse notar hasta que el Imperio Romano lo adoptó como religión oficial; los episodios de Nerón culpándolos por el incendio de Roma, de los creyentes arrojados a los leones en el Coliseo, etc., son ya icónicos en nuestra cultura.

Hace unos meses leí, y quiero comentar ahora, una entrevista que da por tierra también con esta visión histórica. La misma se refiere al libro de Candida Moss, The Myth of Persecution: How Early Christians Invented a Story of Martyrdom (“El mito de la persecución: Cómo los primeros cristianos inventaron una historia de martirio”). Cabe aclarar que Moss no es una atea militante ni una desmitificadora amateur, sino una académica especializada en el Nuevo Testamento. La entrevista fue conducida por Danielle Tumminio, una sacerdotisa episcopal.

Moss explica que se interesó por el tema al escuchar una homilía comparando la situación de los cristianos en Estados Unidos con la de los mártires de la Iglesia de los primeros tiempos. Después de eso comenzó “a notar cómo se usaba un discurso de persecución y victimización en todas partes, desde la política hasta los sermones y en los medios, pero muy rara vez en relación con situaciones de encarcelamiento o violencia”.

Con frecuencia estas afirmaciones se referían a la historia de la Iglesia temprana como evidencia de que los cristianos siempre han sido perseguidos y, por tanto, deberían esperar ser perseguidos hoy (…). Sin la idea de una persecución casi continua sería difícil hacer ver como persecución, por ejemplo, los desacuerdos sobre el papel de la oración en las escuelas.

martirios

Moss se refiere aquí a la tendencia de los cristianos estadounidenses a buscar la institucionalización de la oración cristiana obligatoria en las escuelas públicas (para abrir el día o al comienzo de los actos cívicos, por ejemplo), práctica que era común hace unas décadas pero que ha sido declarada inconstitucional e ilegal en repetidas ocasiones.

La evidencia histórica de persecución sistemática de cristianos por parte de judíos y romanos es en realidad muy escasa. Hubo sólo unos pocos años antes del ascenso de Constantino como emperador en que los cristianos fueron perseguidos por las autoridades sólo por ser cristianos. Las historias sobre mártires cristianos tempranos han sido editadas, expandidas y a veces incluso inventadas, dando la impresión de que los cristianos estaban bajo ataque constante.

El problema con la invención de una historia de víctimas perseguidas no es académico:

Identificarse como una minoría perseguida necesariamente identifica a los otros como perseguidores. Transforma el desacuerdo en una lucha por la supervivencia en la que hay un “nosotros” inocente enfrentado contra un “ellos” odioso. Esta visión polarizada del mundo no sólo imposibilita el diálogo significativo y la colaboración sino que también puede ser usada para legitimizar la violencia contra los otros “en defensa propia”.

¿Por qué se inventaban historias sobre mártires? Moss explica que no se lo veía como una mentira y que tales cosas eran comunes incluso entre los historiadores paganos:

A veces había una historia difusa sobre algún santo en particular flotando por ahí y un escriba la ponía por escrito y la adornaba un poco como apoyo a prácticas religiosas locales. A veces un escriba componía una historia de martirio para un cristiano muerto anónimo que pudo o pudo no haber sido un mártir. Otras veces las historias eran expandidas o se les añadían anécdotas de manera que el mártir fuese recordado como aprobando a ciertos obispos o condenando a ciertos herejes. Los cristianos no eran los únicos en hacer esto ­—los historiadores griegos Heródoto y Tucídices hicieron lo mismo—, así que claramente no resultaba tan problemático para las audiencias del pasado como para nosotros.

El resto de la entrevista, que por fuerza he resumido, es bastante interesante. Moss advierte que las historias de personas que sufren o mueren por defender sus ideas pueden ser edificantes, por lo cual no está en contra del uso de los martirologios, pero cree que la autovictimización no es una buena táctica, entre otras cosas porque quita el foco de los creyentes que realmente están siendo perseguidos por su fe. Ya tendré algo más que decir sobre todo esto.

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