«La provocación es un hombre mayor vestido con ropa blanca de mujer»

El transgresor cómico actúa esta tarde en la Facultad de Ciencias invitado por Granada Laica con «La revelación», un espectáculo en el que pone a bailar música discotequera al mismísimo Pontífice

Si tiene que recomendar un libro sugiere Cartas a un joven español de José María Aznar. Y lo no dice con ironía -que también-. «Si te quieres permitir hablar del PP tienes que saber quiénes son, qué representan», explica el bufón italiano, que esta tarde representa en la Facultad de Ciencias La revelación, obra que en el pasado le habría llevado directamente a la hoguera.

-Se califica como bufón, aunque es posible que los cortesanos y mandatarios no se rían demasiado con usted.

-Bueno, bueno. Los bufones tenían una función en la corte medieval pero también actuaban en la calle. Además tenían una posición con total libertad de expresión, y los reyes tenían que aguantar por ley sus chistes y bromas, incluso las de mal gusto.

-De otra saga de payasos es Emilio Aragón, presidente de La Sexta, cadena con los programas más ‘gamberros’ de la actualidad, caso de ‘CQC’ o ‘El intermedio’.

-Cuando pasas años pensando en el público y cómo provocar su risa, tienes una visión de la vida diferente. Hay que ser optimista, con críticas que no lleven a la muerte, a la tristeza. Hay que tener una visión constructiva incluso en la crítica más dura. Esto deja huella. Sabemos que hay como un gremio mundial de los cómicos, nos conocemos, aunque no hablemos el mismo idioma. Hace un mes estuve en Rusia y me admitieron en la academia de bufones de Moscú.

-Un bufón, pero del siglo XXI. Su web, que tiene como titular «Defendiendo el laicismo con pasión», está plagada de referencias, artículos, reflexiones… Incluso debate con los internautas.

-Ah, eso es cierto. Los bufones somos gente profundamente laica. Cuando te ríes de todo, también de la política y el poder, lo haces desde un punto de vista humanista. Somos humanos, pero aceptando el desafío del misterio, de su propia muerte. Yo defiendo que el bufón es ateo porque no quiere vivir bajo la influencia de una entidad superior, es profundamente humano. Enfrentarse con la muerte sin artificios es lo más humano posible.

-Un humanista en la tradición del señor Settembrini, el personaje de ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann.

-Gracias. Esa visión del mundo tiene una gran tradición. Incluso el payaso triste, que acepta la soledad de estar delante de los demás y hacer reír. El del los bufones es un laicismo poético, sin el rigor del ratón de biblioteca. El buen bufón es de la calle, que incluso utiliza palabras sencillas pero con contenidos muy profundos.

-Le llaman provocador, pero a muchos lo único que provoca es risa y ganas de reflexionar. ¿No entienden su mensaje?

-Creo que soy provocador, a veces la busco. Pero la provocación me da energía, vitalidad. Hay gente que ve la provocación como un fin, y esto deja un sabor negativo, como una persona mala que intenta hacer daño. Yo nunca he hecho nada con esta óptica. Me han acusado de ser provocador cuando he dicho cosas sensatas y razonables. Como muestro en La revelación, para mí es una gran provocación que un hombre mayor se vista de blanco con ropa de mujer y con esa pretensión de ponerse por encima de los demás. ¿Por qué no tiene dudas ese hombre? Los payasos nos ponemos zapatos enormes, una nariz roja, y se hace a sí mismo inferior. Yo podría decir que el Papa es un gran provocador, pero dejo a la gente pensar.

-Precisamente, en ‘La revelación’ se pone usted a bailar a lo Travolta vestido de Papa. Desde luego, es difícil imaginar a Ratzinger desmadejado en la pista de baile…

-Él es un hombre de bibliotecas, de salas oscuras con poco ruido. Este momento es a lo mejor el momento más bufonesco, pero hay un sentido detrás. Aquí, lo que ha hago es burlarme de la diferencia entre una misa de los evangelistas americanos y una católica. Yo conozco bien Estados Unidos y he visto misas con orquestas de rock o heavy, personas bailando… En el espectáculo pongo al Papa intentando imitar a los evangelistas.

-Pasó a la historia de la televisión por esparcir una ‘boñiga’ de vaca entre los espectadores en ‘Crónicas Marcianas’. Pero, ¿quién echaba más mierda, usted o los contertulios del programa?

-Estuve dos años y para mí fueron increíbles. Las personas que estaban allí eran muy inteligentes. Pero hablo del Crónicas de hace 10 años, porque luego cambió. Pero cuando hablaba en camerinos con los del cotilleo no eran los mismos, leían el guión de un espectáculo ya preparado. Era interesante. Todos los días teníamos un gráfico de la audiencia minuto a minuto, y Sardá lo analizaba día a día. Un día me dijo que en el momento en el que el gráfico de la audiencia bajara yo estaba fuera. Y estuve 87 semanas y el gráfico siempre subió, pero me fui porque ya había hecho todo lo grotesco y guarro que podía hacer.

-Se deshace en elogios a Obama pero, ¿cree que acabará defraudando como la mayoría de los políticos?

-Es imposible. Si su color no es maquillaje no puede defraudar. Aunque haga la misma política de Bush no es un blanco quien la hace, es un negro. No hay que olvidar que el racismo está muy presente todavía en Estados Unidos. Hasta Berlusconi hace ya chistes sobre si es que está bronceado… Pero creo que no hará una gran revolución, porque no puede por los poderes alternativos, pero es muy inteligente. Ser negro y llegar a presidente no puede ser tonto. En cambio daba una imagen de una América estúpida, en decadencia.

-El primer libro que recomienda en su web es ‘Cartas a un joven español’ de José María Aznar. ¿Se tiende a escuchar sólo a los que piensan como uno? ¿Hay que estar al día del pensamiento del contrario?

-Habla de su filosofía, de cómo quiere él ver España. Ves dónde quiere ir y sus limitaciones. Habla de tópicos de los ‘neocons’. Si te quieres permitir hablar del PP tienes que saber quiénes son, qué representan. Yo me he reunido de hecho con la gente de Los Legionarios de Cristo de la Universidad Francisco de Victoria. Y me trataron muy bien, por cierto aunque sabían que iba a hablar mal de ellos. Me atendió la hermana de Ana Botella.

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