La profanación religiosa de la escuela pública española

La moral en las escuelas siempre ha existido. Podemos decir que toda enseñanza está necesariamente vinculada a un adoctrinamiento moral, es decir, el enseñante no puede, sin más, enseñar a pensar o a conocer, sino que, inconscientemente, según la tendencia humana de sembrar las mismas semillas que a uno le han dado sus frutos, el educador hace doctrina de su magisterio.

Desde tiempos remotos las escuelas del conocimiento han estado veladas por una fuente filosófica- moral que ha tendido sobre el conocimiento una alfombra de principios sobre los que caminar por la vida. Losepicureístas, los sofistas, los peripatéticos, los hedonistas, los cínicos, los socráticos, los pitagóricos,… y más tarde, los racionalistas, los vitalistas, los existencialistas,…y un largo etcétera, han sido escuelas impregnadas de una visión de la vida, de la conducta humana, de la justicia, de las costumbres, de lascreencias. En el siglo XXI, en la era de la democracia, en la era del orgullo occidental por haber conseguido un desarrollo superior al de otros pueblos en otras regiones del mundo, en la era de la presuntuosa superioridad intelectual, basada en el desarrollo tecnológico y científico, en la era de la desvinculación consuetudinaria de las creencias ultraterrenas, en esta era, decimos, aún persisten, y ¡de qué manera!, las prácticas religiosas institucionales. Veamos cómo.

El Estado español se declara oficialmente aconfesional, esto parece que todos los sabemos. Sin embargo, la Iglesia ha gozado de unas prerrogativas harto conocidas en todos los sectores sociales, tanto civiles como militares, que dejaron bien atados los sucesores de Franco, como bien atada dejaron una Constitución los escribientes de Franco, avalada por el monarca que también abrazó en su momento las doctrinas franquistas, y avalada por un sector del pueblo español al que se le ofreció una Constitución y una monarquía o nada. Vaya democracia.

Al día de hoy, cuando Zapatero ha cuestionado estas prerrogativas y privilegios que ostenta la institución eclesiástica, toda la maquinaria propagandística de la Iglesia se ha puesto en funcionamiento a fin de crear una corriente de opinión que ellos saben que de puertas para adentro está en contra. Y ¿por qué digo esto? Pues porque es muy fácil darse cuenta de que la Iglesia ya no tiene poder moral sobre el pueblo. Tiene poder económico y poder institucional, nada más. El poder de la Iglesia se encuentra anclado en los ritos y en la enseñanza, ambos sustentados por el Estado. Más allá de esto la población española ya no cree en la Iglesia, ya no reza, ya no va a oír misa, salvo cuando es necesario, ya no respeta la palabra de dios en los bautizos, ni en las bodas, todo es puro marketing individual. El ciudadano medio sólo encuentra en la Iglesia un nefasto y obligado encuentro con los rituales impuestos por la tradición.

Pero la sociedad está cambiando. Cualquier iniciativa progresista de sustraer poder al Opus Dei y a la Iglesia, como ahora se ha visto en estas oleadas socialistas de vencer al dragón de las mil cabezas, que es la Iglesia, liberalizando el aborto, agilizando el divorcio, desmonopolizando la religión católica de las escuelas, permitiendo el matrimonio entre homosexuales o modificando la financiación de la Santa Madre, cualquiera de ellas se ve respondida con manifestaciones por parte de la cúpula eclesiástica llenas de odio y de la ira de aquel que pierde el poder que ha sometido al pueblo durante muchas décadas.

Concretamente en los centros escolares podemos ver cómo se derrama la influencia de esta Iglesia. Unas instituciones educativas que tendrían que ser centros donde enseñar a los niños a pensar y no a creer, donde enseñar a analizar por qué hay ricos y por qué hay pobres, en lugar de conminarles para que donen algo a beneficio de no se sabe qué necesitados sin el menor comentario de las causas que condenan a la miseria y a la muerte a esos necesitados. Esto es lo que aún algunos profesores, casi inconscientemente, se encargan de hacer en sus clases. Cuando veo que se induce a los alumnos de bachillerato a pagar un donativo a una entidad privada, desconocida, aduciendo que aquello es solidaridad me asaltan inquietas dudas: ¿Es legítimo en una sociedad como la nuestra, aconfesional, que las empresas privadas, como son las ONGs, asalten los centros escolares para hacer campañas
«solidarias»? ¿Por qué no se les enseña a los alumnos los motivos por los que es necesaria la solidaridad hacia esos pueblos? ¿Es quizá hacer sectarismo hablar a los chicos de dieciocho años de la política internacional, o de las causas de la situación económica del tercer mundo? ¿Es esta la sociedad que queremos? ¿Por qué después nos quejamos de que la juventud no sabe nada de política o del mundo? ¿Es que acaso le enseñamos la realidad en las escuelas?

Es vergonzoso ver cómo en algunos centros se hace público lo que pagan los alumnos a una causa. Es una vergüenza porque la solidaridad en muchos casos sirve ni más ni menos que para hacer ostentación de riqueza, para avasallar voluntades o para aniquilar moralmente a los que no pueden. Nos recuerda a las clases aristócratas que hacían gala de su generosidad con la beneficencia, siempre en actos públicos.

Es penoso ver cómo los curas o sus pasantes han de profanar los institutos donde, en teoría, se enseña la ciencia (en su día repudiada por la Iglesia), porque la gente ya no va a las iglesias. Si esto no fuera así ya no sabrían cómo ni dónde decirle a los niños que el aborto es una crimen, o que los comunistas son unos ladrones que robaron a los señores que daban trabajo a los pobres, o cosas por el estilo. Esto es un escándalo que debe ser denunciado y erradicado de esta sociedad cuanto antes, antes de que acaben con el pensamiento, con la inteligencia humana y nos sumerjan en la idiotez humana. La Iglesia dispone de multitud de medios para apoderarse de los centros escolares. Apoyados siempre por directivas o personas influyentes, servidores del señor y acreedores de la Gracia divina, en algunos centros se intenta ocultar a los niños, jóvenes y sobre todo a los padres, que existe una alternativa a la asignatura de religión, ya por medio de unos impresos en los que no figura la alternancia de opciones, con lo que los asignan por defecto a religión y «aquí no se ha enterado nadie», bien haciéndole ver a los chavales que la asignatura de religión «la elige todo el mundo» o que «en la alternativa hay muy poca gente y no tendrán compañeros», o que «no podrá participar en los teatros que hacen en Navidad», etc, etc. Un vergüenza que de paso denuncio con estas líneas.

Luego están los catequistas, respetables personas que cobran del erario público, es decir, personas a las que pagamos todos, y que acuden a dar religión y a educar sin haber pasado por las preceptivas exigencias pedagógicas que impone la administración educativa. Son simplemente elegidos a dedo por el obispo o prelado correspondiente. No todos los padres saben que cuando su hijo va a la escuela no durante todo el tiempo está en manos de personal educativamente legitimado.

En algunos centros la asignatura alternativa a la religión, aún gozando de un programa, no se desarrolla, y los niños en esas horas van al patio o a la sala de profesores. ¿Hasta cuándo estaremos aguantando esto, Sociedad Moderna?

Sin embargo los argumentos de los padres que desean para su hijo una clases de religión, que no hay que confundir con una educación religiosa, que ésta no se da nunca, para aclaración de muchos padres, pues algunos de estos padres aducen que ellos son libres de elegir qué tipo de educación quieren para sus hijos. Entonces nosotros no podemos más que decir que esta respuesta es un síntoma más del egoísmo burgués que se ha apoderado de occidente, porque ¿no debe ser el niño quien decida qué tipo de creencia seguir a partir de un conocimiento previo de todas las opciones que existen? ¿O es que primero se transmite la fe y luego, a través de una lucha contra las creencias fijadas a fuego, hay que liberar el pensamiento? Esto quizá es lo que más ateos hace, si no, que hagan unos estadísticas sobre la fe de tantos y tantos estudiantes de colegios religiosos. En fin, otro despropósito intelectual.

Finalmente, ante los últimos movimientos del gobierno sólo me queda decir que Zapatero se equivoca, que no se trata de introducir más adoctrinamiento religioso en las escuelas, la laicidad no consiste en introducir también el islam, ni el judaísmo, ni el budismo. Se trata de diferenciar las doctrinas religiosas y el pensamiento. Y de separar las obligaciones del Estado de las obligaciones de unos entes que sólo desean hacer proselitismo con los ciudadanos. Esto, que lo hagan en la calle, en las mezquitas, en las iglesias, en las sinagogas, …donde quieran, pero no en la escuela. No se trata de que el Estado cargue económicamente con las necesidades religiosas de una parte de la población o no. En realidad lo que se propone es que el Estado deje de cargar con el coste económico del adoctrinamiento religioso que algunas instituciones hacen con el pueblo, cuando éstas, en realidad, hacen de ese adoctrinamiento un negocio y una forma de poder.

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