La Presidenta argentina se despidió de la plana mayor del Episcopado

En medio de una cargada agenda para cerrar con reuniones y actos sus días finales en la Casa Rosada, Cristina Kirchner recibió ayer a la cúpula de la Iglesia, un último gesto con el que termina su relación, que se acomodó a partir de la llegada del papa Francisco al Vaticano.

La Presidenta recibió en su despacho a parte de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal, integrada por monseñor José María Arancedo; el cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, y monseñor Carlos Malfa, obispo de Chascomús.

La reunión se concretó el mismo día en que la Iglesia difundió un duro documento sobre el crecimiento del narcotráfico en el país, en el que le exige al Estado «oponer una fuerza organizada para neutralizar los enormes daños que causa», además de advertir que «ha crecido enormemente en los últimos años» y que «su presencia y difusión es incomprensible sin la complicidad del poder en sus diversas formas» (ver aparte).

«Aquí lo único que se pretendía era transmitir el saludo protocolar. Hoy la Iglesia ha presentado un documento sobre narcotráfico que ha sido muy importante, pero no se habló de ese tema», explicó Pedro Brassesco, subsecretario de la Conferencia Episcopal, cuando dejaba la Casa Rosada. Salió junto con el secretario de Culto, Enrique Oliveri, que acompañó a Poli y a Arancedo caminando por la Plaza de Mayo hasta la Catedral. Según relató, la Iglesia quiso «saludar a la Presidenta en el final del mandato y anticiparle los saludos de Navidad». Lo mismo harán cuando asuma, la semana que viene, Mauricio Macri.

En una evaluación general de la relación que tuvo la Iglesia con los 12 años del gobierno kirchnerista, al principio mala y ahora normalizada, Brassesco recordó que hubo «momentos de mucho diálogo» y otros en los que se «ha expresado una opinión en contrario en algunos puntos».

Respecto de la expectativa por la asunción de Macri, confió que aún están a la espera de conocer las nuevas autoridades para la Secretaría de Culto, que depende de la Cancillería, y minimizó el hecho de que el Papa no haya enviado saludos al nuevo mandatario.

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