La pérdida de fe católica en el siglo XXI

Alimentada por una serie de escándalos de padres pederastas, la realización del gigantesco monopolio económico que es la Iglesia, el creciente número de personas que se definen como ateos o agnósticos, una era con falta de valores y moral enfocada en los placeres superficiales y consumismo; la pérdida de fe católica en países de occidente, y en este caso particular, México, es un fenómeno cada vez más común.
El último censo del Inegi, hecho en 2010, indicó que en México entre 4.9 por ciento y 7.4 por ciento de la población no tiene religión, comparado a un 0.6 por ciento en 1960 y 3.5 por ciento en el año 2000. En una encuesta global, realizada en 2011, el 16 por ciento de los latinoamericanos se identificaron como no religiosos (10 por ciento sin religión, cuatro por ciento ateos, dos por ciento agnósticos).
Max Weber escribió que parte fundamental del atractivo que encuentran las sociedades en la religión, es el pensar mitológico, que básicamente significa pensar alrededor de representaciones simbólicas. Da a entender que algunas cosas atraen, no por las virtudes que realmente poseen, sino por las significaciones que se les atribuyen. Tal vez esta ideología funcionó en siglos pasados, cuando las personas estaban menos educadas y eran más ingenuas. Parte de la sociedad actual, o por lo menos la parte que tiene pensamiento crítico y acceso a la información, se cuestiona las cosas antes de aceptarlas. Si no existen pruebas científicas y consistentes de la existencia de Dios, se rehúsan a creer en él, y mucho menos en rendirle tributo.
La lista de defectos de la Iglesia es considerable. ¿Cuántos horrores no se han cometido en nombre de Dios, o con la creencia de que si alguien es su elegido, tiene derechos sobre la voluntad de los demás? Podemos ejemplificar con una guerra entre dos reinos. Cuando gana uno, también gana su Dios; no solo cambian de duueño la tierra y los recursos naturales y económicos, sino que se impone al pueblo perdedor un estilo de vida, de valores, de ideas y reglas, todo esto basado en su religión. Se gana por y para su Dios.
Además, la religión ha servido a las dictaduras y monarquías políticas, para mantener su poder en una región. Citando a Weber: “La vinculación local de la divinidad de la comunidad política alcanza el más alto grado de desarrollo, cuando el territorio ocupado por la comunidad se considera como especialmente sagrado para Dios”.
El catolicismo se basa en la resignación y la aceptación de las cosas tal y como son. Los pobres, los que han sufrido de injusticia, robo, muerte, serán recompensados en el cielo. Mateo 5:1-12 “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación […] Bienaventurados los que tienen hambre de sed y justicia, porque ellos serán saciados. Si Dios ama a los pobres, ¿Cómo sería si los odiara?
No se puede negar que este tipo de versos sirven a los gobernantes corruptos, para que así, los necesitados acepten su destino, ya que luego todo valdrá la pena. Weber afirma la “Teoría del resentimiento” de Nietzsche, donde los menos favorecidos se proclaman bienaventurados, y en el cielo gozarán de lujo y riqueza, en una especie de venganza por su vida pasada.
Sin embargo, lentamente nos hemos dado cuenta que los más corruptos parecen nunca sufrir el castigo divino, mientras los que se rigen por la palabra de Dios no viven en el paraíso. Se ha perdido el sentido de rendir culto, hacer súplicas, ofertas y sacrificios, hacia un ser que puede o no escucharte.
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