La nueva izquierda recorre el camino de la vieja

Tras leer las declaraciones de Pablo Iglesias sobre el ‘gobierno del cambio’ de Cádiz entregando una medalla a la Virgen del Rosario, mi compañero Tano Ramos me envió un párrafo rescatado del libro de Antonio Muñoz MolinaTodo lo que era sólido: «Que la derecha fuera castiza, obsesionada con las tradiciones, servil hacia la religión, era previsible en un país atrasado, en el que un poder político inmovilista y brutal llevaba siglos de alianza con la Iglesia católica. Lo extraordinario fue, en esa época de mutaciones, la rapidez con la que la izquierda pasó del laicismo y del anticlericalismo a una especie de fervor indiscriminado por todos los rituales heredados de la teatralidad militante de la Contrarreforma, sobrevividos no por el arraigo de la fe o por la vitalidad de la cultura popular sino por el atraso económico, la ignorancia y el aislamiento del mundo exterior».

Hablaba Muñoz Molina en este pasaje de una de las muchas transformaciones del socialismo en el momento de tocar poder, pese a venir del laicismo militante que sus siglas habían significado en la II República. Nadie quiere regresar a ese odio a la religión que incendió la sociedad española. La religión, en su justa interpretación, no tiene nada de malo. Unos la profesan y otros no. Igual que ser ateo. Unos lo son y otros no. Hay una parte de la Iglesia que ha sido determinante en la construcción de la democracia en este país y hoy hay una parte de la Iglesia cuya tarea es imprescindible en la defensa de los desfavorecidos y en un muro de contención contra el racismo. Otorgar medallas a vírgenes es una decisión banal, sin relevancia para el total de la comunidad. A unos les gustará y a otros no. Pero carece de importancia.

Cuando pregunté a Pablo Iglesias, en una entrevista cordial en la que la conversación giró sobre la moción de censura, por el pequeño hecho folclórico de una medalla a una Virgen esperaba que despejaría la cuestión con un ‘son cosas de Cádiz’, pero no, sacó la tradición popular. Sin recordar este texto de Muñoz Molina, sí que pensé en ese mismo camino que me recordaba al giro del PSOE del laicismo militante a sus acuerdos con la Conferencia Episcopal sobre la educación concertada en el 83. A continuación le recordé la moción de censura de Felipe González de hace 37 años contra Suárez, en la que también sabía que perdería y que utilizó, con éxito, como proyección política. No vio ningún paralelismo, como tampoco lo ve en la bicefalia Guerra-González/Errejón-Iglesias, ambas hechas añicos. Para hacer todo ese recorrido González tuvo que domesticarse, mostrar que se había despojado del asilvestramiento de la clandestinidad. Y en este país, mucho más laico hoy que en el 79, ese recorrido pasa por la casilla de la religión. No sé, es sólo una hipótesis.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...