La «nueva ciencia» de la ley Wert

La nueva categoría que el Gobierno ha dado a la asignatura de Religión, equiparándola con materias como Matemáticas, Física, Química, Biología y Geología, e incluso, si no me equivoco, otorgándoles un estatus superior al de las cuatro últimas si atendemos al total de horas dedicadas(por ejemplo, se hablará más de creación que de evolución), hará preciso que se coordinen los contenidos para que no sean contradictorios y no generen confusión en los jóvenes alumnos. Sobre todo teniendo en cuenta el “saber científico” que, según los obispos españoles, se imparte en la instrucción religiosa. Será necesario, para empezar, que las materias científicas antiguas se adapten a la nueva ‘ciencia’, pues los dogmas religiosos ya sabemos que son inmutables, y la verdad religiosa es indiscutible y de mayor rango que las pequeñas verdades de la ciencia ‘antigua’. ¿No es la misma vieja ciencia la que se considera falible, provisional, abierta a la falsación y a la refutación… y a la mala reputación con respecto a la Religión, por tanto? El fruto de esta integración, que llevará al país a una nueva era pío-científica, con el Catecismo como texto fundamental, lejos de pasados reduccionismos y cerrazones cientifistas y racionalistas, lo ilustraré brevemente con preguntas y respuestas de un futuro examen de las también nuevas reválidas.

P: ¿Cómo se repartirían equitativamente 5 litros de leche y 2 Kg de chocolate entre 5.000 personas?

R: Depende. En condiciones ideales podría haber 5 litros de leche y 2 Kg de chocolate para cada persona, pues no hay nada esencialmente distinto entre el reparto de leche y chocolate y el de panes y peces. A pesar de lo dicho, el principio de conservación de la materia y la energía es válido casi siempre…

P: Explica qué pasa cuando un cuerpo de densidad mayor que el agua se coloca sobre ésta (en estado líquido).

R: Depende. Generalmente, el cuerpo se hunde…, pero en ocasiones flota sin penetrar en el agua lo más mínimo, pues, como sabemos, las leyes físicas hay momentos en que dejan de funcionar.

P: Calcula la concentración molar que se obtiene al disolver 10 gramos de azúcar en un litro de agua.

R: Depende. Será más alta, no se puede calcular cuánto, si el agua antes se ha transformado en vino, sobre todo si es dulce. Sin embargo, si la transformación en vino ocurre después de añadir el azúcar, puede que aquellos 10 gramos desaparezcan.

P: Explica la fecundación humana.

R: Suele necesitarse un espermatozoide y un óvulo, pero puede darse la fecundación sin participación del primero, y sin recurrir a la biotecnología, si participa cierta paloma.

P: ¿Cuándo se debe considerar una persona muerta con total seguridad?

R: Según los datos de que dispongo, la muerte sólo parece irreversible a los tres días de la muerte clínica y biológica; en alguna ocasión, el corazón, el cerebro, etc., dejan de funcionar ese tiempo, pero luego vuelven a hacerlo.

Si los profesores de ciencias se ponen farrucos y no aceptan esas respuestas, la solución para los alumnos ya la dio Orwell: el doble-pensar. Esto es, en las clases y exámenes de ciencias ‘antiguas’ se piensa de una manera (lógica, racional, basada en la duda y en las pruebas), y en los de la nueva ciencia –la Religión– de otra (crédula, dogmática, basada en la certeza irracional), incompatible con la primera. Todo es entrenarse.

Así pues, no hay problema. La dificultad está en los racionalistas latosos que creemos ver una confrontación insoluble entre ciencia (‘antigua’) y religión, cualquiera que sea ésta. ¿Qué sería de la religión católica, por ejemplo, sin la resurrección de Jesús, sin la virginidad de la Virgen, sin las esperanzadas peticiones a Dios, la Virgen y los santos, en definitiva, sin los milagros? Milagros que –decimos– son inadmisibles, ya que suponen negar la capacidad de la ciencia para explicar fenómenos naturales. De la ciencia ‘antigua’, claro, que en la ‘nueva’ cabe eso y más, hasta Adán y Eva caben.

El único consuelo que a estos latosos nos queda es que en la asignatura de Religión no se utilizan las creencias de la ‘nueva ciencia’ para apoyar ataques a los derechos de los homosexuales y de las mujeres, a la investigación con células madre, al derecho a una ‘muerte digna’… ¿O acaso no es así?

Juan Antonio Aguilera Mochón. Profesor de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y miembro de Granada Laica y UNI laica.
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Ciencias y Religión en la 'ley Wert'

En su Respuesta al profesor Aguilera del 23 de junio, el señor Javier Arrarás me tacha de inexacto cuando en mi artículo sobre La 'nueva ciencia' de la 'ley Wert' (14 de junio) digo que esta ley equipara la Religión con materias como Matemáticas y otras.

Bien, dejemos que zanje la cuestión el propio proyecto de ley. Este, en su disposición adicional segunda establece que "la enseñanza de la religión católica se ajustará a lo establecido en el Acuerdo (…) entre la Santa Sede y el Estado español". Acuerdo de 1979 que establece que "los planes educativos (…) incluirán la enseñanza de la religión católica en todos los centros de educación, en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales" y que "dicha enseñanza no tendrá carácter obligatorio para los alumnos". Como pueden ver, se habla explícitamente de equiparación de la Religión, que no incluye su obligatoriedad, solo faltaba eso. Pero sí será obligatoria la Religión o su alternativa, y sí que ambas serán evaluables y contarán para las medias, las becas…

Por otra parte, el que un alumno que curse Religión tenga muchas más horas de esta materia confesional que de Física, Química, Biología o Geología (si lee bien verá que excluí las Matemáticas) no lo dice de esta manera tan explícita el proyecto de ley, claro está, pero si se analiza resulta palmario. Incluso hoy -antes del ascenso wertiano de la Religión-, es el total de horas dedicadas a esas cuatro materias científicas el que es similar al de Religión; ahora, dividan entre cuatro…

Respecto a los milagros (de cualquier religión, no solo de la católica) se oponen, por su propia definición, a la ciencia, qué quieren que yo le haga. Y no se conoce un solo suceso probado que sea "inexplicable" para la ciencia, como se pretende de los milagros (sí hay, por supuesto, fenómenos "inexplicados", la gran mayoría no considerados milagrosos).

Por tanto, enseñar a creer en milagros se opone a la enseñanza de la ciencia. Lo que hago en mi artículo es ilustrar esto con ejemplos; que el resultado ponga en solfa ciertas pretensiones religiosas es lamentable, ciertamente.

Por fin, en aras de la educación científica no hay que excluir el estudio de ningún pensador, por supuesto; lo que hay que hacer es estudiarlos con pensamiento crítico, no con afán dogmático y adoctrinador (religioso o no).

Juan A. Aguilera Mochón


Ciencia y religión en la ´ley Wert`: precisiones

Deia, 10-07-2013

En su carta del 2 de julio, Javier Arrarás señala mis imprecisiones. Para empezar, observo que la escandalosa equiparación de la Religión con asignaturas fundamentales siempre parece insuficiente para quienes añoran la aplicación más estricta de los acuerdos que prorrogaron el nacional-catolicismo. La cuestión de las horas que hoy se dedican en la escuela a Religión y a Ciencias me llevaría demasiado espacio pormenorizarla, así que me remito al resumen y la documentación que pueden leer aquí: http://goo.gl/zkeFI. Parafraseando a Orwell, vemos cómo, en cuestión de horas, una materia (adivinen cuál) está "más equiparada" que otras (Física, Biología…). Y esto irá a peor con la Lomce.

Poner el amor o los valores éticos como ejemplos de lo que no explica la ciencia es en sí un gran ejemplo, pero del depauperado discurso oscurantista del Dios tapagujeros. Se trata de procesos cerebrales que, como tantos otros, están aún poco explicados, pero para nada contradicen a la ciencia, que, de hecho, ya tiene mucho que decir sobre cómo han podido evolucionar. Si las religiones tienen alguna hipótesis mejor, con argumentos, pruebas… y ¡que explique algo!, urge que nos la presenten.

Sobre el origen del orden, le recomiendo que lea sobre Termodinámica de sistemas abiertos y otras ciencias de la complejidad. Recurrir al mágico Viejo Relojero (que requiere muchas más explicaciones que las que da), ignorando a Hume y a todo el apasionante desarrollo científico, hace mucho que avergüenza a los propios teólogos atentos.

Finalmente, es claro que no hay conflicto entre la ciencia y los aspectos normativos, sentimentales… de las religiones, porque estos aspectos son acientíficos. Pero cuando las religiones sustentan estos aspectos sobre actos divinos, resurrecciones y otros milagros, el choque con la ciencia es radical. En todo caso, incluso aquellos aspectos acientíficos no tienen cabida en una escuela al servicio de los niños: que estimule su pensamiento crítico, no su adoctrinamiento.

Juan Antonio Aguilera Mochón

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