La mujer árabe según la ONU

El Corán hace al hombre responsable del sustento familiar, y eso dificulta la promoción social femenina

Recientemente fue presentado en Madrid el Informe de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano del 2005, dedicado al estatus de las mujeres árabes. Se trata del cuarto de los emitidos dentro del Programa de Desarrollo de la institución hecho público en Saná (Yemen) el 6 de diciembre del 2006. Trata de la interacción de los factores culturales, religiosos, económicos, sociales, jurídicos y políticos de las sociedades árabes para ver cómo influyen en la situación de las mujeres y determinar unas directrices que hagan posible su promoción y la mejora de su papel en estas sociedades. Con gran riqueza de datos, el trabajo consta de cuatro grandes bloques: salud, educación, actividad económica y participación política.
En algunos aspectos, como en el de considerar que en los últimos 50 años la mayoría de los países árabes han alcanzado gobiernos democráticos, el informe parece demasiado optimista, pero también señala el empeoramiento de las violaciones de los derechos humanos y de las libertades públicas, de opinión y de expresión, y el aumento de las corrientes islamistas.

EN EL TERRENO de la salud, la media de mortalidad neonatal es de 270 fallecimientos por cada 100.000 nacimientos, que se distribuyen entre las 1.000 muertes en los países pobres y las 7 por cada 100.000 que hay en Qatar.
En lo referente a la educación, el acceso de las chicas a la enseñanza aún es muy inferior al de los chicos (tres cuartas partes y cuatro quintas partes, respectivamente) con la excepción de los países del petróleo, Túnez, el Líbano y Palestina. Ya entrado el siglo XXI, preocupa la cifra de 60 millones de adultos analfabetos, un 40% de los cuales son mujeres pobres y campesinas, una tasa superior a la media mundial. Asimismo, la participación de las mujeres en actividades económicas en los países árabes es inferior a la de otros lugares, pese a que, como en el caso de la enseñanza, el informe reconoce que las chicas aprenden más deprisa y son más responsables y esforzadas en el trabajo que los hombres.
Dicho esto, es fácil entender la escasa presencia de las mujeres árabes en la vida política de sus estados. Si bien la gran mayoría ya tiene derecho a votar y a participar en las elecciones parlamentarias, según cuotas establecidas (la más alta es la de Irak, con una Constitución que fija un tercio de los escaños para las mujeres), ninguna mujer ha llegado a ejercer labores relevantes en ningún Gobierno. En este punto se destaca que, aunque desde la segunda mitad del siglo pasado la mayoría de los países más desarrollados, excepto Arabia Saudí, tienen mujeres ejerciendo como ministras, ninguna de ellas ha estado al frente de los ministerios más importantes, como los de Defensa, Asuntos Exteriores o Economía.

EL INFORME acaba advirtiendo de que el reconocimiento árabe no se podrá lograr sin promocionar a la mujer, y cree que eso solo se conseguirá con una educación igualitaria entre chicos y chicas.
Una de las conclusiones que se desprenden de la lectura del texto es la poca fiabilidad de unos datos que parecen desconocer la diversidad que hay entre los países árabes, que van desde la distinta situación geográfica y, por tanto, estratégica, de cada uno, hasta las enormes diferencias económicas existentes entre países pobres, países en vías de desarrollo, países ricos y países ricos en petróleo, es decir, mucho más ricos. Por otra parte, se observan algunas carencias, como la de las cifras relativas a los estudios universitarios, que no reflejan la realidad porque hay un gran número de estudiantes varones, sobre todo en los países del petróleo, que estudian en el extranjero y que no computan en los cálculos efectuados. Por lo que respecta al acceso a la enseñanza superior, se muestra que con demasiada frecuencia prevalece la secuela del islam tradicional, que limita a las mujeres al cuidado de la familia y a las cuestiones domésticas. También hay que decir que el hecho de que el mundo laboral sea más restringido para las mujeres se debe al islam, que, a partir de la doctrina del Corán, considera que es el hombre el responsable del sustento de la familia y, en consecuencia, las mujeres son las últimas en recibir las ofertas de trabajo en épocas de crecimiento económico, y las primeras en ser despedidas cuando hay crisis.

UNA VEZ CITADA la condición religiosa de la gran mayoría de la población que vive en los 23 países árabes considerados, vale la pena reflexionar sobre el papel que desempeña el islam en estos territorios. Pese a que el príncipe saudí Talal bin Abdul Aziz, presidente del Programa del Golfo Árabe para las Organizaciones de Desarrollo para Naciones Unidas, escriba en un prólogo del informe que "la religión no tiene ninguna conexión con las prácticas erróneas que se llevan a cabo contra las mujeres", y que las sociedades árabes "dan primacía a la costumbre sobre el verdadero culto y proporcionan fundamentos para asumir que no tienen ninguna base en el Santo Corán o en las prácticas auténticas (o hadisos) del profeta", la religión mayoritaria de la zona está presente en el informe en cuestión. Valga como ejemplo que nada más empezar ya se explicita que "ninguna fuerza política puede pretender ignorar que la religión (el islam en particular) constituye un elemento crucial en el tejido cultural y espiritual del pueblo árabe". El problema radica también en el hecho de que estos condicionantes religiosos afectan tanto a las mujeres musulmanas como a las que no lo son.

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