La muerte y su enseñanza

COMENTARIO: El miedo a la muerte (y la creencia en el más allá de ella) es un elemento presente en las religiones, y una forma de intervenir en la libertad de las personas. Comprender la muerte como un fenómeno natural de todos los seres vivos supone afianzar la emancipación de las personas frente a quienes quieren dominarlas mediante la coacción que puede ser el miedo a la muerte. Una pedagogía para comprender y vivir la muerte favorece la autonomía personal y el derecho sobre nuestra vida y nuestra muerte.

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La escuela debiera educar la razón para la evolución interior y exterior, por este orden. Para ello hay que incorporar a la enseñanza y a la formación del profesorado lo que más importa. Si esto no se hace, puede que no podamos educar. ¿Por qué escamotear la muerte de la enseñanza? ¿Acaso desde los tres años el niño no sabe de la muerte? ¿Podría traducirse la muerte a una Pedagogía posible? Pretendemos desde nuestras investigaciones en Infantil, Primaria y Secundaria desarrolladas desde 1998 compartir conocimientos y propuestas sobre la práctica de la  Educación para la Muerte.

La Educación para la Muerte no es intervención psicológica en desastres y catástrofes, no es atención en cuadros de estrés postraumático, ni se ocupa de lo que corresponde una psicoterapia en casos de duelo no superado. Tampoco tiene que ver con la “enseñanza” basada en la creencia, la doctrina o los sistemas de identificaciones estructurados en torno a ismos. No es Psicología ni adoctrinamiento, sino nueva Pedagogía Aplicada. Es una apertura para la formación, que se apoya y construye desde la muerte como un ámbito de extraordinario potencial formativo. Es un camino para conectar la educación ordinaria con la Educación de la Conciencia, una rama de este árbol mayor. Desde ella se intentan dar pistas para replantear el sentido de lo que hacemos, tanto en la comunicación didáctica cotidiana como en los momentos en que debemos ayudar a asumir una muerte cercana. Proponemos debatir su viabilidad -como en su día ocurriera con la Educación para la Paz, con la Educación Sexual y para la Salud, con la Educación Vial, y el resto de los transversales consensuados3- como proyecto didáctico emergente. Pero no sólo para ser reflexionado, planificado y desarrollado por unos pocos docentes innovadores, sino para generalizarse expresamente en los currícula oficiales, en todos los proyectos curriculares y en las aulas de todos los niveles educativos. Se pretende ofrecer conocimientos que ayuden a definir una propuesta educativa para este ámbito desatendido y estrechamente relacionado con la formación humana. 

Preparar con y para la muerte es algo ahora ausente de las intenciones didácticas. Se pretende que los profesores reflexionen y fundamenten su enseñanza, el aprender, el desaprender y el reaprender en función de la (auto)formación en la que la muerte ocupe su lugar natural. Y todo para enseñar a los niños que morirse es tan normal como vivir. Siendo ésta nuestra pretensión, ¿con qué finalidades se puede asumir este reto? Distinguimos varias clases de finalidades asociadas sucesivamente complejas y educativas:

  1. Defensiva o tabuizada: Esta finalidad aspiraría a verificar la conveniencia de defenderse de la angustia, con la hipótesis de que, cuando el alumno está más familiarizado con la muerte, pudiera estar mejor preparado para asimilar y digerir tanto los miedos como las pérdidas significativas.
  2. Normalizadora o receptiva: Se trataría de dos cosas: por un lado, que lo natural fluya y organice nuestra mirada y nuestro proceder. Por otro, de no cometer grandes errores. La Educación para la Muerte no sólo sirve para deshacer nudos y aliviar angustias o miedos. Esta finalidad normalizadora incluiría a la primera (defensiva), porque la persona mejor formada estaría mejor preparada para asimilar los golpes que a la vida proporcionan las muertes de seres cercanos y queridos.
  3. Fenoménica o natural: Se desarrollaría como una didáctica centrada en el fenómeno, sin interpretación parcial o sesgada. Tomaría como paradigma (ejemplo) a la naturaleza y a los seres sintonizados con ella. A la luz de esto diremos que los animales suelen ser buenos maestros en el arte de vivir y de morir en sintonía con la naturaleza. Lo hacen espontánea, automáticamente, sin egocentrismo. Podría enfocarse como Conciencia de Finitud, al que toda vida va asociada.
  4. Innovadora o creativa: La Didáctica es innovadora por definición. La innovación es creatividad aplicada, casi siempre en contextos sociales. Toda innovación supone desidentificarse y perder algo, y reidentificarse con una opción superadora. Por eso, “la creación es un proceso de muerte” (L. Parada, 2006, comunicación personal) y de renacimiento permanente. Esto es un reflejo de la muerte biológica, que pudiera ser a veces un acto creativo.
  5. Didáctica o formativa: Se desarrollaría tomando a la formación como finalidad educativa. Desde la práctica educativa puede pretenderse que cada niño sea más y más consciente de que la vida no termina en cada uno, ni en sus contemporáneos, y de que tiene sentido contribuir a la mejora social desde la mejora personal y el conocimiento.
  6. Evolutiva o trascendente: Combinados, el sentido de la vida y el sentido de la muerte estructuran un tercer sentido que es el inevitablemente formativo y evolutivo. En efecto, la conciencia de la muerte propia orienta la vida espontánea, automáticamente. Por ello, la muerte es un contenido orientador de la vida (V. Frankl).

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