La moral sin sermón

Tal Cual / Este fue el título de un artículo publicado el 5 de junio de 2013, en Liberación , un diario francés. Sus autores fueron Nicolás Frank, profesor de filosofía y vicepresidente de la Asociación de profesores de filosofía de la enseñanza pública. El otro autor se llama Pierre Hayat, profesor de filosofía. Según dichos autores la enseñanza de la moral no será ni moralizadora ni doctrinaria.

Deberá ser laica, es decir, libre y razonada. Francia es un país republicano, la enseñanza moral es inseparable de la educación cívica. La enseñanza laica de la moral no implica ninguna concepción de un bien último o de su existencia. La moral propuesta se refiere a los únicos valores fundadores de la república: la libertad y la igualdad, la justicia, el respeto a la persona humana, la solidaridad.

Pero no basta con conocer los valores y las leyes y que, en un Estado, ninguna libertad es absoluta. La escuela no debe limitarse a enseñar a obedecer las leyes por miedo a la policía. Ella busca la disposición subjetiva del alumno. El autor cita a Bachelard: "Una educación moral debe formar una voluntad solitaria de acción social". La enseñanza debe aludir el interés general en la formación del educando.

Debe ser responsable de las consecuencias de su acción y comprender que perjudica al trabajo de los otros en algunas acciones suyas. Así, asciende del nivel de consumidor o de vendedor de competencias, en la que lo encierra la nueva escuela capitalista. ¿Puede la escuela de hoy despertar lo que significa el interés general? Aquí fracasan los sermones y la enseñanza cívica y puede acudir al estudio de textos o de obras culturales, análisis de dilemas, producción de expedientes individuales o colectivos.

Y aquí cabe la cita de Jaurés: la enseñanza cívica debe tener por alma el respeto de la persona humana, de la dignidad humana. Respecto de lo anterior podemos observar que los llamados valores socialistas (formados en la sociedad burguesa) no tienen sentido en un contexto social donde impera la violencia, las triquiñuelas jurídicas, en todos los estratos: en el poder judicial, en el legislativo, en el ejecutivo. Aquí no hay respeto de la dignidad humana. Todos los funcionarios disponen de un vocabulario que despoja a los seres humanos de toda dignidad.

Como dicen nuestros autores: Es vano esperar que la escuela enseñe valores que ella no logra imponer. La escuela enseña que cada uno se juzgue a sí mismo y juzgue también las normas de la sociedad existente. La conclusión del artículo es la siguiente: la instrucción prueba su valor moral cuando hace comprender que, en torno de la idea verdadera los hombres se hacen autónomos, iguales y solidarios.

En nuestra opinión, en ese artículo se encuentra presente Sócrates, según la interpretación de Hegel. El hombre moral analiza las leyes, las críticas y le da su apoyo a lo que considera verdadero. La enseñanza moral no puede excluir el conocimiento. Aquí no hay una moral para capitalistas, ni para socialistas. La moral, para ser tal, tiene que ser universal, válida para todo ser humano, capaz de pensar.

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