La mitad de los 70.000 inmigrantes de Navarra profesan una religión diferente a la católica

Lasheras admite que son un elemento identitario que en la mayoría de los casos facilita la llegada a una realidad desconocida

Las jornadas de la Cátedra Unesco, que se celebran en El Sario, continuarán el próximo martes con la presentación de un estudio sobre Navarra y las minorías religiosas. (IBAN AGUINAGA)

"Ellos entienden que la integración significa que tienes que ir cada noche a la discoteca, que tienes que beber vino… que tienes que dejar tu religión… lo que decimos nosotros es que hay que integrar de una manera positiva, para montar, no para destruir…", expone la responsable de una comunidad islámica de Navarra en un estudio de la UPNA presentado ayer en las jornadas de la Cátedra Unesco. En Navarra entre 30.000 y 35.000 inmigrantes pertenecen a una minoría religiosa mientras que otros 40.000, más de la mitad, son católicos. Asimismo, unos 10.000 autóctonos pertenecen a diferentes minorías religiosas (desde musulmanes hasta budistas) con credos evangélicos, mayoritarios entre la etnia gitana.

El elemento religioso puede ser un factor para impulsar los procesos de integración social de los inmigrantes, pero también puede llegar a convertirse en un "obstáculo" en determinados casos. Es, por tanto, un espacio "ambivalente", admite Rubén Lasheras, investigador del equipo ALTER de la UPNA, que ayer participó en las jornadas, organizadas por el centro universitario. En general, las religiones no distorsionan la convivencia porque "son un elemento identitario y generalmente produce más vínculos que rupturas con la comunidad autóctona porque facilita o prepara el entorno de llegada en muchos casos", destaca Lasheras. No renunciar a los componentes culturales, religiosos o identitarios que definen a los grupos religiosos debería ser, por tanto, uno de los puntos cardinales de todo proceso de integración. "Toda renuncia es vivenciada como un ataque directo a su identidad, siendo especialmente significativo en el caso de la comunidad musulmana, donde se evidencia un choque cultural importante", señala el coordinador del estudio.

carencias afectivas Entre los factores positivos, la religión puede ser una herramienta útil para satisfacer "carencias afectivas" ligadas al tránsito migratorio. Es el caso de las comunidades musulmanas, en las que la mezquita/oratorio actúa en una parte muy importante de la vida cotidiana de la persona recién llegada como "acogida y acompañamiento en el acercamiento a una realidad desconocida", y donde se suministran las primeras nociones básicas del idioma, recursos como la tramitación de documentación, ayuda económica en casos, etcétera.

Por otro lado, cuando diversas nacionalidades comparten una religión, se producen procesos de "entendimiento" para lograr que las diferencias culturales "no traspasen" el ámbito religioso. Esta realidad heterogénea es muy importante en el caso de las comunidades musulmanas donde concurren fieles de Marruecos, Bulgaria, Senegal, Bali o Bulgaria. En algunas situaciones puede no existir un idioma común y cuando lo hay, las diferencias también pueden ser significativas -ellos mismos reconocen que "no tiene nada que ver el estilo de vida argelino con el marroquí. Es como mezclar a un español y un colombiano"-. En materia religiosa se buscan por tanto "acuerdos básicos, se priorizan elementos como la oración conjunta sin atender a especificidades".

Otro elemento que actúa como nexo social se produce a partir de la convivencia de nacionalidades y autóctonos en el seno de comunidades religiosas. Ha ocurrido por ejemplo con los evangélicos. Desde estas entidades se fomenta el aprendizaje del idioma, incluso cultos bilingües, la capacidad de apoyo económico es mayor en comunidades con un alto porcentaje de autóctonos, y además se desarrollan actividades sociales.

obstáculos En el otro extremo, como claves religiosas obstaculizadoras de la integración, Lasheras destaca los procesos "secularizadores" en las sociedades occidentales europeas, y un cierto "rechazo social" que puede existir hacia lo religioso, "más si no pertenecen al contexto religioso católico mayoritario". También se dan "juicios negativos ante prácticas religiosas que tienen mayor impacto mediático y en el imaginario social". Es el caso del uso del pañuelo o determinadas prácticas de la iglesia de la Cienciología o Testigos de Jehová. Igualmente, se han censurado o se ha producido rechazo social ante prácticas que han resultado fuente de pequeños conflictos de convivencia como cultos musicales, agrupaciones humanas de relevancia, etc. El autor del estudio también apunta a procesos de segregación o espacios que no se llegan a compartir. Es el caso de la comunidad musulmana que no frecuenta por su religión bares o discotecas. "En definitiva, la falta de espacios comunes empuja a que los domicilios particulares concentren la mayor parte de las posibilidades de contacto con la población autóctona, lo que no resulta frecuente".

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