La ministra se alinea con Maragall y rechaza vetar el «hiyab» en clase

Cabrera y el «conseller» abogan por abordar los casos concretos sin reglamentos ni imposiciones Asociaciones de mujeres musulmanas y expertos defiendenlautilizacióndelpañueloenlasescuelas

Los colegios e institutos públicos de Catalunya cuentan este curso con unos 34.000 alumnos de origen magrebí. Algo más de la mitad de estos estudiantes son chicas, lo que permite aventurar que al menos unas 18.000 alumnas puede que un día decidan cubrirse la cabeza con un pañuelo. Muchas de ellas ya lo hacen, pero solo ha habido un caso, el de Shaima Saidani, una niña de 9 años que vive en Girona, que ha desencadenado un enorme alboroto. Por tanto, ¿es necesario regular el uso del hiyab en los centros educativos? Tanto el Gobierno central como el autónomico mantuvieron ayer que no.
Aunque desde determinados partidos políticos y organizaciones de padres se reclama algún tipo de regulación para evitar males mayores, el conseller de Educació, Ernest Maragall, lo dejó ayer claro: su departamento rechaza elaborar cualquier normativa al respecto e insiste en que «el derecho a la escolarización es lo primero». «Como tantas veces hemos demostrado en tantas escuelas de este país, sin necesidad de reglamento, ni imposiciones, ni ninguna regulación específica, podemos conseguir un nivel de convivencia, de respeto y de resultado positivos», afirmó el conseller, antes de pedir «tranquilidad» para que las escuelas y las familias puedan resolver el tema «positivamente».

TOLERANCIA Y FLEXIBILIDAD
Las declaraciones efectuadas desde el Gobierno central van en la misma dirección que las de Maragall. La titular de Educación, Mercedes Cabrera, defendió que en este asunto hay que manejarse con criterios de «flexibilidad y atención a casos concretos». «Las aulas tienen que ser espacio de convivencia y tolerancia. Tengo confianza en el criterio con el que los docentes puedan resolver situaciones complicadas», comentó la ministra, cuyo departamento rechazó también vetar el uso del hiyab o de cualquier otro símbolo religioso en las escuelas y lugares públicos.
La misma actitud mostró la secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Consuelo Rumí, quien subrayó que «no hay ninguna ley que prohíba el uso del pañuelo. El Gobierno no va a colaborar en un debate innecesario, inútil e interesado», remachó. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, también dedicó su atención al tema. Según él, el caso de Shaima Saidani es «una excepción», por lo que no se-
ría oportuno abrir un debate sobre la posibilidad de regular el uso del velo u otras prendas religiosas.

POSICIONES ENFRENTADAS
La discusión, sin embargo, está abierta, también entre los padres. La Federació d’Associacions de Mares i Pares de Catalunya (Fapac), el principal colectivo que agrupa a las familias del sector público, insistió en que el derecho a la escolarización es lo que siempre debe prevalecer. Esta organización, que consideró que «el uso de estos símbolos religiosos no es incompatible con proyectos educativos laicos», reclamó no obstante «que se deje a los centros educativos, con sus asociaciones de padres como parte fundamental de la comunidad educativa, llegar a acuerdos satisfactorios para todo el mundo mediante la mediación y el diálogo y sin interferencias exteriores».
La patronal de las escuelas religiosas concertadas españolas, FERE, que agrupa a 2.000 centros y suma 1,5 millones de estudiantes, discre-
pó. Su director general, Manuel Cobo, reivindicó la autonomía de cada centro para decidir si permite utilizar el pañuelo, lo mismo que uniforme, chándal o pantalón corto.
La minoritaria Federació d’Associacions de Mares i Pares de la Escola Lliure de Catalunya (Fapel), que agrupa a escuelas concertadas, reclamó ayer a Educació que pacte con la comunidad educativa un reglamento sobre el uso del pañuelo is-
lámico en la escuela. Según su portavoz, Antoni Arasanz, como no existe esta normativa, en el caso de Saidani, la conselleria «ha acabado desautorizando el proyecto educativo de un centro y un consejo directivo, lo que no debería volver a ocurrir».
Hubo incluso quien afirmó, como Isabel Bazo, la presidenta de la Confederación Española de Centros de Enseñanza, una patronal que apenas escolariza inmigrantes, que «el pañuelo es un signo que marca la inferioridad de la mujer respecto del hombre», argumento que desmintieron expertos y representantes de diversos colectivos.

HERRAMIENTA EDUCATIVA Mercè Amor, responsable del Espai Dona de la Asociación Sociocultural Ibn Batuta, rechazó esta idea –«hay tantos usos como pañuelos»– e incluso apostó por emplear el hiyab para educar en la diversidad: «Es una herramienta perfecta para hablar de otras culturas en clase».
Jordi Pàmies, investigador y profesor de instituto que escribió una tesis doctoral sobre la integración de los alumnos marroquís, aseguró que «muchos creen que un pañuelo islámico en la escuela significa un fracaso en educación, cuando no es así; son ellos quienes excluyen a estas alumnas». Es más, «la mayoría de los padres musulmanes quieren que sus hijas triunfen en los estudios, estén integradas en la escuela y, al mismo tiempo, les gusta que se sientan parte de la comunidad islámica».
Este experto dejó claro también que el hiyab no es sinónimo de discriminación, reflexión que compartió Fatu Seka, de la Asociación de Mujeres Gambianas de Catalunya, quien insistió en que esta prenda «no debe ser una barrera para la integración».

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