La ministra de Trabajo (PSOE), el alcalde de Guadalajara (PP) y otras autoridades en la procesión del Silencio y el Santo Entierro

Nueve pasos, cuatro cofradías y la belleza del silencio y el recogimiento a pesar de la multitud que rodea cada año a la Procesión del Silencio. Así puede definirse en pocas palabras a la Procesión del Silencio y Santo Entierro que pudo verse el Viernes Santo en Guadalajara.

Desde las 21.00 horas salían escalonadamente de Santa María la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, Cofradía de la Pasión del Señor y Cofradía del Santo Sepulcro del Cristo Yacente.

En el recorrido pudo verse, como otros años, al alcalde de Guadalajara, Antonio Román, al delegado de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Alberto Rojo, así como a otras autoridades, como la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, así como otros diputados nacionales o regionales.

La Cofradía de la Pasión del Señor salió con los pasos del Cristo de la Expiración, la Piedad y Nuestro Padre Jesús de la Pasión, vestidos con capirote negro y túnica morada. Quince minutos después les seguían los cofrades de Nuestra Señora de los Dolores, con los pasos del Calvario en la Quinta Palabra y la Virgen de los Dolores. Sobre las 21.30 horas era la Cofradía del Cristo Yacente del Santo Sepulcro, de negro y rojo, quien se posicionaba con su imagen titular y la Cruz Desnuda de Jerusalén para participar en este Santo Entierro. La última en incorporarse fue la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad con su imagen titular y el Cristo del Consuelo. Respecto a los pasos hay que recordar, por ejemplo, que el paso del Calvario en la Quinta Palabra es una escena que contiene cinco imágenes, San Juan, la Virgen de los Dolores, Cristo crucificado, María Magdalena y María de Cleofás. Por otra parte, mientras que los pasos de la Cofradía del Cristo Yacente fueron portados por banceros, la Virgen de los Dolores procesionó sobre una carroza de madera y bajo palio pero sin costaleros. El Santo Sepulcro, que fue portado por 24 barceros, es una impresionante obra recientemente restaurada en los talleres de Horche de Artemartínez que este año ha cumplido 25 años que es sacado a hombros en esta procesión.

Los tambores, las dulzainas y las matracas fueron en muchos casos los únicos sonidos de la noche del Viernes Santo.

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