La manzana de la discordia en un jardín bíblico

Mussa Odieh está realmente dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias. "Paso a la clandestinidad. Defenderé mi casa, incluso cuando quede enterrado bajo los escombros", afirma el padre de cinco hijos, de 52 años.

Desde hace diez generaciones, su familia está asentada al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén. De acuerdo con un plan urbanístico para la construcción de un parque bíblico en Jerusalén Este, deberán demolerse 22 de las 88 viviendas palestinas.

Sorpresivamente, Odieh y los demás afectados, unos 1.500 habitantes, obtuvieron un plazo de gracia. En forma muy excepcional sucede que el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu se involucre en decisiones municipales.

Pero en este caso, el premier debió accionar el freno de emergencia y le comunicó al alcalde de Jerusalén Nir Barkat que la administración municipal debía tomarse más tiempo para hallar una solución junto a las familias árabes afectadas.

Es probable que se haya visto movido a tomar esta decisión ante la perspectiva de una nueva ola de violencia y posibles protestas internacionales.

Los planes del parque bíblico alteran los ánimos de las poblaciones judía y árabe en Jerusalén como prácticamente ningún otro proyecto.

La zona que se ubica en un valle es conocida en árabe como Al Bustan (el jardín), y en hebreo, como Gan Hamelekh (el jardín del Rey).

"Éste aquí es un centro (…) del universo judío", declara Daniel Luria de la organización nacionalista religiosa Ateret Cohanim. Para Luria, se trata del segundo sitio sagrado en importancia tras el Muro de los Lamentos en Jerusalén.

De acuerdo con la tradición, el entorno del jardín, con sus árboles de higos, almendras y olivos habría inspirado hace unos 3.000 años al rey Salomón para su Cantar de los Cantares y al rey David para sus salmos.

El microcosmos a las puertas de la Ciudad Vieja de Jerusalén es un ejemplo ilustrativo de la situación completamente estancada en Cercano Oriente. La población árabe-palestina cree que Israel quiere forjar más hechos concretos antes de dialogar para llegar a una solución negociada.

"Jerusalén Oriental está ocupada", afirma el portavoz del comité cívico Abu Diab Fajri. "Ellos solamente quieren que acá vivan más judíos que árabes", asegura.

Jerusalén Este fue ocupado por Israel en la guerra de 1967 e incorporado en las fronteras municipales de la ciudad bajo jurisdicción israelí, lo que la gran mayoría de la comunidad internacional no reconoce.

El alcalde Barkat desestima todas las críticas y se ve mas bien como una especie de salvador que solamente desea mejorar la calidad de vida de los palestinos.

Cuando se hayan demolido las viviendas de las familias árabes, se erigirá un parque bíblico con casas de departamentos, restaurantes, negocios y pequeños hoteles que crearán puestos de trabajo, dice.

Además, nadie quedará sin techo, ya que en otros lugares se construirán viviendas nuevas, explica Barkat. Actualmente los ciudadanos viven bajo "condiciones no tolerables" e inhumanas, consideró. No hay calles, escuelas ni negocios, agrega.

"Son todos residentes ilegales", apunta Barkat, señalando que la mayoría de las casas fueron construidas sin permiso.

Lógicamente Odieh tiene una postura completamente diferente. En este marco, presenta un viejo certificado de la época de la fundación del Estado de Israel que, según dice, asegura que su familia es propietaria de los terrenos. Además, señala que pagó impuestos por su vivienda.

"Respetamos la historia, pero no tenemos respeto por ella cuando se convierte en un medio político para expulsar a personas de sus casas", dice Fajri, del comité cívico. "Jamás nos iremos", asegura con firmeza.

"Los israelíes no tendrán paz mientras que los palestinos no puedan vivir en paz", dictamina.

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