La manipulación política de los obispos paraguayos

Una de las actitudes más lamentables ante las elecciones municipales fue la de la cúpula de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), que intentó manipular el sentimiento religioso de los fieles católicos para que votaran por uno de los sectores políticos.

A cuatro días de las elecciones, los obispos visitaron al presidente Horacio Cartes para felicitarlo públicamente «por todo lo que está haciendo a favor de la vida y la familia», como destacó el arzobispo de Asunción y presidente de la CEP, Edmundo Valenzuela.

En ese contexto, era una pública adhesión al iracundo jefe de campaña de la ANR, el que amenazaba con «teñir de rojo al Paraguay con municipios colorados». Sobre todo, porque emulaba al pronunciamiento de la Asociación de Iglesias Evangélicas del Paraguay (Asiep), que llamó a votar en contra de los intendentables opositores en Asunción, Mario Ferreiro y Ricardo Meyer, por presuntamente estar a favor del aborto y del matrimonio igualitario, cuando los intendentes no deciden sobre legislaciones de carácter nacional y la gestión debe ser laica.

«No podemos votar por gente que promueve el aborto y la ideología de género, que atentan contra la vida», dijo monseñor Valenzuela, evitando aclarar si la corrupción, la marginación, el autoritarismo y la pobreza no atentan también contra la vida.

En un país en donde más del 90% se declara católico, la «orientación» de los pastores induciendo al voto debería haber tenido un efecto de arrastre masivo, pero no fue así. En Asunción, el candidato «a favor de la vida y la familia» perdió por más de 20.000 votos, muchos de ellos católicos, igual que en muchas otras ciudades del país.

Una vez más, un sector predominante de los obispos paraguayos eligió ubicarse del lado de los que tienen el poder, por más cuestionado que este sea por la gente. Una vez más, les dieron las espaldas a las ansias de cambio y de mejor gobierno de un amplio sector de la ciudadanía, incluyendo a miles de católicos y católicas.

Es deplorable el giro conservador y antidemocrático en que persisten los obispos paraguayos, los mismos que en junio de 2012 apoyaron el golpe parlamentario contra un gobierno electo.

¡Qué diferencia con aquella Iglesia solidaria de los obispos como Bogarín, Rolón o Maricevich! ¡Qué diferencia con la Iglesia abierta a los cambios que promueve el actual papa Francisco! Por fortuna, algunos obispos –ni siquiera son todos los obispos paraguayos– no son toda la Iglesia.

La Conferencia de Religiosos del Paraguay (Conferpar) marcó la gran diferencia, cuando salió a contestar a sus pastores con otro pronunciamiento: «No podemos, como cristianos, votar por políticos corruptos, sin compromisos con los más necesitados».

Por fortuna, muchos católicos y católicas a ellos sí les hicieron caso.

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