La ley del aborto de Gallardón, como Dios manda

Dice nuestro beato ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, que él tendría un hijo con malformaciones graves. Cabría puntualizar que salvo que la ciencia en nuestro país avance a marchas forzadas, y no parece que el PP esté facilitando ese camino, de momento quien tendría su hijo con malformaciones tendría que ser su esposa o su amante, si la tuviere, que no digo yo que la tenga, sálveme Darwin de hacer semejante afirmación. Hecha esta puntillosa pero importante anotación es de suponer que Alberto y su esposa o amante, insisto en que se trata de una simple figuración, deben compartir, además de cama, las mismas creencias en un ser superior que no perdona que malgastemos semen y óvulos sin ton ni son.

Pero ¿qué ocurriría si nuestro culto y, otrora, progresista ministro hubiera tenido la mala suerte de compartir su sagrado semen con el óvulo de una mujer impía, que en vez de buscar en el sexo la mayor gloria de nuestro creador, hubiera pretendido sólo obtener placer? Vale, es cierto, me cuestionarán ustedes que una mujer que busca placer no se lía con Alberto, pero ya saben ustedes las muchas desviaciones que existen en el tema sexual. Permítanme la licencia y sigamos adelante con el razonamiento. En ese caso, ¿Ruíz Gallardón obligaría a su esposa o amante a tener el hijo en contra de la voluntad de ésta? ¿Cómo lo haría? ¿Le retiraría el pasaporte para que no pudiera abortar en el extranjero? Aún así existiría la posibilidad de hacerlo en España de forma clandestina ¿la encerraría entonces en casa?

Sigamos dando alas a la imaginación, supongamos que la mujer o amante de Alberto consiguiera escapar de casa, encontrara una clínica abortiva clandestina y consumara el pecado mortal. ¿La denunciaría el señor ministro, como es su deber, ante la policía? Pero con la nueva ley las mujeres que aborten no podrán ser condenadas a prisión, en ese caso, ¿qué hará Alberto con su díscola compañera de fluidos? Quizá arrastrarla hasta la iglesia y obligarla a confesar y a expiar su pecado siguiendo las directrices del sacerdote (en el caso del ministro mínimo un cardenal). Y después de todo este periplo, ¿qué hacer con una persona capaz de tan atroz crimen? Abandonarla no sería un acto cristiano.

A Alberto, desde luego, sólo le quedaría la solución de quedarse con ella bajo un estricto control. Sin duda, abstinencia sexual y someterla a una estrecha vigilancia para evitar que pudiera relacionarse con otros hombres y evitar así que volviera a incurrir en el pecado. Y para el resto de hombres de bien que creen en el mismo ser superior en el que cree el señor ministro y que, por lo tanto, consideran que el aborto es un crimen contra el que hay que luchar ¿qué derechos les otorga la ley sobre sus mujeres, novias o amantes para que puedan evitar el asesinato de sus hijos aún no nacidos?

Considero que la ley de Ruíz Gallardón se queda corta, porque su verdadera esencia no es si el aborto es o no legal, sino si las mujeres pueden disponer o no libremente de su cuerpo. Establecido por la ley que no pueden hacerlo, el ministro debería tomar ejemplo de otros países, con creencias en seres superiores muy parecidas al cristiano, pero mucho más avanzadas en este tipo de controles.

Se podría empezar por imponer el uso del burka, evitando así la tentación a otros hombres de desear a nuestras mujeres. La prohibición de conducir si no van acompañadas por el marido o un hermano ayudaría a tener un mayor control de sus movimientos. Quizá la ablación pueda sonarles un poco dura, pero se ha demostrado muy eficaz contra el deseo y, teniendo en cuenta que Alberto y la santa madre Iglesia sólo entienden el sexo como el medio para glorificar a Dios con la procreación, el placer sólo puede ser considerado como una puerta al pecado. La cárcel no es lugar para nuestras mujeres y supone una vergüenza para los hombres a quienes pertenecen, pero una lapidación de tanto en tanto quizá sería ejemplarizante.

Señor ministro, si de verdad cree que las mujeres no están capacitadas para decidir sobre lo que pueden hacer con su cuerpo, si en serio cree que abortar es un brutal crimen porque el feto tiene alma desde el momento de su concepción, si considera que evitando que las mujeres aborten las salva de la condenación eterna, sea valiente por una vez en su vida y apruebe una ley como Dios manda.

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