«La Ley del Aborto conlleva un racismo genético»

Entrevista a José Mazuelos, Obispo de Asidonia-Jerez (Selección de parte de la misma por www.laicismo.org, si desea leerla completa pulse en el enlace externo)COMENTARIO: El obispo de Jerez sigue sin enterarse de que una cosa es su feligresía y o

COMENTARIO: El obispo de Jerez sigue sin enterarse de que una cosa es su feligresía y otra la ciudadanía. Tampoco se entera de que nadie le impide celebrar sus fiestas, tener sus cruces, no abortar,… Pero él si pretende que todos tengamos que celebrar sus fiestas, ver sus crucifijos en el espacio público o imponer su moral sobre el aborto, como si fuese la única y verdadera moral.


Entrevista a José Mazuelos, Obispo de Asidonia-Jerez (Selección de parte de la misma por www.laicismo.org, si desea leerla completa pulse en el enlace externo)

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—Como alguien que viene de fuera, su relación con las llamadas ‘fuerzas vivas de la ciudad’, ¿le ha chocado? Y sobre todo ¿cuáles ha visto usted como estas fuerzas vivas, la política, la social, la cofrade,…?
—Con los políticos no he tenido ningún problema y ya lo dije el Día de San Dionisio, que veía una laicidad positiva. Y es que la misma zambomba hace una armonía entre lo que es la cultura, la sociedad y también la Navidad. Por que se celebra la Navidad, se celebra el Misterio de la Encarnación y vemos que podemos vivir un laicismo positivo. Creo que en nuestra sociedad, en nuestro pueblo, todo esto de los crucifijos nos molesta, porque es como una injerencia. Es como decir, déjenos tranquilos, que nosotros sabemos vivir con nuestros crucifijos, con nuestras fiestas,… No nos vengáis a imponer ahora una serie de cosas desde el mundo político. Por eso, nuestros políticos no se deberían meter en esto. Es como entrometerse en las entrañas de un pueblo.
—No pensaba entrar en estos temas tan rápido, pero ya que lo saca… ¿No cree que una parte de la Iglesia no está entrando en el juego de la política?
—Creo que no. Mire, aquí hay que superar el nacional catolicismo y el nacional agnosticismo que se quiere implantar. Hay una cierta generación, que son muchos de los que ahora están gobernando, que tienen metido lo que era el nacional catolicismo, pero ahora va a ser el nacional agnosticismo. Y la Iglesia, después del Congreso Vaticano II y después de la transición, ha aprendido a estar en democracia, porque siempre ha tenido una gran democracia y esa es la suerte de ser católicos, con sus más y sus menos. Y la Iglesia ha aprendido que como ciudadanos somos también responsables de las leyes y ha aprendido a decir a un Gobierno que no quiere que la virtud se imponga, porque ella no está dispuesta a que su virtud se imponga. Es decir, no pedimos que todo el mundo aprenda moral católica, pero tampoco que se imponga una moral laica en nombre de la Educación para la Ciudadanía. La Iglesia sí cree que todo el mundo debe aprender la justicia, el respeto, el saber qué es un ciudadano, que debe participar, que debe respetar al otro, por tocar un poco lo de la Educación para la Ciudadanía. Pero se quiere imponer ahora una moral, pero una moral discutida, porque se quiere imponer una moral desde la ideología de género. Y mire usted, déjeme a mí libre con mi hijo y no me imponga esa moral. Impóngasela a sus hijos si usted quiere, pero no al mío. Otra cosa es la justicia. Ahí debemos ir todos juntos, pero si se tocan temas que violan la justicia, evidentemente la Iglesia no se puede callar.
—Estamos hablando del aborto…
—Hablamos del aborto, que es hablar de la justicia, que es un pilar de la democracia y uno de sus fundamentos, como son la igualdad y el respeto a todos los seres humanos. Aquí se aprueba una ley en la que ya todos los seres humanos no tienen la misma dignidad ni tienen igualdad. Se mina la igualdad. Y la incoherencia de esta ley es que se dice que hasta los tres meses y medio no tienen los seres humanos dignidad. Se establece una ley que dice que hasta cierta edad, los seres humanos no tienen dignidad. Ningún ser humano tiene dignidad de cero a tres meses y medio. Se podría decir que se ha decidido así y por mayoría, aunque me extraña que esto se pueda decidir por mayoría porque, generalmente, cuando se ha decidido así siempre había detrás muchos intereses económicos y políticos. Pero suponiendo que esto fuera así, se da otro paso más y se quiere meter por ley un racismo genético. ¿Por qué? Porque dice usted que los síndrome de down no tienen dignidad. Y eso, que me dejen a mí de historias, es violar la justicia. Y ante eso, debo exigirle y decirle al Gobierno, como ciudadano, que no estoy de acuerdo con esa ley que viola la justicia. Que estoy totalmente en contra.
—Pero una cosa es decirlo, que es la esencia de la democracia, y otra dar el paso de salir a la calle, de amenazar con la excomunión,… ¿A lo mejor no se está enredando todo un poco más de la cuenta?
—No. En democracia salir a la calle es una de las grandes armas de la libertad de expresión que tenemos. Y, de hecho, en una dictadura lo primero que se prohíbe es salir a la calle y lo primero que hace la democracia es poner la calle para que los ciudadanos se expresen. Y la Iglesia, siguiendo los principios democráticos, no sólo ha expresado que esa Ley va en contra de la justicia, sino que además sale a la calle y dice que no estoy de acuerdo con esta ley, que no quiero ser responsable de esa ley. Una ley que abre la puerta para que no todos los seres humanos tengan dignidad. Y creemos que todos los seres humanos deben tener dignidad y que las leyes deben salvaguardar esa dignidad de todas las vidas humanas.
—En cualquier caso, ¿no se les ha ido de las manos a todo el mundo, al Gobierno, a la cúpula de la Iglesia, a los partidos, este conflicto? ¿No se ha radicalizado demasiado el debate y lo que debería ser un debate más sereno, que refleje el sentir de toda la sociedad, se ha quedado en blanco o negro, en a favor o en contra?
—No creo que sea blanco o negro ni que se haya radicalizado. Aquí lo que se ha promovido es un proyecto de ley y quien se ha felicitado cuando se ha probado ha sido el Gobierno. Ahora, si esto es lo políticamente correcto y todo el mundo debe asumirlo… pues pienso que no, que en una democracia no podemos entrar ahí. Y si estamos en una democracia hay que oír otras voces. Y lo que estamos diciendo es que usted está llevando un debate, en la que está en juego la vida de los seres humanos y su dignidad, y lo lleva a creyente o no creyente, a derecha o a izquierda. Y nosotros no estamos por ahí, estamos en un debate humano, porque en el fondo lo que hay es la dignidad de los humanos, no si se es creyente o no, de izquierdas o de derechas. En el fondo lo que está aquí es la vida de muchas jóvenes, de muchas mujeres que va a tener una depresión grande con el síndrome postaborto, que tampoco se les informa, lo que está en juego son esos síndrome de down, que da la casualidad de que ya sólo nacen un 10% de estos casos. Y qué pasa ¿que el síndrome de down tiene menos dignidad que el resto? Yo me niego a eso. No creo que haya que llevar a una madre al aborto, sino todo lo contrario. Hay medios para que ese niño con síndrome de down pueda ser autónomo, que no sea una carga para nadie. Hay gente con este síndrome que es más feliz y no sabemos quién lo es más, si el que con menos se conforma o el que, en una sociedad donde lo normal es una máquina de consumo, lógicamente sobran los débiles.
—Me sorprende mucho este planteamiento, y no lo digo como crítica…
—… yo soy médico, he estudiado bioética, sé lo que hay detrás de todo esto y por eso soy tajante. Y le digo más, hace unos años, se podría poner en duda sobre si es persona o no es persona, pero hoy día con los avances de la genética, de la embriología, de la ecografía,.. lo que digo es que va contra la razón y, además, todos los científicos están en contra. Cuando uno ve una ecografía tridimensional de tres meses y una semana y luego una de tres meses , una semana y un día, no hay ninguna diferencia. ¿Cuál es el criterio? Y usted dice que tengo que asumir ese criterio y no lo puedo hacer. Ahora, ¿que se trata de ponerse una venda y decir que se tiene que decir esto por que es lo políticamente correcto? Pues yo le digo que no.
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¿Tiene que ver con esta Ley del Aborto? Creo que sí.
Que tiene mucho que ver, porque toda Ley del Aborto viene cimentada en una eliminación de la transcendencia de la vida humana, de la eliminación de la vida humana; en unos derechos por encima de otros, en que unos humanos tienen más derechos que otros en función de la edad; no existen deberes. Y si se sigue fomentando una sociedad y un hombre materialista, que se va construyendo en que el hombre es pura materia, si seguimos echando de comer a este materialismo, con estas legislaciones, con esas educaciones de género, que no es más que puro materialismo, después nos olvidamos que las personas descubran la transcendencia, porque es la transcendencia del ser humano lo que nos hace ver que yo tengo una responsabilidad, un deber contigo, que tengo una necesidad y una obligación con los más débiles, que debo ser solidario. Por eso el Papa dice, en su última encíclica, que no es posible un desarrollo integral el ser humano si no tenemos una concepción integral de la persona humana. Entonces, creo que la Iglesia tiene más credibilidad en su mensaje. Y la crisis ¿cómo le afecta a la Iglesia? Pues haciendo el triple de esfuerzo, para darle de comer a tanta gente.

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—Hablando de patrimonio, ¿hay intención de seguir en esa línea de recuperación de los templos?
—Sí. Nos guste o no nos guste, una parte del patrimonio de este pueblo es de los católicos y al mismo tiempo el Estado tiene una obligación de buscar el bien común. Y este bien es promover nuestras raíces, de conservar nuestro patrimonio. La Iglesia está abierta a conservarlo y entre todos debemos buscar el bien de todos los ciudadanos.

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