La Laicidad y la democracia

Si la laicidad reclama la separación del Estado y de la Iglesia es para defender las libertades esenciales de todos los hombres y eliminar las desigualdades entre los ciudadanos a causa de sus creencias y de sus opiniones.

La dimensión política de la laicidad es la democracia. La laicidad y la democracia tienen los mismos fundamentos: las libertades individuales,  el respeto de todas las convicciones y creencias, y la igualdad de todos los ciudadanos ante la justicia y ante las decisiones de los gobiernos. Los gobiernos no pueden tomar decisiones en contra de los intereses de unos, para favorecer los intereses de otros. El interés global de todos los ciudadanos es la responsabilidad principal de los gobiernos de un estado democrático.

Si la laicidad reclama la separación del Estado y de la Iglesia es para defender las libertades esenciales de todos los hombres y eliminar las desigualdades   entre los ciudadanos a causa de sus creencias y de sus opiniones. Cuando la Iglesia y el Estado gobernaban juntos los pueblos, la historia nos ha enseñado que los principios y dogmas de la religión se imponían a todos los ciudadanos. El Estado laico, nació en Europa a partir de la Revolución francesa y del deseo del pueblo de liberarse del absolutismo monárquico y del autoritarismo religioso.

La necesidad  de la separación de la Iglesia y del Estado ya se manifestó al final de la Edad Media, en la época en la que se estaban construyendo los Estados-Nación de Europa. “Un Estado no podría desarrollarse mientras que la Iglesia pretendiera  su autonomía y su superioridad en el gobierno de los Estados. El cuerpo político no podía tener dos cabezas, no podía regir dos organizaciones paralelas sin dejar de ser un cuerpo. El Estado-nación en formación rechazaba la distinción permanente que se hacían de las ideas bíblicas y de competición  irremediable entre el poder espiritual y el poder temporal”

En el siglo XVII, filósofos y escritores, se manifestaban con sus escritos a introducir en la sociedad la idea y el concepto de “La Laicidad del Estado”.

La Iglesia, en la Edad Media gozaba del privilegio- “privilegio du for”-, que le concedía el derecho de tener una jurisdicción propia para todos los miembros del clero. La sociedad quedaba dividida en dos clases jurídicas, la civil y la eclesiástica. La clase eclesiástica era privilegiada en derechos, lo que no era bien visto de la parte de muchos ciudadanos. En Italia, aparecen las primeras críticas en los escritos de Marsile de Padua (1275-1343). Este profesor universitario, en una de sus obras “El defensor de la paz” decía: “es un error de suponer que la Iglesia pueda tener un cierto poder legal y una cierta fuerza coercitiva…  o que la Iglesia sea exenta del impuesto ordinario”

El Renacimiento, con la evolución del pensamiento medieval al pensamiento humanista, comienza la evolución hacia un nuevo modelo de estado, la democracia y el laicismo.

Si el laicismo defiende la separación del Estado de la Iglesia, algunos por confusión o ignorancia  le acusen de ser el enemigo del cristianismo. El laicismo es democrático, no es el enemigo de nadie, respeta la libertad de conciencia de todos. El laicismo, cierto, no admite ni las discriminaciones, ni los privilegios en un Estado democrático, tampoco admite el fanatismo ni la intolerancia, por no ser valores democráticos. El laicismo hace una diferencia entre el cristianismo y la Iglesia por ser dos entidades y conceptos distintos.

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 “amaros los unos a los otros como yo os he amado” Juan 13-34. “Amaras a tu Señor de todo tu corazón, de toda tu alma. Amaras a tu prójimo como a ti mismo” S. Mateo. 35-40

El cristianismode los primeros tiempos, definió “la Caridad” su primera virtud y la esencia del cristianismo: amor a Dios y amor al prójimo como a ti mismo. Todos los hombres son iguales, una novedad en una sociedad donde mujeres y esclavos eran considerados diferentes. Engels, calificó al cristianismo primitivo como la religión de los oprimidos, pero que tres siglos más tarde, cuando el cristianismo pasó a ser la religión del Imperio Romano, las cosas cambiaron, tal  como lo conocemos en los estudios de la Iglesia y del Papado.

“La Iglesiaes una construcción de hombres. El cristianismo no es un proyectoterrenal, ni un proyecto político para este mundo”, es lo que afirmaPaul Veyne, especialista en el estudio del cristianismo. Cuando Jesús dice a Pedro sobre esta piedra fundaré mi “Ekklesia, designa la asamblea de creyentes en la vida celeste y no la creación de una institución eclesiástica como la conocemos. Esta es también la conclusión de diversos analistas de los textos del evangelio. El concepto de iglesia universal en la que se reúnen todos los creyentes, a la luz de las realidades es un mito. Desde muy temprano en el cristianismo aparecen divergencias en interpretaciones y opiniones que van a dividir a los creyentes y aparecer una clase de creyentes: los heréticos. Dentro de la iglesia no es posible pensar diferente, llegando al paroxismo de la persecución  con una nueva institución: la Inquisición, fuera de todas las normas de la Caridad y de los principios predicados por el evangelio.

En un momento de la historia del continente toda Europa era cristiana. La  cristianización de Europa no fue un acontecimiento espontaneo de conversión de los pueblos, era una imposición de los monarcas, que cuando se proclamaban cristianos todos sus sujetos eran cristianos de hecho. Las convicciones cristianas no dependían de la libertad de conciencia, se imponían por las autoridades políticas y religiosas  que dominaron los pueblos.

La Iglesia llega al apogeo de su poder e influencia en la Edad Media. El espíritu cristiano del evangelio hacía tiempo que fue abandonado por la ambición del poder y la acumulación de riquezas, por el lujo y un protocolo vaticano que hacia sombra con el de las cortes de los príncipes y reyes de estos tiempos.

 “En la Edad Media, la Iglesia no es un Estado, es el Estado. La Iglesia había asimilado del Imperio Romano su teoría de la jurisdicción absoluta y universal de la autoridad suprema, y la desarrolla en la de la plenitud de su poder (plenitudo potestatis) del papa. El Papa era el dispensador supremo de la ley, la fuente del honor, comprendido el honor real, y la única fuente terrestre legítima de poder, el fundador legal sino de hecho de las congregaciones religiosas  y de las grandes universidades,  el supremojuez y divisorentre las naciones, el guardia del derecho internacional, y el vengador de la sangre cristiana.” J.N. Figgis. (1866 – 1919) historiador y filósofo inglés.

La Iglesia más preocupada, en un ambiente general de incertidumbre, por conservar el poder terrenal, que por la doctrina del evangelio, ni siquiera ya se hablaba de los principios del cristianismo.-Erasmus-.

Al comienzo del Renacimiento, la Cristiandad se encuentra divida en dos bandos: católicos y protestantes; resultado de las dos grandes reformas, la luterana y la del Concilio de Trento. Esta división será razón para las guerras de religión entre cristianos. La mejor estrategia utilizada por los creyentes era la eliminación física de sus adversarios.

En el mundo de hoy, la Iglesia no es una referencia en valores morales ni creencias para muchos de los ciudadanos. La iglesia católica se ha convertido en una multinacional más en el sistema económico. La jerarquía eclesiástica está totalmente desconectada de las realidades sociales y del avance de los conocimientos científicos. Un muro de incomprensión la separa del mundo de los hombres e incluso de muchos católicos.  

Una ilustración la utilización del preservativo es un pecado, y es una ofensa a Dios, y esto porque así lo ha proclamado un hombre vestido de blanco. La inteligencia humana es incapaz de comprender  como un acto si banal puede tener consecuencias tan nefastas para los católicos y puede ofender al mismo creador de la humanidad.

Por otro lado, los mismos pecados que la iglesia condena los encontramos al interior de la institución católica. Los escándalos, que antes podían ocultar la jerarquía católica, ahora aparecen en los títulos de la prensa mundial.

La sexualidad, tan castigada por la moral católica se presenta en abusos sexuales a menores por religiosos en muchas partes del mundo como hechos habituales conocidos por la iglesia y silenciados por responsables compresivos de la fragilidad de la carne que ni el voto de castidad puede dominar. La homosexualidad condenada y transformada en la más denigrante perversión de las realidades humanas pero que también presente en los miembros de la iglesia, ya que en la creación del hombre a su imagen y semejanza también creo la homosexualidad. Incluso en la curia vaticana existe una organización homosexual, justo para permitirse la licencia de disfrutar del fruto prohibido.

¿Cómo entonces dar crédito a la abstinencia predicada, hasta el momento del matrimonio, si les es imposible a aquellos, que renunciando al mundo,  pronunciaron el voto de castidad?

El dinero y el poder “lo que más corrompe al hombre y lo aleja de Dios”.La Iglesia a partir del siglo VI, y al amparo de la protección de emperadores del Imperio Romano, comienza su carrera hacia el poder y las riquezas. El papado establecido en el lujo y el fasto lo remplazo por la humildad y la pobreza evangélica. El Vaticano, con su banco, ha sido la plataforma especializada en los fraudes fiscales y el lavado del dinero. Mantuvo relaciones privilegiadas en negocios ilícitos con las mafias y organizaciones de dudosa legalidad. El Vaticano, es reconocido hoy como el mayor propietario de inmuebles del mundo. La Iglesia posee riquezas  desconocidas al mundo. De los pocos datos que conocemos sobre las riquezas de la Iglesia, ha salido a la luz últimamente la fortuna de la iglesia católica alemana: 170 millares de euros.

La Iglesia no es una institución ni transparente ni democrática. La Iglesia posee una organización eficaz para ocultar al mundo su patrimonio. Sociedades artificiales le sirven a mantener un entramado secreto para que sus capitales financieros no puedan transcender para el conocimiento de quienes son los verdaderos propietarios. 

Todo lo hasta aquí presentado son razones objetivas para que el movimiento laico reclame la  separación inmediata de la Iglesia y el Estado. Pues, no son lo mismo las creencias individuales y la institución eclesiástica. La laicidad respeta la labor de muchos creyentes, que fieles al espíritu del evangelio, eclesiásticos y laicos, hombres y mujeres acogen y ayudan a los necesitados, sin discriminación y sin juzgarlos por su forma de vida o por sus opiniones.

La situación en nuestro país presenta unas particularidades heredadas de nuestra historia y de la influencia ejercida por la Iglesia en la sociedad. A pesar que la Iglesia, ha perdido poder, es protegida por la derecha, no tanto por una convicción en la moral católica, sino por sus intereses partidarios. Pues,  si, la iglesia se ataca a la sexualidad y a la reproducción, calla cuando se trata de la corrupción y de los abusos del poder de su protector.

Una Constitución aconfesional,que puede ser interpretada, por su ambigüedad, por el partido de turno al gobierno, es una confusión para el pueblo y una forma de conservar los privilegios de una institución de la que desconocemos cual es su patrimonio,  en inmuebles y capitales exentos de impuestos, ni de donde procede el dinero que alimenta su capital.

El movimiento laico, reclama la transparencia, el final de los privilegios, ya que lo uno y lo otro son exigencias de los valores morales a la construcción y el progreso de una nación.

El movimiento laico, no busca un interés particular para su asociación, busca solo el interés general y la misma justicia para todos. El movimiento laico es una asociación de la sociedad civil, sin vínculos con grupos de interés u dogmáticos, y no depende de ningún partido político. Los socios tienen procedencias diversas profesionales y sociales. El movimiento laico es un movimiento internacional, no sólo en la civilización del Occidente sino también en países de influencia musulmana. La finalizar común a todos es la separación del Estado de toda religión,  como principio indispensable a la formación de un sistema político democrático que pueda permitir la convivencia pacífica entre los hombres y entre las naciones.

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