La laicidad da otro paso con el futuro nombre de las vacaciones escolares

Algunos colegios eliminan los «pastorets» para «no herir la sensibilidad» de otras religiones y de los ateos El cambio de las fiestas de Navidad por las de invierno coincide con el declive de la religión en las escuelas

Lo que puede parecer una pura y simple anécdota, que el Consell Escolar de Catalunya haya aprobado una propuesta para cambiar el nombre de las vacaciones de Semana Santa y Navidad por «vacaciones de primavera» y «de invierno», puede entenderse también como un paso más hacia la plena laicidad de la sociedad. Con todas las consecuencias que ello acarrea. Sea por razones organizativas o pedagógicas; sea porque desde algunos ámbitos se apuesta por fomentar la diversidad cultural y religiosa minimizando al máximo las exhibiciones de raíz católica, o sea, simplemente, porque los ciudadanos son cada vez menos creyentes, varios elementos propios de la tradición cristiana han perdido la presencia de antaño e incluso se han convertido en algo completamente desconocido para los jóvenes.

‘PASTORETS’ Y PESEBRES
Dos tradiciones puestas en jaque

Asegura Josep Maria de Ramón, presidente de la Coordinadora de Pastorets de Catalunya, que esta tradición está en plena forma. Aunque con varias diferencias con el pasado. «En su origen, los pastorets tenían una función catequizadora y ahora se han convertido más en un espectáculo que mantiene sus raíces pero en el que hay participantes de toda índole, de muy religiosos a agnósticos».
Pero la diferencia no acaba ahí. La cuna donde antiguamente nacía el interés por estas representaciones, la escuela, está empezando a darles la espalda. Algunos colegios públicos han eliminado estas funciones, y también los pesebres, «para no herir la sensibilidad» de familias de otras religiones o ateas, explica la directora de uno de estos centros. «Se trata de una postura errónea –critica Joan Estruch, director del centro de Investigacions en Sociologia de les Religions de la UAB–. Estas tradiciones tienen una dimensión más que religiosa y, siempre que no traten de adoctrinar, contribuyen a la integración». El presidente dela Federació d’Associacions de Pares d’Alumnes de Catalunya, Walter García, en cambio, opina que «si una escuela pública quiere hacer un pesebre, debería pensar si con ello excluye a parte de la comunidad escolar, por lo que tendría que planteárselo antes de montarlo».

EL DESCONOCIMIENTO
La juventud suspende en cultura religiosa

Un maestro plantea si alguien sabe qué es santiguarse. Los alumnos dudan, pero al final responden que es hacerse una cruz sobre sí mismo. «¿Y quién se santigua?», pregunta el docente. «Los futbolistas», contestan, convencidos, los niños.
Esta situación real, recogida en el libro de Salvador Alsius Hem perdut l’oremus. Petita enciclopèdia de la cultura catòlica, refleja lo que el autor ha constatado en conversaciones con diversos enseñantes y lo que varios profesores de Historia del Arte han ratificado a este diario: los jóvenes ignoran nociones muy básicas de la religión cristiana. Un desconocimiento nada positivo, dicen los expertos, que impide a los escolares entender numerosas expresiones artísticas y lingüísticas. «Por eso es necesario enseñar cultura religiosa en las escuelas», reflexiona el sociólogo Joan Estruch. Una opinión que no critican las asociaciones prolaicidad, que añaden un matiz: piden que se enseñe la «verdad» de las figuras e historias cristianas y exigen que se tenga en cuenta que «es más importante que los niños controlen bien las matemáticas que que sepan quién era Abraham».

BODAS Y COMUNIONES
La expansión de las ceremonias civiles

El mundo académico no es el único en el que la Iglesia católica está perdiendo peso (solo uno de cada cuatro alumnos de la escuela pública cursa Religión). La generación actual de treintañeros ha dado la vuelta a las ceremonias matrimoniales. Mientras que en el 2001 aún se celebraban el 62% de las bodas en Catalunya por el rito católico, en el 2007 ya había bajado al 34%: 9.978 ceremonias religiosas contra 19.079 civiles.
Muchos hijos de estos matrimonios ya no pasan o pasarán por el bautismo y la catequesis. Pero ya que muchos niños siguen ansiando una fiesta como la de la primera comunión, se están celebrando cada vez más actos civiles o no comuniones, con banquete y regalos incluidos. Menos éxito tienen los bautismos civiles de algunos ayuntamientos. Al otro extremo de la vida, los funerales siguen siendo en un 93% católicos, pero el 5% de ceremonias laicas refleja una tendencia al alza.

TRANSFORMACIÓN SOCIAL
Una laicidad que aún no está normalizada

Tras explicar que laicidad (reconocer la diversidad de creencias –y no creencias– sin dar más importancia a una sobre las otras) no es lo mismo que laicismo (anticlericalismo beligerante), el sociólogo Joan Estruch explica que Catalunya es una sociedad cada vez más laica, que no laicista. «Sin embargo, la situación aún no esta normalizada por nuestro pasado reciente. Aún hay gente que teme que vuelvan las sotanas, mientras que a la Iglesia le cuesta renunciar a ciertos privilegios».

Voces muy diversas ante una misma situación

ALBERT RIBA, PRESIDENTE DE ATEUS DE CATALUNYA
“La clase de Religión debe desaparecer de la escuela”

«Queda mucho camino por recorrer en pos de la laicidad. Nosotros no pedimos que se encierre la religión en un gueto. Lo que queremos es que se trate como un asunto que pertenece a la esfera privada. Por eso también reclamamos que deje de existir la asignatura de Religión en las escuelas. Las creencias religiosas, que se enseñen en casa o en la iglesia. Y si hay contenidos relacionados con la religión que deban tratar los estudiantes para entender mejor la evolución de nuestra sociedad, que se hagan en la clase de Historia, de Historia del Arte u otras, pero explicando todas las verdades. No se puede permitir que se equipare a Adán y Eva con certezas como que dos más dos son cuatro.
¿A qué se refieren cuando dicen que por culpa del laicismo estamos perdiendo nuestros valores? La Iglesia católica siempre ha tenido problemas con la democracia e incluso mantuvo la Inquisición durante siglos. Actualmente, además, hay un 20% de españoles que no son creyentes, pero seguimos manteniendo a la Iglesia con nuestros impuestos todos los ciudadanos».

SALVADOR ALSIUS, AUTOR DE ‘HEM PERDUT L’OREMUS’
“No podemos anclarnos en la nostalgia del pasado”

«Hay un desconocimiento clamoroso sobre cultura religiosa. Algunos de esos contenidos deberían enseñarse en la escuela para asegurar una cultura general. Sin embargo, no podemos anclarnos en la nostalgia del pasado. Ese aprendizaje no debería adquirirse en una asignatura de Religión. Soy partidario de una materia de Historia de las religiones o de que se impartan esos conocimientos en otras clases.
Por supuesto que nuestro lenguaje está repleto de referencias cristianas, pero eso no significa que estas deban mantenerse por obligación. Las lenguas evolucionan. Antes había muchas más expresiones de la agricultura o la tauromaquia que se han ido perdiendo, y no pasa nada. En cambio, cada vez gana más terreno la tecnología (‘voy a hacer un reset’…). Además, mucha gente desconoce la cultura griega y vive dignamente pese a esa laguna cultural.
Sobre los pesebres en las escuelas públicas, no estoy de acuerdo en que se hagan por su marcado componente religioso. Quizá los pastorets son más de cultura popular, pero si se les da una intención religiosa, tampoco apruebo que se hagan en la escuela».

ARMAND PUIG, DECANO DE LA FACULTAD DE TEOLOGÍA
“Los ‘pastorets’ facilitan la integración”

«No hay ningún país que no tenga una historia cultural, social y religiosa detrás, tres conceptos que van juntos. ¿Por qué una campaña de erradicación de la simbología cristiana? ¿A quién le molestan los pastorets, si no hieren los sentimientos de otras creencias y tienen una riqueza cultural enorme? No han de ser motivo de avergonzarse, a menos que se quiera cambiar la historia cultural del país. Es más, facilitan la integración de los inmigrantes.
Si quitamos los referentes cristianos estamos convirtiendo el país en un cadáver, porque si las generaciones futuras desconocen esos referentes, no podrán interpretar su historia.
En este sentido, la asignatura de Religión católica es muy positiva, y reúne todas las garantías de objetividad para que no se confunda con un adoctrinamiento apologético. En ella también se explican otras religiones.
Los dirigentes deberían consultar más a la Iglesia. Si tuvieran más en cuenta lo que conocen las organizaciones católicas, se podrían entender y combatir mejor algunas crisis de valores y problemas como la violencia».

JOSEP MIRÓ ARDÈVOL, PRESIDENTE DE E-CRISTIANS
“Para poder criticar una religión hay que conocerla"

«La eliminación de los nombres religiosos del calendario escolar y de tradiciones como los pastorets no la enfoco desde el punto de vista religioso, sino desde el punto de vista del patrimonio cultural de nuestro país, que tiene unas celebraciones que forman parte de nosotros, con independencia de la fe de cada uno. Hay mucha gente que monta el pesebre o visita la feria de Santa Llúcia aunque no sea creyente. No podemos dejar a la escuela al margen de estas celebraciones. Si no, ¿qué colegios crearemos? ¿Cómo integraremos a los inmigrantes si no les enseñamos nuestra cultura? Hay un laicismo radical que quiere erradicar cualquier referencia religiosa de la sociedad, sin tener en cuenta que nuestra cultura está repleta de referencias religiosas. La mayoría de nuestros autores y nuestras creaciones están influidos por el cristianismo. Algunos que censuran la religión acaban censurando la cultura. Si no conocemos nuestra tradición, si la destrozamos, no podemos solucionar los problemas actuales. Para poder criticar la religión sin demagogias hay que conocerla».

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