«La laicidad como cultura y atmósfera» Entrevista al profesor José Luis González

El eje temático principal de mi exposición será «la laicidad como cultura y atmósfera» para un sociedad realmente incluyente.

El Presupuesto es el siguiente: Sólo en una cultura laica gobernada por en Estado laico se pueden dar las condiciones para que todos quepan y sean respetados en sus diversidades: Católicos o no católicos, creyentes o no creyentes, indígenas o blancos, mujeres u hombres, etc. Sólo una sociedad laica es la plataforma en la que todos cabemos. Un estado confesional o aliado de un credo siempre será excluyente de otros credos u otras filosofías. La laicidad mira al futuro.

Con motivo a su reciente participación en el primer "Seminario Internacional sobre Libertades Laicas" efectuado los días jueves 2 y viernes 3 de noviembre-06, y en el que participaron reconocidos especialistas e investigadores de Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, Perú, y México en el HOTEL LIBERTADOR (Los Eucaliptos 550, San Isidro).
 
El Dr. José Luis González(España), es Licenciado en Antropología Social por la Pontificia Universidad Católica del Perú, Maestro en Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, Doctor en Antropología para la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Entrevista realizada por: José Luis Gómez Pérez

Dr. González…en un sociedad tan cosmopolita y tan compleja y desigual en sus relaciones, ¿cuál será uno de los temas principales a tratar en su ponencia "Laicidad y Pluralismo Étnico"?. Es decir, ¿los asistentes podrán tener el valor agregado de ver respondidas sus interrogantes acerca del tema?.

El eje temático principal de mi exposición será "la laicidad como cultura y atmósfera" para un sociedad realmente incluyente. El Presupuesto es el siguiente: Sólo en una cultura laica gobernada por en Estado laico se pueden dar las condiciones para que todos quepan y sean respetados en sus diversidades: Católicos o no católicos, creyentes o no creyentes, indígenas o blancos, mujeres u hombres, etc. Sólo una sociedad laica es la plataforma en la que todos cabemos. Un estado confesional o aliado de un credo siempre será excluyente de otros credos u otras filosofías. La laicidad mira al futuro.

Yendo por partes, y hablando específicamente de lo Laico en su ponencia. ¿Existe realmente tal aspecto laico en la relación Iglesia-Estado y Sociedad-Estado?. Decimos esto porque, sabido es, la serie de denuncias que a nivel Latinoamérica persisten en cuanto a que no se respeta tal prerrogativa.

La laicidad no es una declaración sino una práctica política y cultural. Hay estados que formalmente son laicos constitucionalmente y en la práctica son confesionales por la forma asimétrica en que tratan la pluralidad de creencias, la pluralidad de culturas y grupos étnicos. Sin embargo, con propiedad, la laicidad sólo la aplicamos a la modalidad suprareligiosa de gobierno: Un gobierno laico no es un gobierno antireligioso (sería excluyente) sino el gobierno que gobierna desde el plano superior de la civilidad. Gobierna para todos por igual y no sólo para un segmento privilegiado por razones religiosas o por pactos entre poder político y algún sistema jerárquico religioso. En este sentido, viniendo de otros países latinoamericanos, llama la atención la confesionalidad del Estado Mexicano. Es inequitativo que los católicos, aunque sean mayoría, tengan privilegios. Y, si miramos al interior del campo católico peruano, llama poderosamente la atención el dominio que tiene una institución como el Opus Dei sobre el episcopado peruano. Que una iglesia nacional esté de tal modo "tomada" por una corriente tan peculiar perjudica inevitablemente a la calidad de presencia y ministerio de la iglesia nacional. Una visión sesgada de la realidad inevitablemente produce decisiones inadecuadas.

¿Y sobre el impacto en el terreno educativo?. Sucede que es más que evidente la formación o en su defecto, la influencia religiosa que se imparte en diversas instituciones educativas de prácticamente todos los niveles. Es decir, ¿ello no puede resultar contra producente cuando de enarbolar una supuesta bandera de la democracia e igualdad y respeto por la libertad de credos religiosos se trata? Y más aún, ¿cómo se interpreta el hecho de que existan alumnos que tengan que confrontar o sobre llevar tal situación en las que en no pocas ocasiones se les induce a participar directa o indirectamente con tal o cual prácticas religiosas, so pena de enfrentarse al reglamento interno escolar?.

En mi opinión la educación religiosa escolar casi nunca produjo mejores comunidades cristianas y una Iglesia más autentica. Lo que sí ha producido es un capital de prestigio para los ricos y pudientes que pueden educar a sus hijos pagando los colegios caros de la Iglesia. Por supuesto que los hay más caros pero ésos nunca pretendieron comunicar valores cristianos. Durante mucho tiempo el cálculo de la Iglesia — probablemente con buena voluntad — fue el siguiente: Si educo a los ricos ellos con su poder e influencia en la sociedad o en la política, harán más cristiana a la sociedad. Pero en realidad, más que educar la Iglesia a los ricos, éstos educaron a la Iglesia y le contagiaron su visión de la vida. En mi opinión, durante la controversia y coso en torno a la Teología de la Liberación durante el pontificado de Juan Pablo II, una buena parte de la Iglesia erró el camino: perdió de vista que el único lugar social realmente universal e incluyente, es la vecindad de los pobres. Por eso, la controversia no la ganó ni el Vaticano ni la Teología de la Liberación. El único ganador fue el neoliberalismo y los únicos perdedores fueron los pobres.

Ahora bien, viendo el otro aspecto del sincretismo religioso, desde el punto de vista que entraña su valía para con la trascendencia de la cultura y costumbres de un pueblo. ¿Existe una cultura de la preservación de las costumbres y prácticas religiosas que beneficie a las comunidades, pueblos o sectores sociales que la practiquen?. O , por el contrario, ¿existe una marginación social, excluyente a los miembros de tales comunidades por conservar sus tradiciones religiosas?.

El catolicismo popular en sus diversas modalidades – el catolicismo indígena sincrético es una de ellas – ha sabido defenderse bastante bien por si mismo. Su historia es una demostración de habilidad para construir y defender su autonomía. En buena medida el catolicismo popular ha sabido relativizar el pretendido control absoluto de los clérigos sobre su experiencia religiosa. En general, ha sabido hacer su camino sin confrontación y sin sometimiento. En creencias, rituales y comportamientos ha construido un verdadero sistema religioso estrechamente ligado a sus peculiaridades socioculturales en la marginalidad. En realidad el problema no es del catolicismo sincrético, sino de catolicismo oficial. La Iglesia Católica y sus teólogos nos deben todavía la respuesta a una pregunta terrible: ¿Por qué a Jesús eran los sencillos los que mejor le entendían y las encíclicas del Papa y la mayoría de las prédicas de los domingos casi nadie de los cristianos mortales las entienden?

Citemos, por ejemplo, lo que sucede en el sureste mexicano. Casos como los que se observan en Oaxaca y Chiapas en donde "el pan nuestro de cada día" son las expulsiones de grupos evangélicos de sus comunidades por no profesar la religión católica, amén de las confrontaciones violentas en las que se tienen que lamentar tantas muertes en lo que se denomina "guerra de baja intensidad" y que, por ser de tal naturaleza, no merecen la atención de sus autoridades locales y nacionales. Y estamos hablando también de la expulsión de niños hijos de padres protestantes o adventistas de las escuelas primarias que profesan la fe católica. Al respecto, ¿cuál es su percepción para con tal problemática?.

 Evidentemente en los conflictos religiosos de Chiapas nos encontramos con una realidad multicausal que requiere un análisis de los procesos y de las fuerzas en juego o en conflicto. Evidentemente, lo primero que salta a la vista es la intolerancia y la violencia que siempre, en estos temas, responde a alguna modalidad de fundamentalismo. En el límite del simplismo podríamos llegar a esta consideración: Al principal comerciante del pueblo no le conviene que entren y aumenten los evangélicos porque consumen menos que los católicos, no participan de fiestas populares, no se emborrachan, etc. Por tanto el conflicto tiene un interés económico muy focalizado. Pero hay motivos de mucha más profundidad que tiene que ver con la relación entre los grupos étnicos y el Estado-Nación. En toda América Latina los procesos de independencia los sufrieron todos pero sólo los ganaron los criollos blancos. Los indios, mestizos y los negros murieron en los campos de batalla pero no fueron convocados a los procesos constituyentes que fundaron a las nuevas naciones. Los Padres de la Patria comunicaron a los indios que ya eran parte de un estado moderno y muchos de ellos decretaron, en consecuencia, la libertad de cultos. Pero dentro de esas fronteras resultantes quedaron muchos pueblos y naciones indias que vivían en un comunitarismo que nada tenía que ver con el individualismo de la Revolución Francesa. Un buen día llegó alguien con un nuevo credo en la maleta y lo sembró en la comunidad al amparo de la Constitución. Ya nunca más pudieron trabajar juntos en el tequio o en la minka, ya nunca se vieron juntos en la fiesta patronal…. y la comunidad quedó fragmentada al amparo de la nueva constitución. Cuando hubo violencia, nunca fue fácil diferenciar si se debía a la defensa de su tradición e identidad o a su fundamentalismo religioso, pero yo creo que en casi todos los casos los grupos étnicos saben muchísimo más de su tradición y costumbres inculcadas de las cuales solo una parte es su religión. En torno a este tema tenemos un problema pendiente: El paradigma Estado-Nación definió fronteras y se definió a sí mismo en una Constitución absolutamente etnocéntrica (proclamada por una minoría blanca triunfadora). A las demás etnias se les comunicó que su vida había cambiado sin pedirles permiso. Así resultó esencialmente un Estado-Nación excluyente y colonizador. Nos falta inventar el Estado-Nación incluyente y respetuoso de las diferencias culturales. Hasta ahora no llegó. 

Creo que una de las principales coincidencias de las que participan en mayor o menor grado todas las naciones latinoamericanas es el estado de bloqueo o estancamiento de la cuestión étnica. En México tras 12 años de zapatismo, no se ha avanzado nada. Seguimos en un Estado excluyente y colonizador. En realidad (aunque por pudor hipócrita no se diga) se les niega cada día el derecho a ser indios. Francamente no veo una salida que no pase por una profunda reforma del Estado. Necesitamos un Estado que sepa integrar a la nación en respeto a las diferencias culturales. Aunque nos cueste reconocerlo, en la práctica de la convivencia nacional de fines del 2006, los pueblos indios, esos pueblos testimonio que llamaba Darcy Ribeiro, para la cultura oficial son tanto menos ciudadanos cuanto más indios son. Según este principio, sólo los blancos alcanzan la plena ciudadanía.

En su opinión, Dr. González…¿las actuales infraestructuras educativas de todas las instituciones en los diversos niveles educativos están diseñadas, estructuradas de manera tal que permitan un fortalecimiento y una tolerancia en lo laico y el pluralismo étnico?. O, por el contrario, adolecen de intolerancia o falta de voluntades en vías de un acercamiento social cultural y religioso?. De ser así, ¿cuál o cuáles serían sus propuestas para con tales reformas?.

En términos generales no estamos educando para un mundo incluyente. Occidente, por ejemplo, no parece estar dispuesto a revisar la historia de sus relaciones con los países islámicos. Si el dólar nos dice que en Dios tiene puesta su confianza; muchos países parecen haberse resignado a poner su esperanza en el inseguro sistema de seguridad estadounidense. Hoy las universidades siguen ensimismadas en sus brillantes carreras de Estudios Internacionales; sin embargo nuestro gran reto y nuestro principal riesgo se ubica en las relaciones interculturales. Definitivamente, el futuro depende más de la comprensión respetuosa de los otros pueblos y sus culturas, que de las redes de comercio internacional.

Inevitable es la interrogante sobre el impacto y mensaje que a la humanidad y, en este caso, a los pueblos latinoamericanos, "envía" la política exterior de los Estados Unidos de Norteamérica. Hablamos, concreta y específicamente de la construcción del llamado "muro de la ignominia". Nos referimos a la construcción de la barda que separará a México de los Estados Unidos de Norteamérica y, por ende, no sólo le aísla de México, sino también de Centro y Sudamérica. Es decir, en relación al pluralismo étnico, ¿ello no representa un duro golpe al respeto de tal diversidad socio-cultural?.

El muro que se está construyendo en la frontera de Estados Unidos con México quedará como un monumento a la estupidez política. Hay dos variables que definitivamente derribarán el muro o lo harán permeable, que prácticamente es lo mismo: a.- La economía de Estados Unidos necesita de los mexicanos; b.- El hambre y la necesidad son invencibles. No son delincuentes los que pasan; son personas que buscan vivir con dignidad. Por tanto seguirán pasando. Por lo demás, el hecho, como tantos otros, tiene que ser ubicado sobre el telón de fondo de un dato incontrovertible: La administración estadounidense es el principal factor generador de violencia y sufrimiento en el mundo de hoy.

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