La justicia desestima cargos contra adolescente francesa que criticó con virulencia el Islam

Los insultos contra el Islam de una estudiante de secundaria amenazada de muerte no constituyen una provocación al odio, anunció el jueves la justicia francesa. El caso de Mila hace resurgir el debate sobre el derecho a la blasfemia tras la matanza de Charlie Hebdo.

Diez días atrás, un video de Mila, una joven francesa de 16 años, empezó a circular viralmente en las redes sociales. En la secuencia, la joven, una chica lesbiana de la región de Lyon, dialogaba sobre su vida con sus seguidores en las redes sociales. En un momento dado, un hombre empezó intentar seducirla de manera insistente. La mujer rechazó su iniciativa y éste respondió con insultos y tratándola de islamófoba. Mila replicó diciéndole: “El Corán es una religión de odio […] Vuestra religión es una mierda, vuestro Dios, le meteré el dedo en el culo, gracias y adiós”.

A partir de ese momento, la joven fue blanco de una oleada de amenazas de muerte. “Recibía 200 mensajes de puro odio por minuto”, cuenta la adolescente. Usuarios de internet divulgaron en las redes su número de teléfono, dirección personal y colegio al que asistía para atacarla, mientras su correo electrónico y sus redes sociales eran hackeadas. Mila tuvo que ser desescolarizada y teme por su vida.

La justicia resolvió entonces abrir dos investigaciones: una por amenazas de muerte y una segunda contra Mila por “provocación al odio racial” a raíz de los insultos de la chica. Este jueves, esta última investigación determinó que no había una base para iniciar acciones legales contra ella.

«La investigación demostró que los comentarios difundidos, independientemente de su tono escandaloso, tenían como único objetivo expresar una opinión personal sobre una religión, sin ningún deseo de incitar al odio o a la violencia contra las personas por su origen o su pertenencia a esta comunidad de creencias», explicó el fiscal Jérôme Bourrier.

«Las investigaciones realizadas con el fin de explotar las observaciones difundidas, analizando su dimensión contextual, la personalidad de su autor y los objetivos perseguidos, no han revelado ningún elemento susceptible de caracterizar un delito penal», escribió Bourrier.

Por consiguiente, la fiscalía ha desestimado el caso, que se abrió el 23 de enero por «incitar al odio contra un grupo de personas por su pertenencia a una raza o religión determinada».

Sin embargo, la segunda investigación «abierta por amenazas de muerte, amenazas de cometer un delito, acoso y utilización de la identidad o los datos de identificación de otras personas con miras a socavar la paz y el honor» sigue en curso.

Las investigaciones encomendadas a la Gendarmería Nacional y sus especialistas en la lucha contra la delincuencia cibernética tienen por objeto «identificar y perseguir a los autores» de las amenazas.

«Ella se lo buscó»

El caso ha provocado un aluvión de reacciones a favor y en contra de Mila, con algunas figuras políticas tomando partido. El Delegado General del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), Abdallah Zekri, sostuvo: “Ella se lo buscó, que lo asuma. Sus dichos, sus insultos, no puedo aceptarlos”.

Incluso la Ministra de Justicia se ha empantanado en este asunto: Nicole Belloubet alegó torpeza y aseguró no cuestionar «el derecho a criticar la religión», después de haber asimilado el miércoles por la mañana la crítica de las religiones a «un ataque a la libertad de conciencia».

«En una democracia, la amenaza de muerte es inaceptable (…). El insulto a la religión es obviamente un ataque a la libertad de conciencia, es grave, pero no tiene nada que ver con la amenaza (de muerte, nota del editor)», dijo la ministra en la radio Europe 1.

«Esto deja viva la idea de que existe un delito de blasfemia en Francia, lo cual es totalmente falso: tenemos el derecho de criticar una religión, y afortunadamente, se llama libertad de expresión», reaccionó el jueves el diputado del partido conservador Les Républicains Damien Abad.

El caso hace resurgir el debate sobre el derecho a la blasfemia, que en Francia permite una libertad de expresión total en lo que se refiere a la crítica a las religiones. La controversia evoca además las polémicas aparecidas luego de que el semanario Charlie Hebdo publicara las famosas caricaturas de Mahoma. De hecho, la defensa de Mila ha quedado a cargo de Richard Malka, el mismo abogado de Charlie Hebdo.

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