La Junta condiciona las obras en Santa Catalina a que la Iglesia aporte fondos

El templo gótico-mudéjar del siglo XIV cumplirá cerrado al público en septiembre el primer centenario de su declaración como monumento nacional

El tijeretazo llega a la restauración del patrimonio histórico de Sevilla. El delegado de Cultura de la Junta de Andalucía, Bernardo Bueno, aseguró ayer a este periódico que la Administración andaluza no continuará en el proyecto de restauración de la iglesia de Santa Catalina si el Arzobispado de Sevilla (propietario del inmueble) no participa con algún tipo de cuantía económica.

Según Bernardo Bueno, tanto la Junta de Andalucía como el Ayuntamiento de Sevilla ya han realizado un importante esfuerzo al sufragar al 50% los 800.000 euros que costó la restauración de las cubiertas de esta iglesia. "Los tiempos ya no son los mismos", dijo Bernardo Bueno en una clara alusión a la actual crisis económica, "y es lógico que el propietario, la Iglesia de Sevilla, aporte algún dinero para que se pueda acometer la restauración integral del edificio", algo que costaría unos cuatro millones de euros. Respecto a si ya hay conversaciones entre el Ayuntamiento, la Junta y la Iglesia para acometer la segunda y definitiva fase de las obras de restauración, Bernardo Bueno fue tajante: "Por ahora, ninguna. Estamos a la espera de que nos cite la Iglesia como propietaria del inmueble. Mientras tanto, no tenemos nada que decir".

Asimismo, el delegado provincial de Cultura aseguró que aún no tiene noticia del proyecto de restauración que estaba redactando el arquitecto Francisco Granero (responsable también del arreglo de las cubiertas) por encargo de la Gerencia de Urbanismo de Sevilla. "El Ayuntamiento no nos ha comentado nada al respecto", aseguró.

Bernardo Bueno se mostró favorable a realizar algún tipo de gestión para que el actual Gobierno de España participe con alguna cantidad en las obras de restauración, algo a lo que se negó en la etapa del anterior ejecutivo socialista pese a que esta iglesia gótico-mudéjar del siglo XIV fue declarada monumento nacional en septiembre de 1912. Se celebrará, pues, el centenario de dicha denominación con la iglesia cerrada al público y, probablemente, sin que se hayan iniciado aún las obras.

La iglesia de Santa Catalina está cerrada desde 2004 y se ha convertido en uno de los símbolos del abandono en el que se encuentra parte del patrimonio histórico más significativo de la ciudad. La restauración de las cubiertas ha garantizado, eso sí, que los problemas no aumenten en los próximos años.

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