La jerarquía eclesiástica nunca ha pedido perdón

En el mayor escándalo conocido en los últimos tiempos, el arzobispo de Varsovia se ha visto obligado a dimitir en la misma ceremonia de su entronización, al probarse que había colaborado con la policía comunista contra sus mismos colegas.

En el mayor escándalo conocido en los últimos tiempos, el arzobispo de Varsovia se ha visto obligado a dimitir en la misma ceremonia de su entronización, al probarse que había colaborado con la policía comunista contra sus mismos colegas. No es raro que se encuentren incluso en el clero algunos Judas. Sin embargo, aquí las circunstancias han sido especialmente graves. Por supuesto, por el cargo máximo que había alcanzado. Pero, especialmente, porque, al contrario que Judas, que se arrepintió hasta el punto de suicidarse a las pocas horas, Estanislao Wielgus traicionó a sus hermanos y durante muchísimos años siguió tan impenitente que intentaba negar su crimen, y al no poderlo negar más, afirmaba que lo hizo forzado, cuando los documentos decían lo contrario. Y tampoco hay que olvidar la deplorable conducta de la Santa Sede, que lo intentó tapar cuando ya era público, como hacía con los pederastas y otros clérigos culpables de gravísimos delitos, cometiendo con ello una doble traición: a la sociedad civil y a la doctrina cristiana que tan mal pretenden representar.
Con ser tan grande el escándalo polaco, mucho peor es aún el español, ya que hubo tantos miembros del clero y hasta de la jerarquía que actuaron como denunciantes de seglares y de clérigos, llevándolos por millares sus denuncias a la cárcel y al fusilamiento desde 1936, sin que ninguno haya sido obligado a dimitir. Más aún, sin que esa jerarquía, en las distintas ocasiones en que se le planteó el tema por su propio clero y fieles, y siguiendo el ejemplo de Juan Pablo II, tuviera el mínimo gesto de pedir perdón por los crímenes cometidos por sus miembros.

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