La islamofobia alemana

El éxito de las convocatorias de manifestaciones contra la islamización del país sorprende a la clase política de Alemania Miles de personas protestan cada lunes en Dresde, en el este del país

En octubre del 2010, el entonces presidente de la República, el cristianodemócrata Christian Wulff, proclamó en su discurso del día de la unidad alemana que el islam ya formaba parte del país. Dos semanas después emprendía viaje oficial a Turquía, país de procedencia de la mayoría de los cerca de cuatro millones de musulmanes que viven en Alemania. Han pasado cuatro años y aquella frase, que generó un intenso debate, ha recobrado actualidad en las últimas semanas.

El movimiento autodenominado Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) acapara titulares de prensa, tertulias en las televisiones y declaraciones de los principales dirigentes del país, que aún no saben cómo afrontar el nuevo fenómeno.

Empezó en octubre reuniendo a varias decenas de personas que se manifestaban los lunes en Dresde para expresar su rechazo a lo que los convocantes consideran la islamización del país. Una contramanifestación, con el lema ‘Dresde para todos. Por un Dresde abierto al mundo’, tuvo cierto éxito. Pero el número de manifestantes islamofobos se fue incrementando hasta los cerca de 10.000 del pasado lunes en Dresde, en el este del país. Este lunes aún fue a más y la participación subió hasta los 15.000. Los políticos se vieron obligados a terciar en el tema.

La cancillera Angela Merkel advirtió este lunes de que si bien existe en Alemania la libertad de manifestación, «no hay lugar para la agitación y para la denigración de las personas que nos llegan de otros países». Y añadió que «cada cual debe preocuparse para no ser instrumentalizado por los organizadores».

El ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, equiparó al movimiento Pegida con la xenofobia, lo calificó como «vergüenza para Alemania» y expresó la necesidad de desenmascararlo. El vicecanciller y presidente de los socialdemócratas, Sigmar Gabriel, afirmó que no se puede decir que todos los que responden a las convocatorias de Pegida son neonazis, «pero quienes se manifiestan y no lo son deberían distanciarse de ellos».

PREOCUPACIÓN CRECIENTE

Esta es una parte importante del problema: identificar a las personas que responden a la llamada del movimiento. Solo el partido euroescéptico Alternativa para Alemania (AfD) había expresado hasta ayer su comprensión hacia un colectivo cada vez más numeroso. Su portavoz, Alexander Gauland, declaró que no ve gentes de extrema derecha en las manifestaciones de Pegida: «Veo a ciudadanos que salen a la calle preocupados, que tienen miedo».

Ayer, el secretario general de la CSU de Baviera, el partido hermano de la CDU de Merkel, se situó también al lado de los seguidores de Pegida; criticó las declaraciones del ministro de Justicia, y señaló que «es un insulto llamar una vergüenza para Alemania a unos manifestantes pacíficos que expresan sus preocupaciones».

ENCUESTA

Una encuesta difundida ayer por el semanario ‘Die Zeit’ demuestra que el apoyo al movimiento antiislamista puede ir a más, ya que, según el estudio, el 49% de los alemanes muestra comprensión con los seguidores de Pegida, mientras que un 23% lo rechaza.

La encuesta revela un importante grado de preocupación ante la posibilidad de que el islamismo radical incremente su presencia en el país: un 73% de los encuestados afirma estar preocupado, mientras que un 23% responde que no. La encuesta pregunta además a los ciudadanos si están de acuerdo con el número de refugiados que Alemania acogerá este año. Un 59% cree que es una cifra excesiva.

Alemania es de los países europeos que más refugiados acoge y este año se esperan unos 200.000.

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