La irreligión de la juventud española

Este trabajo pretende analizar el papel jugado por la juventud actual en el proceso de secularización individual de la sociedad española. La primera parte sitúa este proceso en el interior de las diversas lógicas que definen el cambio religioso en nuestra sociedad. En la segunda parte, se analiza el proceso histórico de secularización individual, y se diseñan tres oleadas de secularización desde que ésta traspasara el nivel de ciertas elites y alcanzara una cierta generalización. La primera oleada ocurre en la época del anticlericalismo del siglo XIX, durando hasta la Guerra Civil, y consiste en una reacción contra la Iglesia y la religión. La segunda oleada es un proceso de pérdida de interés con respecto a estas instituciones, derivado de la generalización del consumo de masas en los años sesenta del siglo XX. La tercera parte se dedica a la tercera oleada, contemporánea, que viene definida por las nuevas generaciones: habiendo sido socializadas en medios sociales secularizados durante la segunda, marcan una lejanía en relación a la religión y la Iglesia, llevando a cabo una extirpación de las raíces religiosas de la cultura. En la última parte se analiza la dimensión religiosa de la juventud española actual.

La sociedad española se encuentra inmersa en un complejo y profundo proceso de cambio religioso. Este proceso está configurado por una serie de tres dinámicas diferentes que se relacionan entre sí (Pérez-Agote 2010a).

En primer lugar, nos encontramos sometidos a un proceso, más bien endógeno, de secularización individual. Este proceso está en una fase de desarrollo muy fuerte. La secularización individual es una de las características propias de la “excepción europea occidental”, pero las épocas históricas en que se produce y los ritmos son muy diferentes entre los países (Pérez-Agote 2010b). Está siendo, como es la regla general en los países de tradición católica del sur de Europa, muy tardío, con la excepción de Francia, en relación a los países del norte europeo (Davie, 2001). En España, esta dinámica individual de pérdida de peso de la religión está siendo vertiginosa desde los años sesenta del siglo XX. Pero en los últimos años de ese siglo y en lo transcurrido del actual esta dinámica presenta características en gran parte nuevas en relación con la etapa anterior, siendo el cambio generacional el mecanismo fundamental de transformación. Las nuevas generaciones, como veremos en este trabajo, están llevando a cabo un cambio religioso muy profundo.

En segundo lugar, el proceso de secularización societal, sobre todo en su dimensión de separación Iglesia – Estado, está lejos de haber concluido. Es cierto que tras el periodo franquista, con el asentamiento de un sistema democrático, el Estado ha ido adquiriendo grados cada vez mayores de independencia con respecto a la Iglesia católica. Pero también es verdad que la Iglesia está utilizando nuevas formas de acción política; y que el Estado, por su parte, junto a sus iniciativas que suponen independencia, ha intentado compensar a la Iglesia por otras vías. A esta ambivalencia del Estado con relación a la Iglesia cabe añadir el hecho de que durante el último cuarto del siglo XX comienza a darse en Europa, sobre todo en el sur católico, una reacción muy fuerte de la Iglesia contra ciertas decisiones políticas que afectan a la vida, a la familia y al matrimonio. El Estado español, sobre todo durante los mandatos socialistas, ha sido de los más innovadores en estos temas, y la Iglesia católica española probablemente la más beligerante de todas las jerarquías católicas nacionales. La Iglesia católica española, sobre todo a través de su condensación institucional en la Conferencia Episcopal española, se ha transformado en lo que podemos llamar un grupo de presión, en el sentido técnico europeo, que intenta modificar las decisiones políticas del Estado democrático español por medio de campañas de opinión pública y de movilizaciones políticas. (Pérez-Agote 2008 a).

En tercer lugar, un fenómeno absolutamente nuevo y de una vitalidad enorme se comienza a producir en España en el último cambio de siglo. España había sido tradicionalmente un país de emigración. Este proceso se había ya detenido, pero en el momento señalado, el proceso se invierte. España comienza a recibir importantes flujos de inmigración de América Latina, de África y también de Asia. Y un poco más tarde de Europa del Este. El proceso es tan vigoroso que España en un decenio pasa de ser un país de fuerte homogeneidad cultural y religiosa, a ser una sociedad con una fuerte diversidad cultural y religiosa. Una parte de los llegados son católicos y otra parte aporta una fuerte variedad de nuevas confesiones religiosas. Y el grado de religiosidad de estas poblaciones inmigradas es, en general, mayor que el de la población autóctona (Pérez-Agote y Santiago 2009)

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Jóvenes y laicidad INJUVE 91 dic 2010

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