La Inquisición que nos viene encima

Visita al museo del Prado, paseando entre tantos santos, tantos reyes con rostros de degenerados y tantos capitanes victoriosos, una imagen nos detiene, un cuadro que seguramente conocía pero que había querido olvidar, en el, Santo Domingo de la Calzada preside un auto da fe, en un trono y con su aureola de bienaventurado contempla complacido a los herejes que atados a la pira esperan el fuego que va a consumirlos vivos, es un cuadro digno de un museo de los horrores y no de un palacio del arte y de la cultura, pero allí esta y esto quiere decir mucho sobre la historia del país que así lo exhibe.

Veamos un poco quien fue este famoso santo y su inquisición, orgullo de la Iglesia y que mas o menos ha llegado hasta nuestros días. A principios del siglo XIII se extendió por Europa una doctrina venida de oriente, sus raíces eran seguramente iraníes, basadas en la lucha del bien y del mal, luz y oscuridad, es decir maniqueísta, se trataba de un avatar del gnosticismo que no aceptaba la creación de este mundo por un dios bondadoso, para ellos Jahave era el diablo y había creado el mundo a su imagen y semejanza, seguramente no se equivocaban de mucho.

Pedro_Berruguete_-_Saint_Dominic_Presiding_over_an_Auto-da-fe_(1475)Esta doctrina fue extendiéndose desde el este europeo hacia el sur de Francia, las gentes la adoptaron con entusiasmo, la vida disoluta de monjes, monjas, sacerdotes y jerarquías eclesiásticas les horripilaba y además debían trabajar para mantener sus vicios. Los adeptos de esta nueva doctrina se llamaban perfectos y perfectas, predicaban en campos y plazas y no exigían nada de sus adeptos, la gente les siguió seducidos por la nueva espiritualidad.

En aquella época el sur de Francia era rico y civilizado, comercio, agricultura y las antiguas instituciones heredadas del impero romano y aun vigentes les aseguraban una prosperidad que no se daba en el norte de Francia, fue la época de los trovadores y del amor cortes, de la poesía y de los cánticos épicos.

La Iglesia no podía tolerar que una doctrina  espiritual discutiera su poder, empezaron los predicadores a querer meter los rebeldes en el redil, no lo consiguieron, los mismos nobles se pusieron al lado de los albigenses, llamados así debido a una gran reunión que tuvieron en la bella ciudad de Albi. Los señores feudales también estaban hartos de pagar diezmos y primicias a la Iglesia, de obedecer al papa, y deseaban liberarse de un yugo insoportable

La región del norte con sus señores de guerra sin gran cultura y mas bien míseros deseaban someter la rica región del sur, apoderarse de sus bienes y de sus tierras fértiles y soleadas.

El papa contaba con el apoyo del rey de Francia y sus huestes, así que decidió proclamar la cruzada, esta vez no se trataba de ir a Oriente para apoderarse allí de bienes y tierras con el pretexto de recuperar un imaginario Santo Sepulcro, si su mítico dios subió a los cielos no debía existir ningún sepulcro que guardar o que liberar.

Las atrocidades que los santos cruzados cometían en las tierras de los infieles, o contra sus mismos aliados como en Constantinopla, se abatió sobre la tierra de occitana. Ciudades enteras fueron destruidas, sus habitantes exterminados. Dios reconocerá a los suyos, gritaban los jerarcas de la iglesia a los cruzados. Aun así el catarismo continuaba a seducir a los nobles y al pueblo llano, el papa Inocencio III decidió poner remedio de una vez, y así creo la Santa Inquisición en el año 1229, hasta ese momento se había  ido quemando a herejes “a la buena de dios”, sin método, la Iglesia practico la quema como arma de destrucción masiva desde su fundación, pero ahora seria mejor, mas burocrático, mas normativo y muy eficaz.

Se dio la exclusiva de la inquisición a la orden de los Dominicos, fundada por el que fue nombrado santo súbito Domingo de Guzmán, el olor de la carne de hereje quemado era agradable al dios cristiano y toda Occitania se ilumino con esos fuegos de muerte. El método consistía en interrogar a cualquier persona a la que creían hereje, las torturas que debían aplicarse estaban repertoriadas y al final naturalmente todos confesaban su talante herético, así que los quemaban y a las personas que les habían denunciado les gratificaban con la mitad de los bienes incautados, la otra mitad iba para la Iglesia, esto también se aplico a los señores del sur que habían apoyado a los Cátaros, muchos perdieron sus tierras que pasaron a los jefes de los facinerosos cruzados, como a Simón de Monfort.

Las tropas de la cruzada pedida por el papa y el rey francés, San Luis, dirigido por su madre Blanca de Castilla, acabaron con el bienestar y el progreso de toda aquella región, tierras y riquezas pasaron al rey centralista y a su madre castellana, era de lo que se trataba, una guerra de rapiña con pretexto religioso, pedida por una Iglesia que veía su poder amenazado.

Una de las consecuencias de esta guerra fue la muerte de Pedro II, rey de Catalunya y Aragón, los señores feudales albigenses le pidieron ayuda, debía dársela puesto que eran sus vasallos, el papa le excomulgó a pesar de que antes le dio el titulo de católico. Fue vencido en la batalla de Muret, cerca de Tolosa, asesinado allí mismo no pudo conocer a su hijo póstumo, nuestro rey Jaime I, el cual acabó pidiendo al papa de turno que introdujera la inquisición en su reino catalano-aragonés.

EL languedoc quedo destrozado, nunca mas, incluso hasta nuestros, días ha recuperado su riqueza ni el bienestar que gozó, de los albigenses no queda gran cosa, solo el recuerdo y una nostalgia de un momento feliz  de la historia que se vio truncado por el fanatismo y la codicia. Los castillos cátaros se yerguen en los picachos de la región como desafiando al cielo, en ellos se refugiaron los últimos fieles cátaros y allí perecieron.

El 21 de junio las gentes de muchos países, los de los pueblos cercanos, suben al castillo de Montsegur, es el día del solsticio de verano y el primer rayo de sol atraviesa una rendija e ilumina el interior del castillo,  todos esperan con emoción este momento, es una manera de honrar a los mártires que allí esperaron la hoguera, mas abajo en un gran prado se eleva un monolito dedicado a los 200 mártires que allí perecieron, a sus pies nunca faltan flores, si pasáis por esa hermosa región no dejéis de visitarlo, algo del espíritu indomable de los mártires nos espera allí.

Zoe Oldembourg escritora especializada en la Edad Media y premio Fémina, en su obra “Les Brules” tiene una frase terrible, dice,” Con la cruzada contra los Cátaros y los crímenes de la inquisición, la Iglesia perdió su alma”. Si la secta tuvo alguna vez un alma seguro que allí la perdió, y jamás la recuperó, las llamas siguieron quemando carnes a lo largo de toda la historia, una vez desaparecidos los Albigenses heréticos, empezaron a cazar brujas y llevarlas a la hoguera, la inquisición debía seguir, necesitaban enemigos para justificarla, después fueron otros herejes, algunos judíos, la destrucción de los templarios fue también una historia de poder y codicia, un rey de Francia y un papa llevaron a la hoguera  a los que querían despojar de sus bienes. Los protestantes también alimentaron las sagradas llamas, en América los dominicanos encontraron muchas carnes para quemar, los habitantes de ese continente protestaban del genocidio que padecían, nada mejor que la hoguera para acallarlos.

La historia de la Santa Inquisición se ha prolongado hasta nuestros días,  su última victima fue Cayetano Ripoll, ahorcado por no haberse quitado el sombrero al paso del santísimo  sacramento en el 1825, su cadáver fue metido en un tonel donde se habían pintado llamas, la Inquisición no debía olvidarse.

 No, no se olvido nunca hace unos años en España se declaró una Santa cruzada, esta vez contra los republicanos, entonces también los intereses de la Iglesia y de los poderosos coincidía, se fusilo, se torturo, se robaron los bienes de las victimas. Fue un genocidio, el espíritu de la inquisición maldita estaba vivo y no hubo compasión con los que ellos creían que ponían en peligro sus riquezas y poder, la historia sigue, aun hoy en día no podemos enterrar nuestros muertos, si pudieran seguirían asesinándonos en nombre de su dios.

Quizás no tarden en poder, creen que pronto podrán permitirse todos los desmanes que siempre han hecho, la próxima victoria de la derecha mas oscurantista les augura días de gloria, el fanatismo que nunca desapareció de este país continuara floreciendo en hogueras u autodafes. No exagero, el papa que nos viene de Roma ya nos ha amenazado a laicos y ateos, somos el diablo y los causantes de todos los males que vive el planeta, no olvidemos que es el mismo Ratzinger que fue el continuador del alma de la Inquisición antes de ser papa y que hace poco nos ha dicho que la mejor justicia es la de la inquisición, ya sabemos a que atenernos, este papa al que pagamos fiestas, viajes y saraos con nuestros dineros nos promete días muy negros, que así no sea.

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  • Auto de fe Berruguete
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