La Inquisición en Guadix y Baza (Granada)

Es difícil que haya convivencia cuando se radicalizan las creencias Á través de las visitas de la Inquisición hizo a Granada nos enteramos de «gravísimos» delitos como lavarse o no comer tocino

LA actuación de la Inquisición perseguía los delitos de los judaizantes, mahometanos y luteranos que atentaran contra la moral cristiana. Y era especialmente sensible con las faltas contra el dogma de la Eucaristía, la bigamia, determinadas prácticas sexuales, las supersticiones, la hechicería, las blasfemias y las llamadas «ceremonias de moros». Aunque la mayoría de los procesados eran moriscos, hubo también causas contra clérigos y burócratas. Hemos entresacado algunas referencias aprovechando los datos que nos proporciona el profesor García Fuentes estudioso de los legajos del Archivo Histórico Nacional.

En 1573 visitó el Obispado de Guadix el inquisidor Diego de Lazarte; pregonó en la iglesia el edicto de fe para que todos pudieran testificar; se leyó en castellano y en «algarabía» para que lo entendieran los moriscos. Ysabel, esclava de Juan de Montiel, fue acusada de «no querer comer tocino y otras sospechas de ceremonias de moros». Una morisca, esclava de Ponce, fue acusada de «fornicación». El niño Hernando de Molina Abenajara fue acusado de llevar colgada al cuello «una media luna de plata con letras arábigas». Otra morisca lo fue de «haberse lavado». Y a Leonor López la condenaron por «enterrar a su marido a usanza de moros». María, esclava de Juan de Córdoba, fue testificada porque dirigiéndose a unas cristianas les dijo «antes de tres años habéis de ser vosotras nuestras esclavas que mejor es nuestra ley que la vuestra». Esta sentencia me ha dado mucho que pensar.

No se libran los propios cristianos porque Melchor de San Martín, beneficiado de La Peza, fue acusado de que estando jugando «se encomendó a los diablos» y a la mañana siguiente «dijo misa sin haberse confesado».

Otra visita la hizo en 1577 el doctor Romano a la comarca de Baza (Caniles, Cúllar, Cortes, Freila y Benamaurel). Eran frecuentes los actos contra moriscas que se unieron a los moriscos sublevados. Hubo uno que se pasó de gracioso, se llamó Bernal Francés, vecino de Baza, que fue denunciado porque cada vez que el cura decía en la misa «dominus vobisco», él contestaba «bésale el culo al morisco»; y cuando todos respondían «amen», él decía «en la boca te caguen». Fue condenado, naturalmente. Águeda, morisca de Huéneja, fue condenada por haber estado con los moriscos sublevados, los cuales le enseñaron «oraciones de moros» y estando después en Baza la oyeron rezar «invocando a Mahoma». El negro Alonso, fue denunciado por dos mujeres que le oyeron decir que no había purgatorio. Ysabel de la Cruz, la mujer del alpargatero de Baza, se denunció ella misma por negar que hubiera juicio final y no creer en la resurrección; se le perdonó la pena porque el tribunal certificó que «era tonta». Una mujer acusó a otra de estar endemoniada; aseguraba ver a Jesucristo y la corte celestial cuando el sacerdote consagraba en la misa. Decía que veía el purgatorio lleno de «cuerpos pequeñitos».

Fray Jerónimo fue testificado por tres mujeres por «haberlas solicitado en la confesión». También Fray Miguel de los Reyes porque quiso abrazar a una mujer «y pasar adelante con mal intento». El comendador del monasterio de la Merced de Baza, Fray Luis Zarco sufrió condena por decir en confesión palabras amorosas a una doncella, habiendo luego entre ellos «muchas palabras, cartas, regalos y dones». El gitano Fulano, vecino de Baza, fue denunciado porque dijo que «más valía el más ruin moro que el mejor cristiano». Pedro Macías fue condenado por decir que «los hombres habían sido hechos a semejanza de Dios y la mujeres a semejanza del diablo». Y Lázaro de Baeza fue sorprendido en el sótano de su casa azotando a un Cristo.

Pasan los siglos y no es fácil el entendimiento. Es difícil que haya convivencia cuando se radicalizan las creencias.

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