La Iglesia y el Código Civil

El régimen de cristiandad entró en crisis con la revolución moderna, dando paso a regímenes pluralistas que la Iglesia no acepta.

La propuesta de Código Civil, en proceso de discusión en el Congreso, hizo virar al rojo vivo las alarmas de la Iglesia Católica que lo cuestiona en una serie de temas que se encuentran centrados en el “modelo de familia”. No se trata de un simple cuestionamiento como el que puede corresponderle por constituir un actor importante en la política nacional. Se trata, por el contrario, de la voluntad de exigir que en el tema citado, alrededor del cual giran otros de quemante actualidad como la subrogación de vientres y la congelación de embriones humanos, no sólo sea escuchada, sino obedecida.

Dos aspectos de la intervención eclesiástica deben ser clarificados para su adecuada comprensión, la pretensión de que los temas que giran alrededor de la familia y de la educación pasen por el tamiz de su aprobación y la atemporalidad de su concepción sobre dichos temas.

¿Cuál es la concepción que tiene la Iglesia de sus relaciones con la sociedad en las que se basa su pretensión de dictar normas que deben ser aceptadas por el Estado? Dicha concepción se denomina “cristiandad”, que no es lo mismo que cristianismo. Un mínimo de historia para su comprensión.

Después del primer momento de las asambleas cristianas, en los siglos cuarto y quinto se estructura la Iglesia como institución de poder, siendo reconocida como la religión oficial del imperio romano mediante el Edicto de Tesalónica promulgado por el emperador Teodosio en el 380. Se cumplía, de esa manera, el proyecto formulado por la teología de Eusebio de Cesarea que se sintetiza en: un Dios, una Iglesia, un Imperio.

La idea del imperio cristiano atraviesa toda la historia de occidente, hasta transformarse en la de “cristiandad”, consistente en que la sociedad como tal es “cristiana”, es decir, asume la doctrina cristiana, esto es, los dogmas proclamados por el poder religioso que reside en la Iglesia.

El régimen de cristiandad entró en crisis con la revolución moderna, dando paso a regímenes pluralistas que la Iglesia no acepta. Continúa comportándose como si ese régimen tuviese plena vigencia. Pretende, en consecuencia, no sólo ser escuchada, sino también obedecida por el poder político en los temas que ella considera bajo su jurisdicción.

La Iglesia sostiene que Dios ha establecido cómo debe ser la familia y ello vale independientemente de las transformaciones que se produzcan en la sociedad. No puede admitir que la familia monogámica de un hombre y una mujer, matrimonio indisoluble, el único modelo de familia que admite, ya sea simplemente un modelo, sostenido por determinadas instituciones religiosas, entre otros, a los que el Estado debe dar respuesta, en la medida en que el Estado ya no es el de la cristiandad, sino el de sociedades pluralistas.

Con el advenimiento de la democracia, luego de la noche de la dictadura cívico-militar genocida, la jerarquía católica, con el temor de perder la situación de privilegio que había tenido se encargó en diversos documentos de afirmar que seguíamos estando en un régimen de cristiandad, afirmando que el pueblo tiene “una identidad cristiana”, más aún “católica”, por lo cual manifiestan su “preocupación por corrientes que pretenden introducir una cultura contraria a nuestro ser nacional”.

Evidentemente para el episcopado en la propuesta del Código Civil se han infiltrado esas perniciosas corrientes.

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