La Iglesia global

Es la Iglesia de los gobernantes españoles -tan dados a los festejos santos- católica, apostólica y romana? De apostólica le quedan residuos acosados, de católica se ha convertido en global, como romana, sí, vive en plenitud. Es mala época para ser cristiano, es verse acuciado por mil contradicciones, entre ellas la inmoral presencia de los partidos demócrata-cristianos. La jerarquía, ungida de oro y ramplones ritos, no se enfrenta ya a los que disfrazados de católicos globales dejan morir a los pueblos y se entregan a la defensa de quienes fueron expulsados del templo por el mismísimo Cristo ¿Qué espera la Iglesia a resucitar su mano airada como hizo ante tantos reyes de la Tierra cuando su excomunión autorizaba a los pueblos a ejercer su defensa? ¿Ya no vale la excomunión de los explotadores que embuten en su tripa la carne de los sacrificados? ¿Ya no tiene fuerza la Iglesia, ahora sometida al crimen de la globalización, para alzarse ante la injusticia mortal?

Deje Roma de bordar florituras de un catecismo yerto y asómese el pontífice al gran balcón vaticano para expulsar a los que ofician auténticas misas negras. Es justo y necesario. La recomendación de la fe a todo trance con que se seda a los desheredados ya no es la fe de Jerusalem. No es decente perseguir a quienes hablan del Cristo de Galilea. Hoy, esos miserables que miden las décimas de ser que escapan al paro no pueden ya ser admitidos en una iglesia que sangra por cien llagas. Un cristiano no ha de compartir el templo con quienes le burlan. No es lícito entregar a las postrimerías a millones de almas a las que se les destroza el cuerpo. Quizá a los poderosos y a sus políticos les importe un bledo la excomunión clamorosa, pero al menos se les dejará sin máscara para habilitar las capillas de las preces en las sucursales bancarias.

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