La Iglesia Evangélica pide laicidad

La congregación de Gijón inicia los actos de su 130.º aniversario en la ciudad

La Iglesia Evangélica de Gijón inició ayer las celebraciones de su 130.º aniversario en la ciudad, con la petición de que el Estado sea neutral con relación a todas las creencias religiosas, mediante un avance de la laicidad, y también con un estatuto de igualdad, común a todas las iglesias establecidas en España.

Enunció estas peticiones Mariano Blázquez Burgo, secretario ejecutivo de la Federación de Entidades Evangélicas de España (Ferede), y las escuchó José María Contreras Mazarío, director general de Relaciones con las Confesiones Religiosas, del Ministerio de Justicia. Ambos disertaron sobre la libertad religiosa en España y las expectativas acerca de la reforma de la ley de Libertad Religiosa de 1980, anunciada en 2008 por el Gobierno. Los organizadores del acto agradecieron, asimismo, ante unos 200 asistentes, la presencia de la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso, acompañada por el concejal Pedro Sanjurjo.

José María Contreras explicó antes del acto a LA NUEVA ESPAÑA que dicha reforma «es necesaria para actualizar las cuestiones que en estos treinta años han tenido mayor dificultad». Es el caso de la «asistencia religiosa en hospitales, Fuerzas Armadas, prisiones, etcétera, ya que con el fenómeno de la inmigración tenemos en España un porcentaje muy alto de personas que profesan otras religiones, concretamente musulmanes, o seguidores de creencias cristianas de las iglesias evangélicas». Estos últimos rondan «el millón y medio de creyentes evangélicos». Contreras agregó que, por ejemplo, «existen problemas de acceso de esas confesiones a terrenos o a concesiones públicas para edificar sus lugares de culto».

Por su parte, Mariano Blázquez repasó las vicisitudes de las iglesias evangélicas, comenzando por el período posterior a la guerra civil, cuando «fueron diezmadas, y sus centros y capillas, clausuradas». Previamente, los evangélicos habían mostrado «simpatía por la República, ya que decían que liberaba espiritualmente a nuestro pueblo».

La Iglesia Evangélica, «perseguida tras la guerra por disidente de la religión oficial del Estado», se encontró avanzado el tiempo con casos como «el del retraso durante años del matrimonio civil de sus fieles, con bodas a las que los contrayentes asistían con hijos ya crecidos», o con el hecho de que «los pastores evangélicos no podían cotizar a la Seguridad Social ni tener cartilla sanitaria».

Blázquez reclamó para el presente, «no privilegios para las iglesias, sino un estatuto común para todas las entidades religiosas, claro y justo en derechos y obligaciones», así como «cooperación basada en que las iglesias contribuyan a la paz social, a los valores democráticos, a los derechos humanos y al bienestar de los ciudadanos». Por ello, «pedimos dos leyes: una de entidades religiosas y otra de neutralidad, de laicidad, una palabra que no me asusta».

José Luis Fernández, del comité organizador, presentó los actos previstos para 2009 conferencias, escuela dominical para niños, exposición fotográfica, maratón de lectura de la Biblia, concierto gospel, mercado solidario y campeonato de surf. «La Iglesia Evangélica es una comunidad sencilla de hombres y mujeres, de jóvenes y ancianos, de españoles e inmigrantes, que creen en el Jesús histórico y bíblico, y que leen la Biblia y meditan sobre ella». Fernández citó a San Pablo: «Los cristianos son cartas de Cristo leídas por todos los hombres».

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