La Iglesia es más que 20 obispos

El Gobierno de Zapatero ha tenido zigzags en el trato con la Iglesia. Del enfrentamiento al apaciguamiento con la subida, del 0,5% al 0,7%, del monto de la declaración de renta que los creyentes pueden marcar con la cruz.

La información también ha fallado. El embajador en El Vaticano, el socialista clerical Francisco Vázquez, declaraba, tras la manifestación a favor de la familia cristiana del 30 de diciembre, que Roma difería de la jerarquía española. Si se creían a Vázquez, el embajador ha sido sincero al transmitir "la sorpresa y perplejidad" del Gobierno.
Es como si Rouco hubiera leído a Vázquez y le dijera: "No quieres caldo, pues dos tazas". La nota del pasado jueves es imposible sin el visto bueno de Roma. Rouco tiene la confianza de Benedicto XVI y por eso los prelados catalanes moderados (Martínez Sistach y Vives) tragaron. Claro que si UGT respalda a Zapatero, los obispos pueden echar una mano a Rajoy. Pero con dos límites. Uno, interno, no irritar a un sector significativo de fieles. Dos, no perder respeto social cuando abren la boca.
Orientar el voto es dificil. Los católicos son plurales. Se podría entender por razones morales. Pero es injustificable si se alegan razones políticas falsas que coinciden con el discurso del PP. ¿Cómo pueden los obispos censurar la negociación con Eta si en la tregua del 98, con Aznar (el que calificaba a ETA de Movimiento Vasco de Liberación Nacional), el obispo Uriarte –¡Todo un obispo!– actuó de mediador? ¿Cómo puede José Sánchez, obispo de Sigüenza, decir: "Por favor, presidente, no utilice a los obispos para agitar a las masas. No es bueno para el país"? ¿No fueron los obispos los que presumieron de sacar masas a la Castellana para gritar contra el Gobierno y contra leyes votadas por las Cortes? ¿Cómo pueden los obispos catalanes, con su via crucis de los ataques de la COPE a Cataluña, dejar que oriente el voto Martínez Camino, protector de la cadena? ¡Si hasta Artur Mas y Josep Antoni Duran se sienten humillados!
Pero la Iglesia catalana ha vuelto a tener su Vidal i Barraquer. El Abad de Montserrat no ha tardado ni cuatro días en marcar territorio, al abogar por el diálogo y rechazar la confrontación. ¿Es la herencia de Escarré, que en el 63 dio la campanada? Quizá, pero conecta con Catalunya, la de misa y la que no va. Por eso el arzobispo de Barcelona, sensible al rugir de fieles, rectificó ayer con inteligencia en TVE.
Al final no se sabe si los obispos darán votos al PP (la derecha ya está movilizada), o despertarán a la izquierda (más perezosa). Pero sería una insensatez que, los unos por los otros, el clericalismo fuera el eje del debate. Como ha dicho bien, esta vez, José Bono: la Iglesia es más que 20 obispos.

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