La hora de los incrédulos

Internet da visibilidad a este grupo de científicos y periodistas que promueven el pensamiento crítico y combaten la impunidad de los charlatanes

Tienen declarada la guerra a la superchería, la charlatanería y la pseudociencia. Sus enemigos son muchos y variados: las medicinas alternativas y el curanderismo, la astrología, el espiritismo, los 'enigmas' históricos, los fenómenos extraños, el curanderismo, el miedo irracional hacia innovaciones tecnológicas, la ufología, los milagros, la grafología… Y su arma -aunque a veces recurran al empirismo, como en los 'suicidios homeopáticos'- es la palabra. Es el llamado movimiento escéptico, que en los últimos años ha conocido en España un gran crecimiento gracias a Internet y, paradójicamente, a la excelente salud de la que gozan en nuestra sociedad la superchería, la charlatanería, la pseudociencia…
«Una posición intelectual crítica es la mejor herramienta para desenvolvernos en las realidades natural y social, ante la creciente multiplicidad de discursos con pretensión de verdad absoluta que los medios de comunicación difunden», señala la web del Círculo Escéptico, una de las principales asociaciones del movimiento.
«(…) Los verdaderos enemigos de la razón no son, necesariamente, las personas crédulas, sino aquellas personas que se benefician personalmente de que los demás sean crédulos -señala el Manifiesto Escéptico del físico Mario Bohoslavsky en el sitio de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, otra asociación-. Incluso algunos de estos embaucadores son, en su fuero interno, incrédulos, escépticos; pero promueven la credulidad ajena para obtener más dinero con sus libros, tener sus consultas llenas de personas con problemas, vender sus curas mágicas o cobrar por su participación en radio, televisión y prensa».
«Seguimos siendo cuatro gatos, lo que pasa es que Internet nos ha dado más visibilidad», asegura Luis Alfonso Gámez, periodista de El Correo, presentador del programa 'Escépticos' de la televisión vasca y autor del blog Magonia. El País Vasco fue la cuna del movimiento escéptico español, allá por los años ochenta, curiosamente por un grupo de gente apasionada de la ufología. «No es paradójico -defiende Gámez-. En un momento determinado nos pareció que eso de los platillos volantes no tenía sentido y así nos surgió el interés por cosas como la parapsicología, la Sábana Santa…». El periodista asegura que muchos de los promotores del escepticismo más importantes del mundo empezaron ese camino intelectual empujados por su curiosidad hacia algún «fenómeno marginal». En Estados Unidos el germen del movimiento fue la creación en 1976 del Comité para la Investigación Escéptica (CSI, en inglés), que agrupó a científicos y divulgadores como Isaac Asimov, Carl Sagan o Martin Gardner. En la actualidad pertenecen al movimiento Richard Dawkins, Paul Kurtz, James Randi y Richard Wiseman, así como los Premios Nobel Murray Gell-Mann, Harry Kroto, Leon Lederman o Steven Weinberg.
El profesor de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada Juan Antonio Aguilera es un escéptico al cubo: es miembro de SRP-SAPC, Círculo Escéptico y UNI Laica, y recuerda que estas asociaciones están formadas por voluntarios sin ánimo de lucro que creen necesario «defenderse de las pseudociencias, las supersticiones y diversos tipos de engaño que perjudican, a veces gravemente, a muchísimos ciudadanos, tal vez millones en nuestro país».
Ciencia emancipadora
El profesor de la UGR advierte que el movimiento escéptico «promueve el conocimiento y el método científicos, pero no pretende que la ciencia guíe nuestras vidas. La vida se enriquece con aspectos estéticos, morales y sentimentales que son ajenos a la ciencia. Lo que se pretende es que utilicemos la ciencia con sentido emancipatorio, para defendernos de todo tipo de fraudes que puedan perjudicar nuestra salud (incluyendo la salud mental), nuestro bolsillo, nuestra percepción de la realidad o nuestros derechos».
¿A qué se debe el auge actual de las pseudociencias y, como reacción, del movimiento escéptico? Luis Alfonso Gámez cree que, en general, los charlatanes siguen encontrando más eco en los medios de comunicación que los escépticos. «Nunca ha habido en los medios de comunicación secciones o colaboraciones que fomenten el pensamiento crítico -asegura-. Primero, porque quienes podían hacerlo, que son los periodistas que cubren la información científica, consideraban que explicar por qué la astrología no funciona o la grafología es un timo era rebajarse. Y segundo, porque lo maravilloso nos llama mucho la atención: si alguien dice que se ha encontrado el arca de Noé o el palacio de la reina de Saba, siempre hay algun compañero dispuesto a titular así, porque no sabe que eso se basa en una leyenda y que no es historia sino un mito».
Tampoco hay que olvidar que la pseudociencia mueve mucho dinero: sin llegar a la prosperidad de la multinacional francesa Boiron, que factura millones de euros vendiendo bolitas de azúcar cuya eficacia jamás ha sido contrastada, miles de astrólogos, mediums, espiritistas y curanderos de todo pelaje viven gracias a la credulidad de la gente.
«El escepticismo está en auge debido a que, por desgracia, cada día proliferan más los engaños pseudo o anticientíficos -lamenta el profesor de la UGR-. Hay cientos de pseudoterapias, a menudo vendidas como medicinas 'alternativas' o 'complementarias'. Cada mañana nos ofrecen un nuevo producto-milagro. En televisión proliferan los canales de charlatanes». Internet es un arma de doble filo. Por un lado, recuerda, la red es «una fuente inagotable de tontería. Continuamente nos llegan mensajes 'conspiranoicos' y falsas alarmas. ¡Bastante tenemos con las reales!». Por otro, es la principal vía de difusión del pensamiento crítico, a través de las páginas de las asociaciones de escépticos y de magníficos blogs de socios concretos.
Además, sostiene el profesor, el auge del escepticismo se debe a la acción decidida de los propios escépticos, en iniciativas como los 'suicidios homeopáticos', en los que cientos de militantes en todo el mundo toman sobredosis de 'somníferos' homeopáticos para demostrar que la homeopatía «no es nada»; la divulgación a través de revistas, libros, programas de radio y televisión; la organización de cursos -hay uno anual en la Universidad de La Laguna- y congresos; o los eventos y quedadas en que se mezclan el ocio y la militancia, como 'Enigmas y birras' o 'Escépticos en el pub' (importado de Inglaterra) en varias ciudades españolas.
La divulgación, clave
Para Gámez, una de las 'vacunas' contra la superchería es una buena divulgación científica: no basta con que los divulgadores sean rigurosos y cuenten con fuentes científicas solventes; también es importante que no aburran y que respondan a la curiosidad natural de la gente. «Cuando en el programa 'Escépticos' hablamos de astrología o de videncia, hablamos de Psicología, pero sin decirle a la gente que vamos a dar una lección de Psicología -apunta el divulgador, también colaborador de programa 'Asuntos propios' de RNE-. La Atlántida es un mito que nos encanta a todos, y a través de él podemos hablar de tectónica de placas, de Platón, de Tartessos, de mitología griega… de cosas que tienen que ver con la ciencia y la cultura a partir del mito».
Este espacio de trece episodios que TVE también emitirá ha contado con la participación de excelentes científicos. «Ninguno se negó a salir y todos hablaron para que les entendiera la gente», afirma el periodista.
Paradójicamente, muchos de los militantes del movimiento escéptico no son profesores ni investigadores. Luis Alfonso Gámez asegura que, si los científicos no tienen un papel protagonista, es porque se dedican a su trabajo, que no es desenmascarar charlatanes sino investigar. Pero sí colaboran con las asociaciones de pensamiento crítico, defiende el periodista. «Es verdad que en algunos debates públicos, como el de las antenas de telefonía y el cáncer o los alimentos transgénicos, los científicos han sido demasiado cautos», admite Gámez. A veces, el discurso prudente de los investigadores no se oye en medio del griterío histérico de los 'conspiranoicos'.
«Los científicos están acostumbrados a un debate técnico honesto desde el punto de vista intelectual, no a las trampas y las falacias de los charlatanes -argumenta el creador de Magonia-. Tienes que saber cómo piensan, cómo mienten y cómo manipulan la realidad».
Alternativas no, solo inútiles
El profesor Aguilera asegura que los científicos sí tienen un papel importante en el asociacionismo escéptico. Muchos físicos, médicos, psicólogos o biólogos llegan a él «indignados después de comprobar que hay gente que se enriquece a costa del sufrimiento humano, empleando para ello afirmaciones falsas o no demostradas, o basadas en evidencias anecdóticas, como 'pues a Fulano le ha funcionado'».
En opinión de Gámez, dentro del amplio catálogo de expresiones de la pseudociencia, lo más preocupante son las llamadas medicinas 'alternativas'. Creer en la astrología es estúpido y puede llevarte a tomar decisiones estúpidas sobre tu vida, pero probablemente no la pone en riesgo. En realidad, recuerda Gámez, «la medicina alternativa no existe como tal: hay Medicina y cosas que no son Medicina. La Medicina no lo cura todo, pero la medicina alternativa no cura nada: no hay ni una sola curación constatada por ninguno de esos métodos que se califican de alternativos, más allá del efecto placebo».
Lo inquietante de toda esa panoplia de terapias no es en realidad que causen daño por sí mismas: difícilmente podrían hacernos mal las bolitas de azúcar homeopáticas, las gesticulaciones destinadas a reordenar nuestro 'equilibrio energético', las presiones en ciertos puntos del pie o que un señor nos mire fijamente el iris. «Cuando tenemos una enfermedad crónica o incurable es humano que nos agarremos a un clavo ardiendo. El problema es que hay sinvergüenzas, algunas veces médicos titulados, que saben que eso no funciona, porque experimentalmente no se ha demostrado que funcione, que nos venden remedios a nuestros males aprovechándose de que tenemos bajas nuestras defensas psicológicas -subraya Gámez-. Por desgracia, eso puede llevar y ha llevado a la muerte: hay gente que deja tratamientos médicos y confía en homeópatas y otros curanderos». Para el periodista, es «vergonzoso» que los colegios de médicos hagan la vista gorda e incluso tengan secciones de medicina alternativa. «Exigimos que la aspirina funcione, porque está aprobada y hay publicaciones sobre ella, pero nadie exige que la pastilla homeopática, que es azúcar a precio de oro, funcione», lamenta.
Para el biólogo, es «especialmente doloroso» que la Universidad no solo se mantenga al margen de este movimiento, sino que a veces dé pábulo a la superstición organizando o acogiendo ciertas actividades. «La Universidad debe comprometerse con la sociedad, además de mediante la investigación y la docencia, haciendo una labor divulgativa y contrarrestando los fraudes pseudo y anticientíficos que tanto perjudican a la sociedad».

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