La homofobia cristofascista mató a Clément

Clément Méric avanzaba determinado —incluso obcecado— con su pancarta. Escrito en rojo sangre, se leía un certero “La homofobia mata”. Era la solidaria respuesta a las movilizaciones homófobas y fascistas manufacturadas por una Iglesia que no dudó en resucitar a la peor extrema derecha, y dotarla de una legitimidad y armazón de las que carecía, para hacer parecer que la sociedad francesa estaba fragmentada ante el recién aprobado matrimonio homosexual.

Por supuesto, Le Monde, entre otros periódicos, descubrió que ese supuesto “respaldo mayoritario” de la sociedad a la homofobia reaccionaria era falso.

En un artículo de investigación titulado “Manif pour tous”, la gran ilusión (en francés, pero que resumí en mi entrada titulada #ManifPourTous: Francia blanquea homofobia), Le Monde desmantela el fraude: “En apariencia, la “Manif pour tous” representa grandes grupos de población. En apariencia solamente. Porque en realidad, muchos de estos movimientos son cáscaras vacías sin existencia alguna. En cuanto a las demás, están casi todas ligadas a la Iglesia, sea directamente, sea por los compromisos de sus responsables”. Sobre el papel de la Iglesia en este montaje, el periódico francés apunta: “Hemos distinguido cinco tipos de asociaciones: las ligadas a la cristiandad (Iglesia Católica o Protestante), las ligadas al Islam, las que surgen de un catolicismo tradicionalista, las surgidas de la “sociedad civil” (aunque a menudo vengan animadas por personalidades cercanas a la Iglesia), y las “cáscaras vacías”, que no existen fuera del campo de la  Manif pour tous“.

El interesante artículo puntualiza que “Sólo 15 asociaciones de las 37 tienen existencia legal. La mayoría son grupos de facebook con menos de 1.000 me gusta creados hace unos meses como el de Más gays sin matrimonio. Lo mismo se puede decir de La izquierda por un matrimonio republicano. Las organizaciones falsas de la “sociedad civil”, asociaciones que representan a categorías socioprofesionales o de intereses particulares. Dentro de estas , hemos procedido a hacer una criba para distinguir movimientos preexistentes a la Manif pour tous, movimientos ad hoc creados para esta ocasión, y movimientos creados recientemente (desde 2012), en los que los responsables puedan estar claramente ligados a la Iglesia de una manera u otra. Además hay nombres sin existencia real, como Médecins et pédiatres pour l’enfance (Médicos y pediatras para la infancia) que ni tiene sitio web, ni asociación registrada legalmente, ni aparece en Google a no ser en referencia a la “Manif por tous”.

Pero al final, lo que queda meridianamente claro es que todo este montaje de resucitación de la homofobia y la intolerancia está ideado, como no, por la Iglesia Católica: “Un dato comun es que la inmensa mayoría (casi 2/3) están ligadas a la Iglesia. La Manif pour tous se vende como apolítica y arreligiosa. Es sin embargo fácil de constatar que la Iglesia Católica está muy presente entre las asociaciones organizadoras. se han contado 12 asociaciones de obediencia cristiana explícita: Familles de France; la Confédération nationale des associations familiales catholiques ; la Fédération nationale des associations familiales protestantes ; el Cler “amour et famille”, asociación de educación cristiana a la sexualidad, o incluso Alliance Vita, asociación creada por Christine Boutin y que lucha contra el aborto con métodos bastante discutibles como poner sitios web para informar a mujeres que buscan abortar y desviarlas a centros católicos que les hablen del amor de madre y los crímenes contra el feto”.

Y fue contra este peligroso montaje que aupó a los fascistas más violentos, a esa extrema derecha huérfana de legitimidad social hasta ahora, contra lo que el generoso Clément se echó a la calle: a visibilizar el rechazo de una gran estrategia de marketing de la Iglesia reaccionaria, represora y cristofascista que estaba poniendo su monstruosa maquinaria mediática al servicio de los más violentos como ya hiciese en el pasado en dictaduras, golpes de estado y genocidios.

A su edad y siendo un estudiante brillante, excepcional dicen algunos, podía haberse limitado a escribir sesudos estudios académicos, unirse a asociaciones elitistas o a acudir a algún cómodo debate de televisión o radio que blanquease la infiltración de la extrema derecha ante burgueses presentadores y descerebrados oyentes.

También podía haber optado por dedicar su energía a hacer largas colas para comprar el nuevo iPhone, o entradas para el concierto de Justin Bieber, Rihana, Britney o cualquiera de esos productos propagandísticos estadounidenses que venden poses de rebeldía y mensajes de conformismo, o dedicar su entusiasmo a  defender con vehemencia en foros y redes sociales la importancia social de Juego de tronos o la saga Crepúsculo, incluso podría haber optado, como hace la mayoría, por un cómodo “activismo” en facebook o twitter que le distrajese y le hiciese sentir importante mientras engordaba los ingresos de las multinacionales, pero Clement optó por la verdad, por la verdadera lucha, se echó a la calle.

Y, claro, este modelo de joven luchador, concienciado, generoso, fuera del rebaño consumista, no gusta al sistema. Así que le animaron a estar en esos grupos criminalizados, perseguidos e indefensos que luchan de verdad contra el alarmante ascenso de la extrema derecha y los neonazis ante la indiferencia —y odio— de los sistemas de protección (represión) del estado. Los antifascistas que luchan por la democracia, la libertad y el pueblo son tratados de “radicales antisitema” y abandonados a su suerte a manos de grupos realmente violentos y antidemocráticos (muchas veces íntimamente vinculados con la policía y los políticos de derechas), como se vió aquí con el gran y recordado Carlos Palomino, asesinado en circunstancias similares.

No fue casual que a este chaval de 19 años que simplemente mostraba su solidaridad con los oprimidos (los homosexuales, mujeres y emigrantes, especialmente) cuando podría haberse aprovechado de su excelencia académica para rampar escalafones sin mirar más allá como hace la mayoría de esta sociedad sin conciencia comunitaria, repito, le acabasen matando unos matones (valga la redundancia) cristofascistas alentados por las oligarquias que cada vez tienen más interés en estos grupos de crispación para imponer su estado policial.

No es, ni mucho menos, el único caso. Cuando la gente se extraña ante la homofobia asesina como algo desaparecido, se olvida de que la homofobia es un mal como la avaricia o la explotación de niños que si no se mantiene a raya con una continua lucha vuelve. En Rusia, sin ir más lejos, estos días Tres individuos secuestraron y torturaron a un joven, al que luego quemaron, por el hecho de ser homosexual según el Comité de Investigación Rusia. Recientemente, un joven de 23 años también fue torturado hasta la muerte en Volgogrado, en el sur de Rusia, a causa de su orientación sexual, según los investigadores. Aunque en ese artículo de El Mundo se de a entender que es el rechazo a costumbres extranjeras el motivo, todos sabemos que la religión y sus negocios son lo que siguen impulsando la homofobia en el mundo (pero, claro, el periódico pro-cristofascista no va a decir la verdad).

En España, a pesar del empeño de la derecha cristofascista en hacer parecer que la homosexualidad es algo ya pasado y debería no mencionarse (baste leer los comentarios homófobos de mi anterior entrada en el que se intenta hacer pasar por “normalización” lo que es simple invisibilización homófoba, no hablar de la homosexualidad) seguimos viviendo agresiones homófobas cada día (las de una pareja en Mallorca reciéntemente) que parece ser lo único digno de mención para los cristofascistas que nos quieren unir a la tragedia. No, matones, estamos orgullosos, felices y visibles. Y tenemos aliados valiosos aunque los asesinéis.

Alguien escribió un tuit que decía: “Hoy nos han asesinado a un hermano al que nunca pudimos conocer”, esa es la verdad. Descansa, hermano Clement. Haremos que tu sacrificio no sea en vano. Y no te olvidaremos jamás. Tú eres el futuro de la humanidad. Esa humanidad que no sólo mira su ombligo, sino a toda una comunidad sin la cual desaparecerá entre usureros.

Ya basta de criminalizar a los antifascistas y otros movimientos sociales y aplaudir a los fascistas desde las más altas instancias del Gobierno y la Iglesia.

Clement

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