La Granada desaparecida. El fin de la ciudad sacralizada

Conferencia del profesor Juan Manuel Barrios

Puede acceder a la conferencia pulsando sobre la imagen del profesor Juan Manuel Barrios, que verá tras una selección de párrafos de su exposición.

Principalmente en las tres grandes dimensiones que han caracterizado a Granada e hicieron de ella una de las grandes históricas del mundo; y es su dimensión paisajística, su legado andalusí y su inmenso legado eclesiástico de los siglos XVI al XVIII.

El fin de la ciudad sacralizada
Bueno, pues vamos a empezar. Intentaré acompañarme a lo largo de esta charla de la lectura de algunos textos de protagonistas de la época para dar un poco de realce a las muchas imágenes que voy a ir proyectando.

El primer capítulo dramático de la destrucción del patrimonio histórico es el fin de la ciudad sacralizada. Granada era una ciudad sacralizada, como todas las ciudades medianamente importantes del antiguo régi-men, en la cual una parte fundamental de su caserío, de sus edificios, de su paisaje urbano, eran edificios religiosos.

Órdenes Religiosas en la ciudad
Era así esto porque desde 1492 órdenes religiosas, una tras otra, ahora volveremos si acaso sobre eso, se habían ido implantando en la ciudad.

Ese listado infernal que tienen ahí son la progresiva implantación de las órdenes religiosas en la ciudad de Granada, ordenadas cronológicamen-te. Un proceso que había sido muy rápido en algunos momentos, a prin-cipios del siglo XVI, en la primera mitad del siglo XVII y que fue más lento en otras donde se fue consolidando. Estos son los conventos masculinos.

Esos son los conventos femeninos que se fueron estableciendo.

Y el resultado había sido una ciudad cuyo perfil era el perfil de una ciu-dad sacralizada.

La Granada sacralizada, Swenburne 1775
En esta imagen de Swinburne pueden ver a la izquierda la Ermita del Santo Sepulcro, pueden ver el Monasterio de los Basilios, la Virgen de las Angustias, el Convento de San Antón, el Convento de Carmelitas Calzados, hoy Ayuntamiento, la catedral, Santo Domingo.

Y como puede verse, quitando las torres de la Alhambra y las Torres Bermejas, el perfil de la ciudad es un perfil fundamentalmente religioso, y es que viendo este plano, donde se han coloreado los edificios religio-sos de la ciudad, pues queda bien patente que la iglesia estaba por todas partes.

Cuentan algunos viajeros románticos de aquella época, que la gente iba por las calles quitándose el sombrero continuamente al paso de capillas, al pasar ante capillas, al pasar ante cruces, al pasar ante las portadas de las iglesias, etcétera, etcétera.

Y ahí está retratado solamente los edificios religiosos en sentido estric-to, en azul monasterios y conventos masculinos, en amarillo anaranjado conventos femeninos, en rojo iglesias parroquiales y la catedral, y en verde otros edificios religiosos tales como hospitales, etcétera.

Y falta algún edificio que posteriormente he ido descubriendo, como por ejemplo la Mezquita del Bosque de la Alhambra, o la Mezquita de los Mártires, que había por esta zona. En fin que era una presencia religio-sa por todas partes.

Pero, repito, esos son los edificios religiosos. Ellos eran además propie-tarios, las órdenes religiosas y el clero secular, de buena parte del case-río de la ciudad.

La polémica del alumbrado público

En una polémica que se produce a principios del siglo XIX en Granada sobre el pago del alumbrado público, el Ayuntamiento se encuentra des-esperado porque cuando quiere recaudar el dinero para poder iluminar las calles, el método que ha elegido es que los vecinos de cada calle aporten un porcentaje según el tamaño de su fachada, etcétera, etcétera.

Y se encuentran con que las órdenes religiosas no quieren pagar, no quieren pagar cuando, nos dice el Ayuntamiento, son propietarias de casi la mitad de las casas de la ciudad, de manera que ante esa circuns-tancia era imposible totalmente iluminar la ciudad con resultados efecti-vos, y de hecho Granada iba a estar sumida en continuos apagones desde 1800, que empezó el alumbrado público, hasta que llegaron los tiempos más modernos.

Una ciudad sacralizada en la cual, no solamente tenemos un paisaje arquitectónico, sino que también tenemos un paisaje humano que es el de los religiosos con sus característicos trajes talares, que permitían identificarlos y que estaban por todas partes.

La revolución liberal de 1835
No en vano los viajeros románticos los situaban como elemento pinto-resco porque era una de las cosas que más les llamaba la atención al llegar a España, la presencia por todas partes de frailes, aquí y allá, de las más diversas órdenes religiosas.

Bien, esa ciudad era una ciudad de una belleza extraordinaria, pero era también una ciudad de problemas. El clero regular se encontraba en una situación bastante complicada.

En una ciudad era un clero que tenía problemas muy profundos. Nos cuentan algunos textos de la época que el clero regular estaba peleado entre sí, que el clero regular estaba peleado con el clero secular y viceversa, y además, en buena parte de la sociedad había un anticlericalismo bastante arraigado.

Un testimonio que recientemente encontré de un viajero francés, que era marqués, llamado Custine, un francés que llegó a la ciudad, un hombre muy conservador, y que observó desolado cómo el anticlericalismo y las mofas de la religión reinaban por todas partes.

El volcán de Custine
Nos cuenta Custine que en las clases altas ha observado que la mayo-ría leen a Voltaire y otros escritores que él detesta, pero por otra parte, se encuentra también, que entre las clases populares hay anticlericalis-mo. Son palabras textuales suyas:

“He preguntado a hombres de todas las clases, todos me han parecido poco devotos, las gentes del pueblo, incluso, se expresan con mucha libertad sobre los sacerdotes y sobre los monjes, los tratan de holgazanes”.

Y este mismo hombre, que llegó en 1831, nos dice que en Granada, desde la ejecución de Mariana Pineda reina el terror y que tiene miedo porque está en una ciudad en la que tiene la sensación que es un vol-cán, un volcán que en cualquier momento va a explotar en una revolución.

Es uno de los testimonios más claros que nos muestra cómo en el intento de las órdenes religiosas de volver al antiguo régimen; de borrar -de quitar de en medio del tiempo, como dijo Fernando VII-, todos los procesos constitucionales que había habido, los dos procesos constitucionales que había habido, más el francés, que sería el tercero en las décadas preferentes.

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Profesor Barrios

Granada ciudad sacralizada 1792

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