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«La gestión del pluralismo religioso evita derivas fundamentalistas»

Carlos García de Andoin, coordinador de Cristianos Socialistas, defiende una laicidad positiva y constitucional

COMENTARIO: Estas son las tesis del PSOE, condicionado por el confesionalismo de Cristianos Socialistas, que ven en el multiconfesionalismo la laicidad "positiva y constitucional" del Estado, como si la laicidad (separación de las iglesias y el Estado, la neutralidad del Estado ante las religiones y  la libertad de conciencia de toda la ciudadanía) admitiesen adjetivos. O hay laicidad o no la hay. Y con el multiconfesionalismo sólo hay una ampliación de privilegios a las religiones, sin tener siquiera en cuenta la cuarta parte de la población que no se considera creyente en sus distintas formas (indiferencia, agnosticismo, ateísmo)


La religión ha vuelto a la política y con ella también la agenda laica. Carlos García de Andoin considera que los poderes públicos tienen que abrirse a la gestión del pluralismo religioso «si quieren anticiparse a procesos de disgregación social, exclusión o derivas fundamentalistas». Coordinador Federal de Cristianos Socialistas del PSOE, también es director adjunto del gabinete del ministro de Presidencia, departamento que se encarga de las relaciones con la Iglesia. Ayer habló como cristiano socialista en Bilbao, en la Fundación Ramón Rubial, en una conferencia sobre 'Ciudadanía, religión y democracia', junto al teólogo F. Javier Vitoria, presidente de la Fundación EDE.
El inicio del siglo XXI ha roto muchas previsiones. Entre ellas, García de Andoin sitúa la cuestión de las creencias. «Creíamos que la modernización iba a significar la secularización de nuestras sociedades, pero nos ha sorprendido con la repolitización de la religión, con una vuelta de la religión a la vida pública», sostiene. En ese contexto se refiere a la capacidad de representación que tiene en un mundo global. «Al Qaida legitima con argumentario religioso su estrategia de lucha sobre la base de un diagnóstico por el que el mundo occidental domina económica, política y culturalmente al mundo árabe».
Coincide con muchos pensadores en que el poder de la identidad ha supuesto la aparición de la religión como fundamentalismo y extremismo político. De ahí que apueste por la gestión de la diversidad religiosa, en sociedades cada vez más heterogéneas, desde las instituciones públicas, porque constituye «un desafío para la convivencia democrática». García de Andoin cree «firmemente en el valor de la religión para la formación de ciudadanos virtuosos, aquellos que, frente al individualismo, son capaces de integrar en su proyecto personal de vida el bien común, la solidaridad y la justicia».
Habermas defiende que las comunidades religiosas puedan afirmarse en la vida política de las sociedades seculares como comunidades de interpretación. Cuando la religiones intervienen en cuestiones como el aborto, la eutanasia o la bioética ¿socavan la separación Iglesia-Estado?, se pregunta el filósofo alemán. Depende como lo hagan. García de Andoin cree que la manera como la jerarquía católica española se ha posicionado en cuestiones como el matrimonio homosexual o el aborto «no han ido acordes con la cultura de la deliberación democrática. La apelación a la ley natural ha servido para bloquear el diálogo y para negar legitimidad a los legítimos representantes de la ciudadanía», censura.
Política y teología
El conferenciante sostuvo que a lo largo de la primera legislatura, para el Gobierno socialista la Iglesia católica fue «el primer partido político de la oposición. Y para la Iglesia, el Gobierno fue un adversario antropológico. El Ejecutivo ha mantenido su soberanía legislativa, pero tambien su cooperación con la Iglesia católica». Esa tensión ha sido compleja para el objetivo de tender puentes enre el PSOE y el mundo cristiano. En ese contexto, García de Andoin, que advierte «un resurgir del neotradicionalismo católico», aboga por una «laicidad positiva y constitucional, un laicismo incluyente».
Javier Vitoria, por su parte, defendió una alianza entre política y teología que sea capaz de regenerar la vida pública «en favor de una universalidad de los derechos humanos, de la justicia y de la fraternidad». El catedrático de Cristología se mostró, sin embargo, pesimista ante la constatación de «una ciudadanía indolente, un catolicismo contrareformista y el vasallaje de los gobernantes ante los mercados». Aún así, el teólogo vasco cree que «el cristianismo de Jesús, el genuino, puede aportar un impulso para cambiar la realidad y que los últimos dejen de serlo».

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