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La formación ciudadana, factor vital para la participación y el desarrollo del laicismo

Esta tarde queremos compartir con ustedes nuestras preocupaciones, como Fundación Academia Laica de Estudios, sobre una herencia silenciosa que nos dejaron las dictaduras y su modelo socio-económico en América Latina y el Caribe. Nos referimos al cambio cultural que sufrieron nuestros pueblos que ha redundado en el tiempo, en un creciente debilitamiento de nuestras propias democracias y, al cual en nuestra opinión, sólo se le puede enfrentar con un proceso que se debe iniciar desde la edad escolar que tenga por resultado la formación de ciudadanos en los valores y principios que deben regir en una verdadera sociedad democrática.

El camino de la recuperación democrática en nuestros países requiere de nosotros actuar con la máxima inteligencia para ir sorteando todas las dificultades que vamos encontrando, entendiendo siempre que el laicismo para florecer necesita de la democracia y que no hay una verdadera democracia si esta no considera los valores laicos.

Por eso, nos hemos alegrado cuando miles y miles de jóvenes salieron a las calles a lo largo y ancho de nuestro país, para reclamar por una educación gratuita, inclusiva, laica y de calidad. De la misma forma en que nos alegra que en el Programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet se plantee el Derecho a la libertad de conciencia y se comprometa  “Una Constitución laica y pluralista debe garantizar a todos el derecho a la libertad de conciencia y a la libertad de cultos con igualdad de tratos para todas las iglesias”. (1)

Analizando todos estos factores, la Academia Laica de Estudios, presidida por el Profesor Luis Riveros Cornejo, Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, decidió poner en el centro de sus preocupaciones y trabajo, el impulsar la recuperación dentro de la formación de los estudiantes, desde el primer nivel de estudios, de la educación cívica en un concepto más amplio que hemos llamado Formación Ciudadana y, por otra parte, desarrollar todas las acciones que sean necesarias para que la promesa realizada en el Programa de Gobierno de que Chile tenga una Constitución laica y pluralista se haga realidad pero, sobre todo, que se cumpla por todos quienes representan al Estado desde el más alto nivel hasta el último funcionario.

En esta última dirección hemos organizado desde hace dos años, encuentros que hemos llamado “Diálogos Republicanos” brindando un espacio de conversación sobre distintos temas que preocupan a la sociedad, en los cuales hemos planteado la visión desde una óptica laica. Para nosotros el sólo hecho de que en estos espacios los temas se discutan de forma seria, profunda y en base a la confrontación de ideas, lo consideramos un triunfo frente a la creciente farandulización de la discusión política inducida por los medios y por la actitud receptiva en una gran parte de la llamada clase política.

En cuanto a la tarea que consideramos más relevante porque implica un cambio cultural que rompa la deformación producida en forma planificada por la dictadura de ciudadanos con un bajo o quizás nulo interés por la “cosa pública”, hemos hecho acciones concretas que nos han dado un excelente resultado y han puesto a la Academia en un lugar de vanguardia dentro del enfrentamiento a esta problemática que hoy todos reconocen como el mayor peligro para la subsistencia del propio régimen democrático.

Por eso nos hace mucha fuerza lo que plantea Luis Eduardo Santa Cruz cuando afirma que “La ciudadanía es una forma de ver y entender a la educación, impone exigencias, entrega directrices, señala rumbos y muestra zonas grises del Chile actual. Nos invita también a reponer aquellos principios que guían el discurso normativo de la ciudadanía, en especial, ante las carencias de las políticas educativas y la experiencia escolar concreta. La inequidad, la debilidad en la participación y la naturaleza limitada de los procesos escolares en el desarrollo de las capacidades consideradas deseables para los ciudadanos, obligan a pensar que la promesa de educación de calidad para todos, como un derecho inherente a la pertenencia a esta sociedad, está lejos de cumplirse. En este sentido, es el propio devenir del sistema educativo el que convoca a pensar la formación ciudadana.

La  importancia de abordar esta temática también se relaciona con los desafíos que el desarrollo de nuestra sociedad le impone a la institución escolar. Falta de participación, desconfianza y desinterés por lo público, debilidad de los lazos sociales, predominio de lógicas economicistas que tienden a limitar la soberanía democrática, multiculturalismo, erosión de identidades sociales y culturales y surgimiento de integrismos, son realidades nuevas que debieran incorporarse como retos y desafíos a la labor educativa, si pretende ser una experiencia significativa para los niños que hoy se encuentran estudiando.” (2)

Para que todas estas buenas intenciones se hagan realidad, hemos publicado en el mes de Abril de éste año un Programa de Estudio de “Formación Ciudadana y Liderazgo” que recoge el fruto del trabajo realizado durante todo un año por el Consejo de Rectores de los Colegios Laicos Masónicos de Chile, en el cual se formulan cinco Principios que orientan la formación ciudadana y el liderazgo:

1. El trabajo educativo en torno a valores a partir del proyecto educativo institucional: el texto no es un Manual de aplicación rígida, sino flexible, adaptable a cada realidad local, siendo los propios colegios quienes deciden los contenidos valóricos y actitudinales que el programa abordará en su implementación.

2. La formación de la personalidad moral como sustento de la vida ciudadana entendida como un proceso dinámico: apoyar la formación y el desarrollo moral de la persona implica reconocer que un valor o una actitud no se adquiere cómo quién aprende de memoria una determinada fórmula, sino que se cultiva en el tiempo, en la experiencia misma, que ha de hacerse progresivamente más madura, más consciente, para favorecer el autocontrol y facilitar la autorrealización de la persona, siempre en contexto.

3. La construcción ciudadana y cívica a partir de valores desarrollados en un ambiente de aprendizaje basados en la comunicación y el diálogo: facilitar aprendizajes que permitan reflexionar críticamente, desarrollar ideas, someterlas a debate y arribar a conclusiones implica para los docentes organizar ambientes de aprendizaje atractivos, motivadores y, fundamentalmente, de diálogo, donde se ponga en juego el pensar libremente, la diversidad de pensamiento, la tolerancia.

4. El aula y el colegio como espacios de aprendizaje de convivencia humanista y democrática, sustentados en la tolerancia y el respeto a la autoridad legítima: un desafío siempre vigente para los docentes, desde los primeros pedagogos, ha sido el ganarse el respeto de sus estudiantes y no sólo por su mayor saber, sino que por el trato que dispensan a quienes tienen a su cargo como estudiantes, modelando, con su ejemplo, los comportamientos que se espera que los estudiantes deben construir.

5. La búsqueda del protagonismo de los estudiantes en los cambios que se producen en la educación y en la sociedad: facilitar la construcción de valores y actitudes propios del comportamiento ciudadano y del liderazgo sería un ejercicio pedagógico vano si no se facilita, conjuntamente, la adquisición de competencias para diseñar y llevar a cano iniciativas que permitan su expresión en acciones concretas lideradas por los estudiantes, pues a la reflexión a de unirse la acción para ser sujetos de la praxis, como bien enseñara hace mucho Paulo Freire.

Creemos que para que podamos avanzar concretamente en una formación con estos principios, es necesario que el reconocimiento del Estado como un Estado Laico, debe dejar de ser letra muerta en que al final termine siempre imponiéndose el peso social, cultural y político de la Iglesia Católica que impide en la práctica que así sea. Esto lo vemos en Chile y yo creo que en la mayoría de nuestros países en los que las sesiones de nuestro parlamento se abren en nombre de dios, existen capellanes y lugares de culto incluso en las propias casas de gobierno, se siguen realizando ceremonias religiosas oficiales, etc.., etc..

Pienso que hemos demostrado en estas breves ideas, lo decisivo que es la promoción de la Formación Ciudadana para que formemos ciudadanos comprometidos con el devenir de la sociedad, necesitamos ciudadanos comprometidos y movilizados para defender sus derechos como es, por ejemplo, el derecho de cada ciudadano de poder elegir, en uso de su autonomía, el colegio o universidad más adecuada para sus hijos, y si es una opción privada que en uso de sus derechos reciba subvención del Estado, éste (el Estado) debe tener todo el derecho y obligación de saber el destino y empleo de los fondos entregados, pero también las instituciones, al recibir fondos del Estado no pueden coartar la libertad de pensamiento, de religión, tanto de alumnos como de profesores. Por lo tanto, no pueden en sus proyectos educativos cercenar estos derechos que tanto ha costado tener presente en nuestra convivencia, es decir todos estos colegios de las iglesias deben ser laico en su actuar escolar: “con el fin de garantizar la libertad de conciencia y hacer que nada perturbe el espíritu del niño, durante su período formativo” como dijo Pedro Aguirre Cerda, un gran Presidente de Chile que llegó al poder con el lema de “Gobernar es Educar”.

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(1) Programa de Gobierno Michelle Bachelet 2014-2018

(2) Reflexiones Críticas en torno a la formación ciudadana en la institución escolar, Luis Eduardo Santa Cruz

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