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Entrevista con Ramón Jáuregui Recogemos los apartados relacionados con el laicismo.

Parece que le toca moderar el debate sobre el laicismo…

A mí me ha tocado varios planos de ese bloque en el que está libertad, igualdad, convivencia. Nosotros, en este bloque hemos visto que hay centenares de enmiendas en torno a cuestiones bastante nucleares de la sociedad española y que están ahí. En primer lugar hay una exigencia de avance de la laicidad como concepto, de reforzamiento de la aconfesionalidad del Estado, descontentos de la excesiva representación de una cierta “presencia” religiosa de la Iglesia Católica en el conjunto de las instituciones o de las liturgias del Estado.

Supone una protesta al papel que ha jugado la Iglesia y , sobre todo, la Conferencia Episcopal en los últimos cuatro años. En mi opinión, insensible a las políticas sociales del PSOE y absolutamente beligerante en algunos aspectos que han bordeado el límite del respeto a la moral pública, a la ética constitucional que corresponde a un Estado aconfesional. Hay que destacar que en la legislatura anterior se dieron batallas muy notables en este terreno, que creo que el PSOE ha defendido, yo creo que con éxito, como la regulación del divorcio exprés, el matrimonio de los homosexuales, la investigación biogenética, la enseñanza de la religión en la Escuela, el establecimiento de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Yo creo que en esos muchos campos el Gobierno ha sido firme defensor de lo que llamaremos la “ética constitucional”: es el Parlamento el que impone la ética ciudadana. La Iglesia puede expresar puntos de vista pero no puede superar el borde de lo que es un Estado aconfesional. Hay muchas enmiendas en esa dirección. Entonces, evidentemente, uno de los grandes debates va a ser ése, porque el Congreso va a tener que pronunciarse sobre ese terreno que es complejo en un país en el que, no hay que olvidar, hay una realidad también social que la propia Constitución reconoce, en relación con la existencia de una mayoría ciudadana que profesa la religión.

 

De todas formas, pueden confluir dos aspectos en esa reflexión. Por una parte, una aspiración a un país más moderno, laico. Por otro lado quizás haya un debate de la propia modernidad –y no en el sentido más elevado de la palabra- sino en una pulsión hacia algo que niegue o que resuelva todo, inmediatamente.

 

Por eso digo que no es un terreno fácil, porque, digamos que la mediación hacia el consenso que se está proponiendo por parte de la dirección del partido va a moverse en el terreno de la prudencia, y no por tanto de las rupturas que muchas enmiendas proponen. Nosotros creemos –y ya hemos establecido el discurso a propósito, por ejemplo, del tema del crucifijo en la toma de posesión de los ministros, etc-, que en estas cosas es bueno avanzar en signos de laicidad pero sin digamos normas impositivas o prohibicionistas, que esa es la cultura en la que se va a mover la enmienda transaccional sobre este punto.

 

Ha vuelto a tocarle afrontar los asuntos algo espinosos…

 

Me ha tocado lidiar porque tal vez tengo una cierta capacidad para pastelear, como se dice vulgarmente. Pero no me importa reconocer que tengo una cierta capacidad para lograr consensos y que tengo un crédito personal como para poder conseguir entendimientos. Creo que he sido llamado a este trabajo en gran parte por eso.

Lo mismo pasa, por ejemplo, con el tema del aborto. Hay un movimiento feminista muy potente que reivindica literalmente una ley de plazos. Es otro de los temas que está pendiente porque el partido va a hacer, probablemente, fijar posiciones políticas del conjunto de la militancia sin compromisos políticos de gobierno. Este no es un programa de gobierno: el PSOE no está haciendo un papel que propone a la ciudadanía para merecer su confianza, está haciendo un reflexión del conjunto de la militancia y es en este contexto en el que me parece que hay una mayor libertad para escuchar y entender posiciones y para plantear horizontes que el socialismo español quiere proponer al conjunto de la sociedad. Sin fijar plazos, pero sí unas orientaciones sobre lo que el socialismo español quiere abordar. Lo mismo pasa con el aborto, pasará también con todo lo que rodea al derecho a una muerte digna cuando la vida declina de manera inevitable. Es una reflexión socialista desde una ética laica. Como se conciben los derechos de los ciudadanos y por supuesto como se respetan las creencias, etc. Es otro tema importante. En este mismo nivel yo situaría la reflexión sobre los derechos de los inmigrantes (que también forman parte de otro de los grandes debates)..

 

¿Se prevé alguna novedad?

 

Ahí se está discutiendo la posibilidad de que puedan ejercer su derecho al voto. Todo esto no está concluido, aún está en fase de conclusión. Un Congreso no elabora un programa de Gobierno. Luego la política tiene sus filtros: tienes o no mayorías parlamentarias para una cosa o para la otra. Entonces, en ese sentido, lo que el partido hace es una reflexión más libre, más ideológica. Lo mismo que ocurre sobre debate que estamos teniendo sobre la asignatura EPC, con toda la reacción profundamente antieuropea y reaccionaria –valga la redundancia- contra esta manera de educar en valores a nuestros hijos, entonces hay que levantar una bandera en defensa de esta asignatura; también se van a incorporar reflexiones sobre la conveniencia de una reforma de la ley electoral, que ya se ha planteado aquí (en el Congreso) y que debe ser objeto de un debate, o de la propia reforma constitucional de algunos aspectos, como puede ser la reforma del Senado y de la equiparación de sexos ante la sucesión de la Corona. Quizás es una regulación más profunda de los derechos y deberes de los periodistas para una regulación más amplia del derecho de la libertad de expresión pero también del derecho de la información veraz de los ciudadanos.

Porque nos parece que hay temas pendientes de desarrollo legislativo que deben de abordarse porque a nosotros nos parece que por una serie de circunstancias no está garantizado el derecho de una información veraz. No podemos cuestionar lógicamente la libertad de las empresas para informar pero sí por ejemplo reivindicar el derecho del periodista a una información libre de coacciones, o bien de las empresas, o bien de otros poderes, y desde luego que hay que blindarle con una regulación de su objeción, de su derecho de objeción o del respeto al secreto profesional y todo esto no está regulado todavía.

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