La fiesta del divorcio en Mauritania

La tasa de divorcio de Mauritania es la más alta del mundo árabe: 37% según fuentes oficiales, 42% según fuentes independientes. Una cifra que ha ido en aumento en los últimos años en una sociedad en la que el divorcio no supone para las mujeres el estigma de otros países.

Los datos que ofrece el reportaje de AlArabiya (en árabe) son chocantes en una sociedad de mayoría musulmana. Más del 70% de divorciadas se casan dos veces más y el 18% de las mujeres que se divorcian se casan más de seis veces.

Aunque la sociedad mauritana es conservadora, es progresista en ciertos aspectos que provienen de costumbres arraigadas en el ámbito de las relaciones familiares. La shar’ia, o “ley islámica” es la base legislativa del país según la Constitución, pero en la sociedad mauritana las mujeres gozan en la práctica de una libertad de movimiento impensable en países como Arabia Saudí. Mauritania es de hecho el único país árabe donde la Ministra de Asuntos Exteriores es una mujer.

En este contexto, las mujeres mauritanas celebran una tradición que no se da en los países vecinos: la fiesta del divorcio, en la que las mujeres recién divorciadas reciben la visita de amigas y familiares, en una celebración que es en algunos casos íntima y en otras un despliegue que recuerda a una boda. Con ella se pretende arropar a la mujer para que no se sienta sola ni afronte la ruptura como un fracaso. Una razón para celebrar haber alcanzado la libertad, que en las sociedades musulmanas no suelen tener antes de casarse.

El sociólogo Mohammad Ould Tourad explica el fenómeno como algo distintivo de esta sociedad respecto al resto de países de la zona. Según Tourad, enfocar el divorcio no como un fracaso personal sino como una nueva oportunidad ayuda a las mujeres a reforzar su autoestima y a dar el paso de solicitarlo. La celebración incluye el “tehrash”, una fiesta que se llama también la del “falso novio” a la que acuden hombres del entorno a expresar su interés por la recién divorciada, que ya es libre para rehacer su vida con otra persona. De este modo, el período posterior al divorcio se convierte a menudo en una especie de transición hacia un nuevo noviazgo y la familia se asegura de que nadie cuestiona a su hija.

Estas tradiciones están arraigadas en la sociedad mauritana, que desafía los intentos de una regulación más conservadora del entorno familiar. Representantes islamistas, incentivados por influencias de corrientes como la wahhabí o la de la Hermandad Musulmana, llaman a la prohibición de esta práctica para no dar alas a un fenómeno que rompe según su visión la unidad familiar, mientras los representantes políticos se esfuerzan en mantener el equilibrio entre la legislación y la costumbre.

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